sin numero, sin título.


Así, entrando

como un cuchillo filudo

cargándote las entrañas en el proceso

te beso.


Mientras todo el miedo te embarga

me detengo a mirarte

tus dedos suspendidos sobre

las palabras

con la lógica de tu propia lengua

me detengo.


Vuelvo a apuñalarte, mientras

mis argumentos rozan tus cadencias

deleitada de tanta rabia

sabiendo que el mal ya se produjo

sin que puedas darte cuenta.