El Mínimo Esfuerzo

El género masculino peruano me provoca reacciones encontradas y muchas veces poláricas. Me hace reír a mandíbula batiente, me puede hacer llorar de rabia, para finalizar teniéndoles ternura y luego perplejidad.  De verdacito.  No, no los odio, faltaba más. Lo que pasa con la gran mayoría es que son casi siempre predecibles.  Mirándolo bien, eso sería genial, si una lo fuera. Digo, porque algunas hacemos el sumo esfuerzo de tratar de saltar los stándares de calidad. No porque deseamos “romperla” en el mercado, sino porque así lo terminamos razonando.  Entonces, si una quema cráneo por  querer tener un discurso coherente consigo misma, venir a cruzarte –una y otra vez – con las mismas versiones de macho, pero con diferente cara, es frustrante.

Voy a generalizar y probablemente me odien por ello. Yo sé que no todos los hombres peruanos son iguales. Sé que no todos los hombres latinos son iguales. Sé que no todos los hombres son iguales.  Lo sé. Pero el hombre peruano casadero en circulación en estos momentos es un espécimen que merece el estudio detallado, digno de un debate nacional; pero la verdad, me da tanta pereza hacerla yo.  Sólo posteo para pedirles, muñecones aludidos, que se tomen el trabajo de releer cierto post, again.

Muchachos triunfalistas cuya comprensión lectora les traiciona y juran que lo que se les dice es un atajo, el verdadero pasword para  to boldly go where no one has gone before . Tan lindos. Así son los que nos rodean.  No entienden la verdadera esencia de un texto que peca de sarcástico. Tal vez, aún mal por nosotras, que nos quedaremos explicándoselos…

Bien por aquellos que son mutantes, igual que algunas, por aquí. Bien por los que no celebran las estupideces. Bien por los que se toman el momento de mirarnos; mucho mejor por aquellos que deciden quedarse. Para ellos no es este post.

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