Vuelta

Musica y eternidad...
Musica y eternidad...

Esa noche, él vino con su guitarra y se sentó en aquella banquita de mi entrada. Estaba nervioso y yo también, pero creo que disimulamos muchísimo, para que ninguno echara a perder la noche alunada y sobre todo, las ganas de conversar de cualquier cosa, sólo con el pretexto de estar ahí. Al tocar y cantar él, aquella canción, al final de la cita, mi corazón saltó y se me erizaron los vellos de todo el cuerpo. Me le quedé mirando, pasmada, asombrada. Tal vez azorada por su atrevimiento, al decirme con una canción, lo que le provocaba verme… tal vez por que entendía el valor que tenía él de demostrar sus sentimientos con tanta sensibilidad. Luego tuve que besarle, ¿no?. Era un must. Cantó esto:

Muchos años después, un par de canciones me hicieron erizarme toda, como fuesen escritas para mí. Las tocaba alguien que estaba realmente lejos y en otro idioma, del que no entendía ni una sola palabra. Y yo recordaba aquella noche, en la que la luna y un par de estrellas curiosas me mostraban que hay momentos en los que no hay nada que puedas hacer, salvo darte con intensidad. Sólo si las cantase él, podría salir corriendo, huyendo, para que fuera atrapada y besada hasta el delirio. Sólo por ellas (vamos, hay más motivos) aprendería aquel idioma y reiría en él. Tal vez yo no hago más que dar vuelta en círculos…

One Reply to “Vuelta”

  1. Música y canciones no sólo cierran el ambiente perfecto, sino que además en el tiempo se vuelven tan o más evocativos que las palabras, las fragancias, los lugares e incluso las fechas en el calendario.
    Me pusiste romantic.

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