Ella

Ella es un diamante y no le importa.
Ella es un diamante y no le importa.

Ella es talentosa, voluntariosa y probablemente incomprendida. Todo lo que tiene, se lo ha ganado con valor. Cada centavo, cada título que ostenta, cada bien que atesora, es fruto de su más encendido esfuerzo. Imagino que, por defecto, nada tiene de diferente a cualquiera otra de nosotras, aquí. Pero a ella le ha costado el doble. Es negra.

Hoy estaba con nosotros y contaba que, cuando era chica, estaba la familia entera viendo tele en casa y, saliendo un avance sobre el Planeta de los Simios –la primera versión– su padre dijo, alarmado: “ahora nos van a joder…” y aunque lo contó riendo, a mí me pareció espantoso. Continuó narrando cómo, durante muchos meses, la gente se burlaba de ellos y cómo regresaban contrariados, a casa. Incluso algunos terminaban liándose a trompadas con la gente que los agarraba de punto. Eran comparados con simios parlanchines,  monos antipáticos, además. Le parecía gracioso.

Imagino que debe ser una reacción refleja, sobre esa actitud de las personas que ella y toda su familia ha vivido por generaciones. Tal vez no le parece tan grave, definitivamente un poco más que la llenen de epítetos a su espalda (en algunos casos, sus mismos compañeros de trabajo), pero menos grave que aquella vez en la que la siguieron por toda una tienda de departamentos, e incluso le quisieron acusar de robo, por ser de color. En Lima, Perú, Suramérica, donde el que no tiene de inca, tiene de mandinga…

Tal vez, torear los efectos del racismo sea algo que ella supera, sin preocuparle más. A mí siempre me ha parecido una maestra, aunque para muchos es una ciudadana de segunda clase, y yo siempre la he visto arrancarle las cosas al destino. Pero como está tan distraída en ello, no se da cuenta cuánto la admiro.

Y hoy lo hice, más que nunca.

Update.- Un tuitero pegó este artículo al respecto de un incidente parecido (pero más dramático) en Brasil. Lo de mi amiga no fue tan espantoso. Simplemente la siguieron por toda la tienda de departamentos, para finalmente detenerla y registrarla de la manera mas ignominiosa posible. Cuando finalmente se dieron cuenta del espantoso error que estaban teniendo, se deshicieron en disculpas. Ya. Pero la humillación está hecha. A esa tienda no entro a comprarles nada, jamás. Tal vez yo también necesite ir con una amiga blanca, aria, para poder comprar en paz.

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