Santidades

Santa Rosita, estabas loquita... (pero eso ya lo dijimos antes)
Santa Rosita, estabas loquita... (pero eso ya lo dijimos antes) Oleo, 2007 aprox.

Filosófame yo, hablando de todo el asunto de la santidad y sobre todo, de la dichosa etiqueta, cuando lo ponen otros. Sé que el ejercicio de la humildad es tan cristiano y con ello, impone que sea un vecino el que te ponga la aureola. Si ello nunca sucede, pareciera que tuvieras oportunidad de reconocerte en el camino a la santidad.

No pues, no hablo de levitar, transformar el agua en vino y abrir paredes en huida de las tentaciones. Hablo de ése diario camino a la santidad personal. Digo, si lo tienes como plan de vida. Siendo cristiano o musulmán, Siendo ateo o creyente. Siendo hombre o mujer. Eso que se conoce como autosuperación, traducido al sinónimo antiguo  de Santidad.

Tal vez haya gente que camina por la vida en un ejercicio estúpido de comerse lo que venga, sin posibilidades de mejorarlo y sin esa proyección hacia el futuro. Sé que es muy bonito el Carpe Diem y el “siempre es hoy”; pero no dejando que las cosas “te pasen” sino,” haciéndolas suceder”, para que valgan las penas pasadas y futuras, valgan los caminos recorridos y sobre todo, se alivie uno al final, sabiendo que se hizo todo lo posible.

Este instante es minúsculo, en el desarrollo del tiempo del universo. A por mi santidad personal, al propósito de recordar la obsesión de otra mujer.

Otra, la misma. Demasiado ícono para no representarla. De Botero.
Otra, la misma. Demasiado ícono para no representarla. De Botero.

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