¿No te levantas por las mañanas con una idea que, literalmente, te saca de la cama? Comes, vives y mascullas la dichosa idea, regodeándote en cómo la ejecutarás, en la forma de cómo las cosas sucederán y haciendo planes para los resultados de esa acción obsesiva.
Al parecer, es en esta obsesión que tu cuerpo y tu mente actúan como un gran imán. Hacia los sucesos, hacia los caminos que te llevan a lograr tus resultados. Algo que suena a “querer es poder” y que no se queda en la retórica de un discurso, si no que va más allá. Es la necesidad biológica de lograr tus objetivos, de llegar a tu meta ansiada. Vas encontrando los procedimientos, los caminos, y sorprendentemente, todo parece acomodarse.
Sep, suena a teoría famosa de autoayuda, vilipendiada por otros. Sin embargo, muchas veces crees que todo es posible y eso anima.
Al contrario de ello, otras veces pareciera que, sin importar cuánto quieras algo, todo confabula exactamente para que no lo consigas. Trabas y más trabas. Se supone que debes tener buen talante en esos momentos. Se supone. Pero yo digo algo: estás autorizado para putamadrear y luego, encontrar otro modo de llegar. Esto no se acaba, sólo porque encontré un muro. Lo escalo, aunque me rompa la crisma. De eso se trata, de llegar.
Banda sonora:
