Recuerdos de Navidad

Poner play, como fondo musical de este post. El video no es gran cosa, pero el audio es lo importante.


Iba caminando con mi hermana por el Mercado Central, rumbo a Mesa Redonda, en todo el afán de hacer compras anticipadas para la cena de aniversario de mis viejos, cuando de una de las tiendas salió el alarido (ahora en MP3) de esos villancicos característicos peruchos.

 

No son los toribianitos, porque tengo más de 30 (mi hermana, la Negra, también) y porque ellos son invento de los curitas del Santo Tomás de Aquino, allá por los 80s.

 

No, estos son los niños cantores de Huaraz y que cantan a todo pulmón, cual si fuera su última navidad “♫ Somos los niños cantores!” o tal vez era ese otro coro de niños españoles, que también cantaban a gritos, de los cuales tampoco recuerdo los nombres… en fin.

 

La cosa es que ahí mero le dije a la Negra: oe, recién es navidad. Ella hizo un gesto afirmativo y yo añadí: esa música me trae recuerdos… como el pavo negro de mi abuela…

 

Mi abuela, norteñaza, chiflada y mujer de pantalones, cocinaba bastante mal, pero eso no nos excusaba de no ir a verla para esas fechas. Ella había nacido un 27 de diciembre y su marido (mi abuelo) el 28. Se llevaban exactamente 10 años. Se casaron en segundas, pues mi abuelo era viudo, algo que ella supo desde el inicio, porque fue ella quien cuidó a la moribunda en sus últimos días. Osea, más predestinado, con dirección exacta.

 

Y hablo de mi abuela materna porque desde el ángulo que se mire, su vida es sorprendente. Se dio cuenta que el progreso de su familia era la educación y ella, con su pobre 3ero de primaria, se las ingenió para que sus hijos fueran a la escuela y a la universidad. Crió animales, dio pensión, fue ama  de pecho, peluquera… una mil oficios que se las jugaba por el futuro de sus hijos. Creo que de parte de mi padre, fue retribuida con creces y que su ejemplo vive pleno en nosotras, las que tuvimos la suerte de vivirla, sus nietas mayores. Ella nos congregaba, nos unía en pos de su sola presencia, poderosa, dinámica, positiva, creativa y algunas veces, mágica…

 

Nada, pese a hacer un pavo recocido (definitivamente lo hago mejor que ella), era un dynamo. La Negra se le parece un tanto (en lo chiflada, más) y yo soy un simple remedo… pero si tenemos que voltear hacia un recuerdo que nos haga arriesgarnos cuando tenemos miedo, nos la imaginamos, viniendo a Lima, cargando un atadito de ropas y jalando a cuatro niños, con los ojos brillantes, 60 años atrás…

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