y yo iba a…

Nuestra evolución como seres superiores en esta creación es sinceramente discutible. Pese a tanta tecnología, seguimos comportándonos como una manada de monos histéricos, que siguen comparando el tamaño del garrote o la cantidad de seres sobre los que tienen algún tipo de influencia. Nuestra evolución máxima como especie ha sido la capacidad de establecernos en comunidades regidas por leyes.

Au contraire, nuestra capacidad intelectual ha crecido hasta el punto de reconocer que aquello que nos es desconocido no quiere decir que sea imposible. Hace algún par de siglos, el oscurantismo hubiera pensado que un aparato que permitiera escuchar a una persona que se encuentra en una gran distancia, era cosa de brujería. O tal vez, aquella capacidad de utilizar autómatas para realizar trabajos que son agotadores o casi imposibles de realizar por un humano, cosa de magia.

Pero, veo que nuestra especie es la única que arremete contra su propia progenie, cuando encuentro que no logramos encontrar la armonía entre las diversas culturas, creencias, religiones, ni siquiera en tu propio barrio; empiezo a pensar que tanto desarrollo tecnológico es casi lo mismo que el un truco de perro de circo.

No sé, iba a escribir sobre otra cosa relacionada más bien con las relaciones interpersonales, mis ex patanes y cómo fui –en parte- la culpable de la conducta de algunos de ellos, sobre cómo no volver a reincidir y sobre todo, sobre cómo sobrevivirlos… pero me salió esto.


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