Lo que no cuentan los inmigrantes

Una aventura, lalala...
Una aventura, lalala…

Detrás de las historias de éxito, de fracaso (o cualquier otra historia más de inmigrantes, vamos) que todo el mundo conoce, hay otras historias, pormenores delicados, puntillosos y de las que muchos no hablan, sea porque no tienen intenciones de caer mal, porque simplemente les parece doloroso o han decidido ignorar porque a nadie le gustan las historias complicadas, salvo que sean para culebrones de Almodovar (donde, créanme, ahí sí que suelen funcionar). Tal vez valdría la pena hacer una lista detallada, pero en ello estarîa traicionando a muchas personas, incluso a mi misma, contando cosas que sólo se las he dicho a otro inmigrante como yo o a mi familia cercana. Tal vez convendría hablar, simplemente, generalmente, sin apuntar los asuntos…y a la vez, apuntarlos.  Esto son, básicamente, los topics generales que te hacen pensar como inmigrante y que no siempre resuelves satisfactoriamente. Qué remedio, éstos son:

 

La soledad

Dependiendo a dónde llegues, el golpe cultural empezará con la absoluta certeza de que no conoces a nadie, salvo a tus contactos primarios, si los tienes. Estos podrían ser la familia que te acoja y, en el peor de los casos, tu casera y -si son sociables- tus vecinos. Te puedes pasar los fines de semana y los feriados en la más absoluta soledad, con el fastidio sincero de reconocer que en tu país de origen estabas mejor en ése aspecto… (para algunos, en ése sólo aspecto). Te urgirá hacerte amistades, lo que me lleva al punto siguiente…

 

El amor

Un punto escabroso. Como sea, el decidir dejarlo todo y emigrar a otro país te pone el reto sentimental, el de encontrar una pareja. La distancia, inevitablemente, transforma los sentimientos. Si estás dejando a alguien, tus prioridades al establecerte en este nuevo lugar toman la delantera. Que un amor perdure, estando ambos separados, es una proeza; tienes que resolver problemas en el lugar en el que estás, sin él/ella. Si llegas emparejado, las costumbres culturales te pondrán a prueba de modo drástico, pues en el trabajo de adaptarte, tendrás que adaptar tu relación a esta nueva cultura: llevar la casa, hacer las compras, no es sólo de mujeres; de la misma manera, hacer trámites, pagar facturas, llevar el auto a revisar no es chamba del varón, y así. Las peleas van a surgir, oh sí. Un interesante porcentaje de parejas se separa y divorcia luego del esfuerzo de emigrar.  Si vienes solo, el peligro es que la soledad te aplaste al punto de prenderte de lo primero que pase; requiere un esfuerzo especial por no perder el norte al respecto. Tal vez uno debería hacerse las mismas preguntas sobre sus intereses sentimentales como si siguiera en casa y pensar si de verdad, en el proceso de adaptación es necesario tener una relación de pareja y cómo desearían que fuese. Si pasa tus filtros, vale la pena; si no sucede así, pues a volar, joven.

La enfermedad y la muerte

Te asusta enfermarte, aunque el sistema de salud sea magnífico. En tanto estás en un país extraño, donde los servicios te son ajenos o se te hacen complicados de acceder o simplemente, te aterra caer en cama sin tener quien te cuide, le prestarás atención a tu salud. Llegarás a lo hipocondriaco, a veces. Harás el esfuerzo por tener una vida saludable. La sola idea de que caigas enfermo te podría llevar al estrés. Imagínate la idea de morir, lejos de casa, en otro idioma, con gente desconocida cuidándote. No creo que haya un sólo inmigrante adulto que no haya sentido alguna vez ésa sensación de desamparo.

 

Las nuevas amistades

Cualquiera es un potencial amigo. El hambre de amistades se te nota en la cara y dependiendo donde caigas, puede agradar o simplemente producir rechazo. Sin embargo, sabes que la gente que te otorgue su afecto amical, y que este perdure, es porque realmente te aprecia. Aprenderás a no confundir cordialidad con afecto. Prácticamente cualquier persona puede ser cordial contigo. Te podrán preguntar sobre tu vida y decir que eres muy valiente por haber emigrado, tal vez se tomarán un trago contigo (en grupo es lo más probable) y hasta te mostrarán la foto de sus hijos (entre otras cosas tontas que los latinos consideramos como prueba de amistad) pero a veces no les vuelves a ver más o nunca sabes dónde viven. Sin resentimientos, hasta cierto punto. Porque también encontrarás a gente con la que compartirás modos de pensar, algunas ciertas costumbres claves y que empatizarán bastante contigo como para establecer verdaderas amistades. Toma más tiempo que nuestras calurosas culturas latinas, la verdad, pero luego son, como dije en un post anterior, a prueba de balas.

 

El concepto de bienestar

Caray, quién no se acostumbra a lo bueno. A vivirlo y a participar en su manutención. Te asombrarás primero e imitarás luego. A reciclar. A respetar las señales de tránsito, aunque seas peatón. A esperar tu turno pacientemente (en tanto no veas nada que te saque de tus casillas, claro) y a respetar ése turno asignado. Entiendes, entonces, que el bienestar no está pegado al dinero- aunque ello te permita tener un nivel de vida que jamás hubieras podido tener en tu país de orígen- sino en la calidad de vida. En la certeza de que el sistema funciona, porque todo el mundo participa para ello. No, no es la maravilla, pero para lo que viviste (sobre todo si eres peruano o colombiano y has vivido años de caos y barbarie), la tranquilidad es impagable. Impagable.

 

Relacionarse con la ley y el Estado

Te asusta, casi siempre. Casi siempre, sin motivo. Es tu trauma con el lugar desde donde vienes. Asumiendo que no tienes intenciones de quebrar la ley e ir metiéndote en problemas por todo lado, claro. Las comunicaciones oficiales te asustan lo suficiente como para responder al instante y tratas de resolver todo lo más pronto posible, siempre con cierto dolor en la boca del estómago: escuchas horribles historias de gente que no ha pagado sus impuestos, que ha recibido multas exorbitantes por una infracción, etc. y lo haces por una buena razón: De verdad sucede. Tratas de comportarte mucho mejor a como lo hacías donde viviste, porque no quieres irte. Y ya, pagas, cumples obedeces tranquilito nomás. Eso sí, las fuerzas de la ley te siguen asustando como para cambiar de acera si les tienes cerca. Caleta nomás.

 

Tu espiritualidad

Depende mucho de la que tuviste al emigrar. Muchos siguen con sus raíces y rituales: inmediatamente descubren los lugares de culto, los horarios, si es que hay rituales en su idioma, etc.. Otros lo usarán a modo de terapia, con éxito; nada como un templo para que, en silencio, seas capaz de clarificarte sobre tu estancia en un nuevo lugar. Otros vendrán a descubrir cosas nuevas, si les apetece. Otros estarán en el “ni chicha, ni limonada”, si consideran que tal asunto no es importante, buscarán el apoyo religioso según el estado de ánimo del momento. Descubres, finalmente, que no existe ya la presión social de practicar la religión, pues se convierte en algo que queda en tu intimidad. Sorry, pero es genial que puedas creer en el Señor de las coladoras de tallarines si te pega, con cero remordimiento, además.

 

Tus valores y los valores que encuentras

Una de las primeras cosas que te hacen incapié al emigrar, de alguna u otra manera, es que, para que puedas integrarte, aceptes y abraces los valores locales. Para muchos es un shock completo, sobre todo, comprobando (en Canadá), que el aborto es permitido, el matrimonio entre personas del mismo sexo también y la libertad religiosa es pues… libertad. Para algunos otros es como que abran la puerta de un jardín y te digan que puedes ir a pasar todo el tiempo que quieras, sin hora de retorno. Si tienes problemas con las libertades descritas, tienes un problema para adaptarte. Si, tal vez algunas te parezcan chocantes o progresistas (sorry, a mi nop), y tal vez quieras conservar algunas de tus ideas, pero, realmente, ¿has hecho tanto esfuerzo para emigrar, adaptarte y no vas a ser lo suficientemente abierto como para no aceptar que la gente tiene derecho a amar, creer en lo que le venga en gana y ser propietario de su propio cuerpo? Think about it.

 

El racismo y la discriminaciôn

Espinoso. Sobre todo porque habrá quien te diga que “no existe” y sin embargo, te percatarás de él sutilmente (si realmente tienes ganas de mirar), dependiendo del lugar donde vivas. Tal vez decidas ignorarlo y ello será una bendición. Tal vez, al percibirlo, persistirás o intentarás apartarte lo más posible. El racismo es una realidad inevitable en cualquier lugar. Generalmente viene de gente que no ha tenido oportunidad de conocer inmigrantes o que ha tenido pésimas experiencias con ellos , o en el peor de los casos, gente ignorante. En todo caso, no es tu culpa que ellos existan. Ni tienes por qué esforzarte en relacionarte con ellos, salvo que sea inevitable. No tienes nada que demostrarles, porque no has venido a ello. Has venido a hacer una nueva vida, a mejorar, a revisar todo lo que aprendiste en casa y a descartar lo que no sirve, para abrazar lo nuevo. Again, sin remordimientos.

 

Para completar: emigrar es la misma jarana en donde te encuentres. Requiere que te reinventes y te hace formidable contendiente ante aquel que no haya tenido que hacerlo. Sólo hay que estar abierto a aprender.Checa esta lista màs dinàmica y menos florera que la mîa, con dibujitos que se mueven, como le gusta a la gente…

Amour Fou

AMOUR FOU 07
“Gracias por recibirme, frau. ¿Tiene usted un momento para que le converse sobre las ventajas del suicidio conjunto por amor?”

Director:

Jessica Hausner

Writer:

Jessica Hausner (screenplay)

Stars:

Christian Friedel, Birte Schnoeink, Stephan Grossmann

IMDB

El poeta incomprendido que no logra obtener el amor (y al que, sinceramente, no dan muchas ganas de hacer caso). La ama de casa muy amada pero sin amar. Un extraño encuentro social y una propuesta que parecería ridícula para los tiempos que corren: el poeta desea morir en brazos de alguien que le ame. Ambientada en las mismas épocas en las que Jane Austen hace que sus heroínas hagan justo lo contrario: salir corriendo.  Hermosa dirección de arte para un drama que te hace recordar al instante a Las Desventuras de Joven Werther (awnnn el Romanticismo, aquel movimiento literario que era viril, que no temía mostrar los sentimientos y que acabó… bueno). No recomendada si estás muriendo de amor o andas con ideas suicidas.

Far from the Madding Crowd

 

 

Call me Katniss, Katniss Everdene... Wait... ¿cómo se hacía ésta vaina?
Call me Katniss, Katniss Everdene… Wait… ¿cómo se hacía ésta vaina?

Director:

Thomas Vinterberg

Writers:

Thomas Hardy (novel), David Nicholls (screenplay)

Stars:

Carey Mulligan, Matthias Schoenaerts, Michael Sheen
IMDB

Carey Mulligan, a quien recordarán mejor como una de las hermanas de Keira Knightley en Orgullo y Prejuicio, es la protagonista de esta historia (basada en la novela de Thomas Hardy y adaptada ya alguna vez en el cine, con interesante éxito) en la que una mujer busca, en una época en la que se era un adorno, vivir de manera autosuficiente. Habiendo heredado una fortuna y una granja, su búsqueda por ser completamente independiente la llevará a algunas malas opciones. Sin embargo, no es una heroína trágica: ella sabe que puede siempre corregir su rumbo. Me gustan las historias de mujeres fuertes y  Mulligan está para seguirle la pista: su siguiente película es de sufragistas, con dos grandes, Meryl Streep y Hellenna Bonham Carter.

Bonus: Días de cine habla sobre ella.

La Familia Bélier

Quizá una de las escenas más dulces del film: Papá escucha las vibraciones del canto de Paula.
Quizá una de las escenas más dulces del film: Papá escucha las vibraciones del canto de Paula.

Director:

Eric Lartigau

Writers:

Victoria Bedos (original idea), Thomas Bidegain (adaptation)

Stars:

Karin Viard, François Damiens, Eric Elmosnino

 

IMDB  

 

Una familia de sordomudos, salvo la hija mayor, quien les sirve de intérprete, viven en una granja lechera donde producen quesos que venden en la feria dominical. Como siempre, las armonías se complican cuando la hija descubre tener un talento especial para el canto, para contrariedad de la familia, que no entiende que ella tiene que irse a luchar por su sueño. Las canciones de un clásico de la varieté francés, cantadas por la ganadora de la edición francesa de La Voz, Louane Emera, quien tiene el suficiente carisma como para sostener una película familiar que ha resultado ser taquillera en Francia. Sinceramente adorable,  y por momentos hilarante.

 

 

Bonus (se habrán dado cuenta que soy fan de ese programa, ¿no?) : Días de Cine habla de la película.

¡Este no es un blog de cine!

Saint-Laurent-Biopic
Saint-Laurent, en pleno estado reflexivo-creativo.

 

Que no. Que sigo sin saber de qué se trata, a pesar del mucho tiempo que llevo haciendo cabriolas por aquí. Me he prometido éso sí, escribir un poco más seguido, aprovechando que el verano es mi estación creativa, con la ilusión de que algo se me pegue, como la disciplina de postear por acá. Mientras estuve escribiendo en el diario La República de Perú, escribir era una obligación agradable, pero una vez que terminó, aproveché para hacer otras cosas algo urgentes. Una de ellas, convertirme en ciudadana canadiense. Pero de éso no hablo hoy.

 

Estuve haciendo unas pequeñas entregas para el blog que comparto con unas amigas de Perú, la Silla Ecléctica y se me quedó pegada la idea de trabajar pequeñas reseñas sobre lo que estoy viendo en el écran (sin importar el tamaño) estas semanas. Veo demasiada tele y sobre todo, demasiado cine. En el caso de éste último, a causa de un cineclub que me queda a una cuadra de casa y que pasa películas que salen del circuito comercial. Claro, tengo que aclarar que muchas veces he salido al cine luego del trabajo, en invierno, a temperaturas bajo los -20 grados, porque simplemente vivir encerrado en casa más de seis meses en los que oscurece a las 4pm es ya un seguro paso al suicidio. Irse al cine se convierte en una terapia, entonces.

Here we go.

Saint-Laurent (2014)

Director:

Bertrand Bonello

Writers:

Thomas Bidegain (screenplay), Bertrand Bonello (screenplay)

Stars:

Gaspard Ulliel, Jérémie Renier, Louis Garrel

La otra versión de la vida de Yves Saint-Laurent (sip, hubo otra, que también vi y que me dejó sumamente insatisfecha, por la mediocre visión sobre su vida  ). En este caso, una obra mucho más dedicada a su trabajo creativo, a su autodestructiva vida personal y su éxito agobiante. Yves es un ser sensible que observa a las mujeres casi con cierta envidia, pero que logra interpretarlas y plasmar sobre ellas, con géneros y brocados, la fantasía que cada mujer lleva dentro de sí. De otro lado, relaciones conflictuosas con amantes que, en algunos casos, lo llevaron a la adicción y su casi colapso creativo.

Alocante el uso del color, la excelente banda sonora y la caracterización de Saint-Laurent por Gaspard Ulliel, aunque el otro Saint-Laurent (sep, el de la otra versión, Pierre Niney ) es de apariencia más frágil y conmovedora.

 

Amistades de la inmigrante

friends
Les amis.

 

La soledad es un ancla de muchos en esta ciudad… o tal vez un peso muerto del que no consiguen desasirse. Alguien que conocí aquí me decía orgulloso que tenía un grupo de amigos que aún conservaba. Eran de su época de estudiante. Sin embargo, nunca podía pedirles irse a tomar una cerveza o reunirse espontáneamente en algún sitio: los veía una vez al año, en una reuna hiper planificada, en la que todos hacían el esfuerzo de volver a interesarse sobre la vida del otro, aquel al que se volvería a recordar al año siguiente, pero olvidarse olímpicamente todo el tiempo entre ambos eventos. Me horrorizó, viniendo yo de una cultura donde el plan es que, generalmente, no haya plan, donde la gente se junta dependiendo de cómo va la semana, salvo que sea una reunión verdaderamente trascendental, planificada para ser inolvidable. Pero luego ves -aquí como allá- que la gente va haciéndose adulta y que las obligaciones empiezan a copar todo aquel tiempo libre, sobre todo si ya formaste una familia. Luego está aquel asunto muy nórdico y muy adulto de aquellos que simplemente, no quieren frecuentarte y no logras verlos nunca más, por más que lo intentes.

“Las amistades se cultivan” decimos siempre; of course, pero sólo si los otros también quieren. Tal vez el ansia por pertenencia se me nota en el corazón y a muchos de los que ya no me frecuentan, les incomodaba; esconderla sería dejar de ser lo que soy y mis raíces.  En ésos términos, comprenderán que el asunto amical no parece ser mi fuerte; tengo una frugal cantidad de amigos por acá a los que trato de contactar de tanto en tanto y que aprecio muchísimo siendo que, en muchos casos, se convierten en la familia que voy construyendo en estos lares. Apreciados amigos, delicadas relaciones que -desde mis limitaciones- deseo siempre mejorar.

Ultimas tecnologías

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Me he pasado no pocas semanas dándole una nueva cara a este blog. Básicamente en plan “aprovecha esta vitrina”  y “deja de andar abandonada” pero con un toque de “demuestra lo que sabes hacer, caray”. Luego, me ha salido esta gracia: un blog (alto anticuado para los tiempos que corren) donde sigo escribiendo sin parar. Calculo que tengo aquí algo cerca de 10 años. Calculo que no he dicho todo lo que siempre quiero decir. Calculo, encima, que hay mucho qué contar, luego de aquella aventura de mudarse de país. Pero, como siempre – y como aquel personaje de película- ” las cosas sucederán, pero ni la más remota idea del cómo, es un misterio”

Otra etapa que me empuja hacia algún lado. Jodido no saber hacia adónde.

Lo mismo de siempre

Mmmm… Je le doute… #biscuitchinoise

A photo posted by @dreampicker on


 

Lo mismo de siempre, ùltimamente: hacer tràmites para alguna cosa. A veces, con el corazôn en la boca. No me han gustado nunca hacerlos. Teniendo en cuenta mi background, significa lanzar un montôn de papeles al aire, para que alguien -que no te conoce y està lejos- tome decisiones que cambiaràn tu vida. Entre los tràmites que me han tenido ocupada estos ùltimos tiempos han estado la nacionalidad, la licencia de conducir y un amago de equivalencias académicas, entre otras cosas màs pequeñas, pero no menos importantes… y angustiantes.

 

Con toda aquella carga papelera, mis ganas de escribir se veîan sinceramente impùdicas. O hacer/preparar los tràmites o simplemente ponerme a hacer lo que realmente me pega la gana. A ordenar la casa o dejar que el desorden me ahogase, con la subsecuente sensaciôn de fracaso que, aunque no quiera, se me pega al cuello cuando percibo que tengo que ponerme a rellenar un fucking formulario. «Enumere usted los trabajos que ha tenido en estos ùltimos 3 años» «Indique usted cuàntos dias ha estado fuera del paîs desde su ingreso en ….» «Su password tiene que tener: Mayusculas, Minusculas, numeros, sin caracteres especiales y de una longitud de 25 mínimo. Debe configurar 05 (wtf) sus preguntas de seguridad…»

 

Digamos, entonces, que me he pasado muda los ùltimos meses, en afàn de ser responsable y lograr ordenar las cosas ordenables… y retomar las complicadas. Llegar a casa para enchufarse a hacer algo que tienes pendiente, con la tele de soundtrack, es destructivo, por decir lo menos. Sin embargo, es lo que he tenido durante estos ùltimos meses y no ha habido forma de salirme de ello. Constantemente comparaba este estado de agotamiento y privaciôn con el de aquellas épocas en Lima y no puedo creer cômo logré hacer tanto con tanta estrechez. Mis horas tienen 30 malditos minutos que no me alcanzan para nada! No logro conseguir el momento para crear, como no sea robàndoselo a otra cosa: o no cocino, o no limpio, o no duermo, o sigo sin revisar mis asuntos, sin atender a mis kilos de tràmites o simplemente nos vamos Legiôn a la mismîsima merde. Tengo que aislarme de mi propio hogar para poder crear, para leer, para escucharme a mî misma. Tal vez sea que el lugar en el que pernocto ya no es estimulante (y cômo va a serlo con mis vecinos, pero ese es otro tema) y que simplemente, tengo que buscar otro rumbo.

 

Ahî llegamos, entonces.

 

El tema de «salir del espacio de confort». Algo a lo que parece, he arrivado desde que decidî caer por aquî, pero que de un tiempo a esta parte, parece ser una pequeña droga de la cual no puedo (ni quiero) desprenderme, porque siento que si me duermo, pierdo. Voy corriendo, pero no hacia lo que siempre soñé que harîa aquî…
No era la intenciôn de decir todo esto, como siempre. Con las disculpas del caso, por la verborreica, paro ésto hasta la siguiente dosis de neurosis. On se parle.

Mi vecindad

Mi pirámide al fondo. Aún no oscurece.

A photo posted by @dreampicker on


 

Me provoca, se me antoja, la bulla de la gente. El silencio a veces es una pared helada sobre la que no dan ganas de apoyarse, aunque otras veces te sea indispensable. Mientras tanto, la habitual calma de mi edificio se ve perturbada por mis vecinos estudiantes, fumones y borrachosos. Uno de ellos toca el violín con poco talento, pero no tortura y hasta es gracioso de oír. No sé si es otro, el que se sienta a echarse un porro las tardes calurosas, cuyo humo entra directamente por la ventana de mi habitación, mientras intento conciliar el sueño; pero sé que es el mismo que camina a zancadas por su habitación, trae a alguna chica para cuchichear, tirar o quejarse amargamente del desgraciado de su padre. Tal vez no sea aquel que sale apuradito, con su lonchera y corbata, rumbo a algún trabajo gubernamental (a éso se dedica la gran mayoría en esta ciudad), con la cara lavada y semi dormido.

Mis vecinos del costado, colombianos y mormones, con dos hijas en un minúsculo apartamento, no pueden -o no quieren, como será- que las niñas dejen de llorar y gritar. Tal vez sea la única manera de expresarse de las pobres (su madre les habla a los gritos) y con ello, la tortura para el resto del edificio, que se aguanta como los machos las grescas entre ellas o los tremendos conciertos de alaridos cuando entran o salen de casa. Si me los encuentro, les saludo cordialmente y hago algún mohín cariñoso a las nenas, que siempre terminan sonriendo. Sus padres me miran con recelo y sonríen también, con algo de incomodidad: soy una pecadora. Ya me enviaron un par de veces a sus correligionarios, para “darme la buena nueva”. Imagino que es su modo de ser gentiles conmigo, quieren salvarme del infierno.

Del resto del edificio, sólo avistamientos; algunos estudiantes, una pareja interracial deportiva y silenciosa… y yo, otro ser solitario que aún tiene miedo de salir a su balcón a sentarse a leer, que desayuna, come y a veces cena en la mesa de centro y que, si está de buenas, siestea llena de cojines en el piso de tapizon de la sala. Gente rara.

Exorcismes

exorcismes

On arrive aux endroits, on prend des choses, on connait des gens. On investit du temps avec eux, on les caresse, on reste en tout temps dans ces mêmes endroits. Il y a des situations attachées à eux, qui sont comme l’encre indélébile, et puis celles qui nous tourmentent si nous y revenons, mais sans eux. Il y a des situations qui peuvent être inévitables comme les adieux surprenants, car ce sont des produits d’une remarquable incompatibilité provenant des réalités dans lesquelles nous ne sommes que des circonstances de quelque chose de plus important.

Avant tout, pour moi, m’intéressent des endroits où se sont passées mes histoires. Si c’étaient des épisodes malheureux, ils me torturent, comme des cicatrices qui ne guérissent jamais. À tout le moins, ils le faisaient jusqu’au jour où j’ai pensé que si je persistais à les visiter, Lima deviendrait petite pour moi. Alors, j’ai décidé de revenir dans tous ces endroits -quelquefois le lendemain- pour faire comme un acte d’exorcisme, pour que ceux-ci s’imprègnent des vœux de bonheur.

Je suis revenue, une, deux, trois fois là-bas. Le parc, le café, le quartier… toutes les fois que l’occasion s’y prêtait. Je l’ai fait sadiquement, en commençant, et je laissai des tranches de mon âme dans ce processus cruel et apparemment stupide. Ensuite, je le faisais parce que je me sentais puissante; et finalement, je suis devenue reconnaissante de cela. Lima s’est convertie en un sanctuaire, en une maison avec de joyeux souvenirs dans ces rues chaotiques, et tout s’est fait avant que l’avion qui m’a pris ici, au nord, ait décollé. Je n’ai pas changé l’idée de revenir aux endroits pour les imprégner de bons souvenirs. Cela fait partie de l’instinct viscéral de survie, surtout parce que ces idées se sont collées aux entrailles, mais c’est aussi une question de belle thérapie, d’heureuse adaptation aux changements, d’ultra optimiste de l’être. Dorénavant, je vais avec une sourire aux lèvres dans cette ville qui m’accueille et je me dis, pleine d’espoir : « je vais retourner à toi, Lima, une fois que j’aurai réussi, pour te remplir de lumière » Amén.

Version originale: Exorcismos