Semana de Placeres Culposos

Sigue cantando como nunca.
Papuchi. Sigue cantando como nunca.

Mis placeres son tontos. Los he coleccionado religiosamente, como figuritas de un álbum que estoy intentando llenar. Van pegados con recuerdos de gestos y actitudes de gente que me ha pillado disfrutándolos. Ese gesto que va desde el asco, pasando por la incomprensión, para llegar a la verdadera lástima y vergüenza ajena. Me importa un rábano. Ya no tengo 16 años, no me interesa ser “la más popular” y ciertamente, no tengo que pelear por el cuero de la escuela… (por que estudié con monjas, pero eso es otro asunto), sólo demostrarle a mi espejo quién soy… Mira tú; esta semana de placeres culposos es parte del atlas que es Dreampicker. Who cares.

Mis placeres culposos son una extraña mezcla de recuerdos in útero, de trozos de otras historias anteriores a la mía, de cosas que percibo como fascinantes y deseos encontrados que al final, no van a ningún sitio. Deliciosos.

Y ya que mi SPM me ha sugerido este tópic, prefiero hacerle caso y de paso, divertirme un rato poniendo estas leseras. De eso se trata, de pasarla lindo.

Primer Deseo Culposo – Por una cabeza

La primera vez que él me dijo que le gustaba Gardel, me lo imaginé con chalinita blanca, sentado al lado de la abuelita, limpiándole la platería y los discos corriendo en un gramófono. Mil perdones para Martín Bolita (así no se llamaba, pero era gordito y a alguien se le ocurrió el apodo), de quien me burlé semanas, porque me contó que le conmovía “el Zorzal Criollo” y que luego de esta afirmación, fue rápidamente descartado como galán.

No hay duda de que cada día canta mejor. Hablo de Gardel. Martín Bolita me volvió a hablar, pero ya no le gustaba el Tango. Descubrió cómo ser cool, convirtiéndose en el primer metrosexual de Lima, allá por los inicios de los 90s. Era sinceramente insufrible. Sólo hablaba de lo importante que era para un hombre de imagen, hacerse la manicure cada quince días. Por otro lado, Gardel me tentaría desde la pc de mi oficina, una década después, para hacerme descubrir por qué los argentinos se juran la última chupada del mango. Envidia.

Más:

Web oficial Gardel

Wikipedia

Galería de fotos

Galería de fotos 2

Google Video (Por una cabeza, mejor y completa)

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