Mil Abriles

Esta bitácora iba a ser pasada al olvido. Debido a que debo converitirme -por algunos momentos- en un ser formal, pues la he dejado abandonada, a su propia suerte y a cualquiera que caiga de pura casualidad. Me ocupo religiosamente de otras sandeces y me prefiguro que nadie más que yo – y algún despistado- lee estas notas. Otras tantas veces, me he avergonzado por ellas, porque me siento en calzones, en medio de la pista. Pero, ¿acaso no es así el oficio del escribiente? es un acto obsceno ante señoras, que muchas veces puede provocar la hilaridad. Pero no al que lo muestra.

Recién logré poner al día (y ya va atrasada) mi bitácora privada. Yo, que siempre me quejo de que soy un libro abierto -eso sí, sin una puta leyenda explicativa- he tenido que poner notas al pie, porque tengo la psicosis de que no recordaré nada en 20 años. Sea por bondad de la naturaleza- hartas cosas quiero olvidar- o sea por que no vale la pena retenerlo, igual es anotado con rigurosidad. Mucho mejor que andar colectando las calorías, mejor que pesarse todas las semanas…

Y en otras noticias del pedo, el mundo sigue girando. Yo, me pongo romanticona y suspiro, mientras calculo que soy “la mujer que no podía irse”. Creo que tantas ansias me sirven de muy poco, porque lo único que he logrado es que no me jodan mientras tomo el desayuno… nada, optimismo, muchos amigos asociales online como yo y una clase de francés que promete.

Our revoir.

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