Retornos Breves

Hoy me escribió una amiga de la universidad, que dejé de frecuentar en los inicios de este siglo. Lo hice por que estábamos en las antípodas de la amistad. Tal y como debería ser aquella que pudieran tener los Cómicos Ambulantes con Sir Laurence Olivier, por ejemplo. Aún en ellos, habría un sincero respeto mutuo por la condición del otro y con ello, probablemente, el compañerísmo hubiera sido raro, pero no imposible. Mmm no he dicho que en nuestra friendship no lo existiera, pero era diferente.

Sin embargo, mi amistad con ella era como la conversa de dos sordos, que van gritando sus paltas y que básicamente no le interesa el problema del otro. Y bueno, un buen día, oí. Seamos claros, ella era -y creo que aún es- buena persona y tenía una buena vida. La vida que yo hubiera querido tener. Y yo era una perfecta loser (ahora también creo serlo, pero lo supero, oie) y ya me estaba dando mucha verguenza que, cada vez que nos encontrábamos, yo le contara mis paltas toda la tarde, mientras ella comentaba que estaba a punto de cambiar de auto. O tal vez me descomputaba que me regalara un perfume collors, mientras yo no tenía ni para invitarle un chifa…

Así con todo, ella fue persistente siempre. Fue a mi primer concierto, a mi primera expo-auque ya no nos frecuentábamos-, fue a cuanta picaronada y demás “ada” hice. Pero yo, en mi planeta, con mis propios problemas, muerta de verguenza para pedir ayuda… y ella nunca se daba cuenta…

Un dia, finalmente, la dejé ir. Otras amigas están más calificadas que yo, para distinguir una tendencia de la otra y sinceramente, sólo le he deseado lo mejor desde entonces.

Y bueno, Clau se casa, ahora sí, por la iglesia. Me ha invitado, pese a que piensa que me importa un bledo. Mangos!!, espero que seas la reina de la fiesta.

Felicitaciones, Clau, doquiera estés.

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