Emigrar y morir


Cada vez, lamentablemente, me voy convenciendo de la conveniencia de emigrar como un recurso necesario para mi propia salvación. Desde el punto de vista profesional, porque estoy sobrecalificada para cobrar 700 soles por horario completo. Desde el punto de vista mental, porque ya llevo algo más de 20 años en la brega de vivir como trasplantada de un planeta distinto al que me encuentro. Imagino que debo ser una isla, viviendo donde no me corresponde, ahora. Tengo la extraña -y diríase absurda- sensación de que encajo en otro sitio, pero realmente no tengo idea cuál sea. Por eso, emigrar o morir en Perú. No estoy segura si realmente viva en algún lugar, pero la vida no puede ser tan estúpida como para permitirme fracasar en algo que no he emprendido aún. Es, entonces, que me encuentro en la disyuntiva del cómo, el cuándo y el para qué. Pero al menos, es una decisión y el resto sólo puede ser consecuencia de ello. Es un comienzo.

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