Del Pedo

La mella, cómo me llega la burocracia. Ni cuando he sido parte de ella la he aguantado. Es, actualmente, el epítome del neollevafacilismo laboral. Gente que alucina que vive en el siglo XIX y que piensa que ya puede jubilarse haciendo lo mismo (a veces, nada) y sacando de quicio al respetable.

 

Recuerdo que conocí a un patita cuya única chamba era sellar papeles. Entraba a las 8:30 am y salía a las 6:00pm, puntualmente. Su  trabajo se iniciaba a  eso de las 10:am. (luego de su segundo desayuno, mismo Hobbit). A las 12:30 ya dejaba de trabajar, porque le tocaba “prepararse para almorzar” y eso sucedía de 1 a 2pm. Sin embargo, empezaba a atender a las 3pm, porque a hasta esa hora estaba “reposando el almuerzo”. De ahí quedaban únicamente 2 horas de trabajo efectivo, porque cerraba el kiosco a las 5:00pm, con el fin de poder salir puntual a las 6pm. Malas lenguas decían que se paraba frente al reloj de salida, a contar en cuenta regresiva…Sacando la cuenta, trabajaba  algo como cuatro horas y media. Por supuesto, estaba nombrado, tenía todos sus beneficios sociales y ganaba más que yo.

 

Y nada, cuento esto porque la burocracia no es un producto exclusivo del estado. Cualquier institución o negocio, que tenga pelmazos que atienden al público, desanimándolo de usar sus servicios o maltratándolos, merece quebrar.

 

Me estoy pasando 4 meses en la espera de un documento que –según los procedimientos normales- requiere  quince días. ¿Motivo? La constante incompetencia de los funcionarios de una universidad de la que intento graduarme. Por supuesto que no pueden darme un motivo exacto, para terminar con la consabida frase “no nos llame, nosotros la llamaremos”. Yeah, right. Esto es la lógica conclusión de un pésimo servicio (aunque mi jefe insista en decir que los alumnos y las universidades no tengan la relación cliente-servicio, yo insisto) que he sufrido durante casi 4 años y  desde el examen de admisión. Me recuerdo a mí misma, gritando histérica en la entrada de la universidad, furiosa al borde del ataque de nervios, porque se habían equivocado de indicarme la sede en la que debía dar mi examen y a nadie le interesaba indicarme cómo resolver el problema. También, cuando tuve que llevar un curso dos veces, porque la incompetente administración se equivocó al corregir un examen final, o tal vez cuando tuve que repetir otro curso porque “se perdió” mi trabajo final, que me había demorado 2 meses en hacer…

 

No veo el día en el que tenga mis “cartones” en las manos, para mandarlos a la mierda. Son lo peor, pero me hago la cojuda, porque necesito esos documentos.

 

 

Vaya Semanita, un sorprendente (e hilarante) programa vasco de parodias, hace caldo de cerebro y alucina cómo sería el mundo si todo se manejara burocráticamente.

Otro sí.-No hay duda que el dinero “embellece”. Yo no sé que le ven a ese delincuente de Leon Alegría (fugado, encima). Hasta mi vieja me ha salido con que le parece atractivo. Bueno, ella se está recuperando de una operación de cataratas…Pero el resto de chamacotas que se ha empujado ese tipejo, son para psiquiatra. O tal vez debe ser inolvidable subirse a carros de lujo y pasear por Venecia… Oh, yo quiero uno así, pero sin “prestaciones”. XD

2 Replies to “Del Pedo”

  1. Dices: Otro sí.-No hay duda que el dinero “embellece”.

    Será por eso que la gente se siente más “bonita” las quincenas y fines de mes? 😛

    Saludos, y al caraxo con los burrócratas!

    R.

  2. jajaja trabajar pal estado es de lo más chevere . Me lo dirás a mí se vive de sángano, aunque llegado un momento ya te da verguenza y terminas en la sana medida de que “debes tomar nuevos aires”.

    Oe Dream, mucha coincidencia lo de tus notas ah ¿Segura que se equivocaban siempre?

    jaja, mentira, saludos 😛

Agregue un comentario