Un viaje

Este iba a ser un post en plan panegírico a aquellos que se van. Otra vez. Pero como ya me cansé de andar en afanes necrológicos por alguien a quien conocí tan poco y sobre todo, porque ya quedó claro que hay excesos que fomentan otros, pues mejor uno se calla y le deja las discusiones a quienes sí se las quieren soplar.

 

Mi jefecito (y no lo digo porque él lea este asunto, pero buen puede) me preguntó algunas semanas atrás si es que me interesaba tomarme unos días libres, en plan “recargar baterías” y salir a cortar margaritas a otro jardín que no fuera el común. Me tomó por sorpresa, porque mi régimen laboral me permite flexibilidad de horario, pero vacaciones… no. Gracias Libre Mercado. Gracias.

 

Como sea, me encuentro armando maletas. Me largo. Súper influenciada por el Feng Shui, arranco para el norte. En mi psicosis por controlar todo, el asunto va planificado en lo modular (qué llevar, cómo llegar, dónde caer) y completamente informal en el resto. Por momentos, me siento el Niño Goyito, epítome de la ñañería limeña huachafaza, que alucina que va a tomar el Orient Express , cuando va a Huacho. Never mind.

 

Sin embargo, mi asunto va por otra vertiente. Es mi primer viaje sola. Antes lo he hecho con familiares, con amistades, con gente de la oficina, e incluso acompañando a autoridades gubernamentales, en plan sobón. Ahora no. No tengo a quien echarle la culpa si elijo un mal hotel, si me pierdo en la ciudad, si llego tarde a tomar el bus y me deja… Voy a ser positiva con todo, por supuesto. Viajar sola, siendo mujer, en el interior de Perú es casi como tener un letrero de neón que diga “Atácame” y con eso, las precauciones van dobles, entonces.

 

Pero, este viaje es de entrenamiento. Tengo que aprender a perderle el miedo a la gente, a encontrar cosas que no espero y sobre todo a solucionarme los problemas yo solita (algo que ya hago hace siglos, ok, pero no es lo mismo si no tengo a la family, pe) y a disfrutar esta soledad que yo misma me impongo y que me enseñará a caminar, para llegar a otros lugares (a donde definitivamente iré), en el futuro. Más vale tarde que nunca, digo.

 

¿Nos leemos? Claro. Pronto.

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