Saturno en conjunción

Ha sido una semana tan agitada y algunas veces tan increible que pensé que sería interminable. En tanto mi cabeza tocaba la almohada, ni tiempo para dedicarle unas palabras en vivo y en directo al hombre de mis sueños, que debe esperar (muy quedo en su mente, para que luego no le digan que anda loco) ansioso esos efluvios mentales que le harán luego escribir o componer o hasta dar un buen piropo a la de turno (que tampoco soy yo).

En todo caso, todo lo que estoy por escribir (bueno, lo que mi dedo también escribe) está aún navegando por los mares de mi mente, posado en el agua como una hoja orgullosa, caida de un árbol añoso. Está ahí, luchando para que no se le mueran las ideas y entonces, me caiga dormida nuevamente, sobre los brazos de mi bolsa de agua caliente, esperando que las mañanas siguientes aparezcan, simplemente.

Hoy no estoy para tangos.

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