Clásicos Inolvidables

Dancing
Dancing

Me venía de una gestión esta tarde, haciendo cambio de transporte, porque vivo en la cochinchina y para regresar a casa desde cualquier lugar debo armarme de valor, tomar de 2 a más buses/micros/burros cojos/o cóndores que me puedan dejar algo cerca y luego caminar un par de cuadras hasta mi puerta, cuando la radio en la que siempre tengo sintonizado mi discman (ya expliqué por qué tengo esa vejez y no pienso volver a hacerlo) empezó a sonar una canción.

La aludida no era la gran cosa, la verdad sea dicha. Me parece que eso se debe a la repetición continua, porque estuvo demasiado tiempo en boca de todo el mundo, inicialmente por que era una versión en la que se lograba un efecto tecnológico en el cual dos personas, en diferentes épocas, cantaban a dueto y “la magia de la tecnología” (pero qué lugar común, últimamente, sino, que lo digan mis geeks) hacía posible que aullaran juntos.

Pero la frase del remate del corito de la canción me dejó pensando en aquella capacidad del asombro que toma a algunos pocos: “es tan increíble que alguien tan inolvidable piense que soy inolvidable, también” Casi como si un grouper le cantara eso a su grupo favorito. Idolatrando descaradamente, desde una frase cursi, pero con una extraordinaria y fabulosa sublectura. Como sea, los gringos suelen exagerar con sus sentimientos y sólo nosotros, zonas de influencia podemos suspirar realmente con estas leseras. Sino, pregúntenle a los personajes de Bryce, que siempre se deprimen con Nat King Cole.

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