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Estaba sentada tomando mi desayuno. Sin querer, apareciste en las noticias. No porque atacaran aquella ciudad, si no porque sé que la caminas. A veces a pie, a veces cumpliendo con aquel empleo de medio tiempo que tienes que llevar, porque todo es demasiado caro allá.

¿Los niños siguen cantando por las mañanas, en aquella capilla? ¿Tu padre sigue viendo el fútbol los domingos por la tarde? Imagino que te echo de menos porque estuviste haciéndome compañía cuando nadie lo hacía. Imagino que te echo de menos porque te esperaba con cierta inquietud, para comparar las cosas que hacíamos y en ese interín, me iba involucrando en tus cosas, perteneciendo, en ese pequeño espacio de tiempo, a tu rutina. Me aburre reconocer que me haces falta. No logro localizarte desde ese día. Sé que estás perdido. Ven a casa.

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