Monthly Archives: November 2009

Cicatrices

Cicatrices

corazón

Cor Meum Dabo = Doy mi corazón. Nunca tan propicio. Foto tomada por Chucky, en ángulo obtuso, para que no me doliera más.

En el fin de semana que precedía a mi último cumpleaños, fui decidida a tatuarme a un lugar que me queda cerca de casa. Cansada de ver y averiguar que los mejores tatuadores de Lima están física y económicamente lejos de mi locación, busqué a un lugar que fuera limpio, decente y que los que atendían en recepción no pareciesen sacados de una película de terror. Felizmente lo encontré.

Había tenido la suerte de haber hecho una investigación, en mis épocas de estudiante, del IPP, sobre los tatuajes; razón por la cual entendía perfectamente el significado de hacérmelo. Nada mejor para dejar una década que fue productiva, artística, sentimentalmente hablando. Laboralmente fue del pedo, pero no es asunto de este post.

Lo que sí, jalé a la Chucky para que me acompañara y viera lo cool que era su tía que, vieja, se iba en plan rebelde, a mutilarse un rato.

De entrada digamos que había pasado literalmente años decidiendo qué cosa me haría y porqué. Otra cantidad similar de tiempo, razonando dónde lo pondría. El tema era sencillo, una imagen y un texto. Al inicio, era un corazón de Jesus, con espinas y todo, que tenía un texto en latín. Luego terminó siendo un diseño Celta, con lineas entrecruzadas, conservando el texto: una canción religiosa antigua, que me enseñaron en la escuela. Ambos símbolos me pintaban de cuerpo entero. En cuanto a la posición del mismo, inicialmente era en el pecho, en el lugar exacto donde se encuentra el corazón (por razones obvias, no?); sin embargo, un amigo “gentilmente” me hizo caer en cuenta que sólo las rucas y las flacas de las pandillas se tatúan en ciertas zonas del cuerpo (¿Oe qué? ¿En el pechereque? ¡Eso hacen las ruflas!), razón por la cual me tuve que repensar la locación con más cuidado.

Siendo así, me decidí por la zona intermedia de la espalda, casi a la misma altura a la que se encuentra el corazón e invisible desde cualquier punto de vestimenta formal. Me suele parecer espantoso ver a gente vestida de oficina, o con un vestido de fiesta elegantoso, con el tatuaje saliéndose por ahi. Yacala.

En todo caso, el asunto era más personal y mágico que fashion. Un tatuaje es algo que llevarás toda tu vida, prendido de tu piel. Que al menos tenga un significado real que salte sobre lo “bonito” a lo trascendental.

Nunca pensé que doliera tanto, en aquella zona. Me dicen que es que ahí confluyen muchos nervios importantes. Yo estaba tan adolorida, pero mi dolor se transformaba en una suerte de llanto con risa. Negaba mis propios actos reflejos de protección que hacen que tu cuerpo se aleje del dolor: si lo hacía, se iba al diablo el trazo del diseño. El tatuador moría de pena y se detenía para darme ánimos, mientras yo gemía en voz baja, mordiendo furiosamente mi casaca: no quería espantarle a la clientela. Chucky sólo se mostró interesada un par de veces y finalmente cayó rendida en una de las sillas del estudio, dejándome a mi suerte. Antes de caer profundamente dormida, miró el avance y me dijo, desdeñosa: “Para qué te voy a mentir, recién está delineando”. Duró una hora de santa tortura, que valió la pena.

Igual, creo que literalmente pagué con sangre sudor y lágrimas, el ejercicio de dicotomizar lo que soy. Ahora está literalmente escrito en mí.

Fin de Semana

Fin de Semana

El fin de semana se da tranquilo, porque lo quiso un médico. Al parecer, mi stress dejó de mostrarse mediante el Colon Irritable, para pasar a los pocos divertidos mareos, con zumbidos interminables de oreja. Yo camino intrigada, con sintomas de ebriedad por la casa, salvo que no he tomado nada. Igual, las conversas adorables por la red no me han faltado y el cariño de acá cerca, tampoco. Se me quedan las cosas pendientes y no es novedad que todo me angustia.

Lo único bueno fue encontrar esta canción, pasaporte directo a mi corazón, recuerdo de infancia y que aparece en mi Top Ten mental de esta semana.

Juramentos

Juramentos

Juro que tenía un buen título para este post. Juro que también tenía un buen tema: la sequía artística, que me tiene loca, obsesionada; me tiene seca por dentro y – lo peor- por fuera. Lo juro de rodillas sobre chapitas. Juro que a mí también me ha aburrido la tristeza. También juro que me apenan las distancias, que a veces las veo absolutamente insalvables. Juro que no hay noche en la que no piense que mi vida hubiera podido ser diferente, si me conformara, si tomara los caminos que algunos suelen terminar tomando, por cansancio. Juro que detesto la monotonía, la tierra, el silencio obligado, las esperas, los putos procesos. Juraré -hasta el hartazgo- que siempre valdrá la pena. Juro que estoy harta de decir lo mismo, siempre. Juro que no dejaré de decirlo, por mucho tiempo más.

Juro que te quiero.

AM/PM

AM/PM


Si no gusta esta versión, bien puede gustarles esta (video). Y si no  gusta ninguna, es que hay un problema mental.

No son dos personalidades, son dos estados de ánimo. No son poláricos, son coherentemente complementarios. No se dan por azar, lo hacen porque no quedan más remedio. Porque me son necesarios para relacionarme con las personas y con el mundo.

Night and day, día y noche, am y pm.

No salgo a chupar la sangre de la gente, no me vuelvo un ogro. Tampoco desaparezco al alba. Mucho menos, regreso a casa, en harapos. Nada extraordinario, imagino.

Es sólo que son dos estados definidos. En la mañana, está la coherencia que me hace decidir las cosas. Lo que me permite ser social, ordenada, asumiendo las posturas correctas; pero en la noche… caray, en la noche reviso todo lo hecho y me pregunto si no seré muy dura con mis decisiones, si tal vez las cosas se pueden hacer de otro modo. En la mañana, doy los mejores consejos, soy el mejor muro de contención que pueda soñarse. En la noche, me inundo; deben atraparme con palabras, guapearme, para que no deshaga lo que ya decidí. En la mañana estoy iluminada, coherente, calculadora, sacando filo a los lápices y tarareando fórmulas, no me preocupa nada que no sea el carpe diem. En la maldita noche, sólo quiero acurrucarme, mirar desde la oscuridad, esperar abrazada a la almohada. En las mañanas me miro al espejo con positivismo, pensando en todo lo increíble que puede sucederme. En la noche miro mi rostro y lo encuentro más viejo, más triste, con la frustración de no haber sido encontrada. En las mañanas, sonrío, sarcástica, porque creo que me olvidarás pronto. En las noches, siempre rezo por ti. Am, pm. Apachurrando a mujer en trance que escribe poesías, haciéndola práctica, sincera, letal. En la noche, dejando el alma en cada palabra, para no saltar. Por ello, pintar es algo que hago (hacía) de día, cuando la luz se filtra por mi ventana y me permite mirar mi lienzo, aunque sea para darle una única pincelada. Escribir, es un acto que siempre he hecho de noche, porque no puedo asir a mi alma en la luz, precipitándome al silencio. Qué vaina.

Explicación simple para los que me han leído en proximidad y me cuestionan cómo, yo parezco decir una cosa y hacer otra. Siempre he creído que no me vuelvo loca porque mi demencia es nocturna, como una maldición. Al día siguiente, me levanto con un suspiro lastimero, para seguir caminando. No suelo retroceder, sin embargo. ¿Sabes? Después de todo, el lobo soy yo.

Envidio a los que poseen la coherencia, todo el tiempo. Envidio poco a los que no la conservan, siquiera en algún momento. Envidio a los que conjugan en paz a la compañía, los demonios, las tristezas, el deseo y el silencio.

Sí, le molesto

Sí, le molesto

El Perú se ha ido a la mierda en valores. No es exclusividad la rabieta de Gonzales Prada. Antes que él, más gente protestó. Lo hizo hasta Huamán Poma de Ayala, lo han hecho algunas mentes preclaras de nuestro devenir actual. Me pregunto si en las eras incas o preíncas, la mal entendida “criollada” ya existía, para jodida contrariedad de los pseudo lornas que tal vez se sentían parte de una rareza llamada “gente honesta”. Claro, una cosa es que protestes, otra muy diferente es que te tomen en cuenta. Y yo ejerzo mi derecho a piteo, desde este blog.

La gente es hipócrita. Condena el latrocinio, la injusticia, la “viveza” de los otros, pero cuando le llega el turno, pega el salto, sonríe discretamente, se encoge de hombros. Se queja en las encuestas, pero luego hace lo mismo que tanto critica. Se rasga las vestiduras por los pecados del vecino, mientras esconde un muertito bajo su cama. Es decir, en esta sociedad imperfecta por defecto, pareciera que es parte de los genes, ser un sinverguenza. En esta mutación genética horrenda, el peruano promedio se regodea en su chatura ética y lo peor de todo es que asume que es absolutamente normal ser así.

Sigo pensando que el mayor daño que se le ha hecho a la sociedad peruana fue el develarle que todo el mundo tiene un precio. Tal vez ya éramos así desde siempre, pero no era mal visto ser honesto, como hoy. Creo que este quiebre en nuestra sociedad, debe ser hondamente agradecido a Fujimori y su nefasto gobierno. Es como el daño que hace la radioactividad a una zona geográfica, que se lleva como una lacra, por varias generaciones. Pero vamos, no quiero decir que “sólo” los peruanos tienen ese problemón. Es un asunto endémico documentado donde todo el mundo tiene su cuota de desgracia y sus infectados.

En esa gresca contra la corriente, donde la gente que no puede concebir al robo y a la deshonestidad como el pan de cada día, no siempre se queda con dignidad. La gente decente (y no es un eufemismo) puede no lograr el éxito en su empresa, pero al menos, vivir con la satisfacción que lo correcto siempre se ha hecho.

Sep, se lee cursi, se lee loser. Pero cuando alguien te llama la atención por comportarte correctamente, te dan ganas de voltear a ver si hay cámaras escondidas o pensar que el planeta está girando en sentido contrario, sin remedio. Con razón ando como ando.



Es que debo ponerlo otra vez. Es la única banda sonora que se me ocurre…

Music Monday

Music Monday

El fin de semana, le pedí que me enseñara sus manos. Eran delgadas, nervudas, blancas como las de una nena. No son virginales. No creo que se abran como flores. Ni que mi vida cambie 180°, sólo porque no dormimos en el mismo huso horario. Tampoco creo mucho en las palabras que no diga yo.

Beware the writer.

Lo que me place pensar, es que las personas llevan vidas que los preparan, para irse cruzando con las nuestras. Hasta el momento, ninguna desea mirarme más de un par de veces. Imagino que así debe ser. Hasta que la persistencia llegue a su destino: el de permitirme sonreír, satisfecha; y a aquel, que yo siempre le diga sí.

Reuna

Reuna

NOCHEDEOFRENDAS

Bueno, como ya saben los 3 gatos que me leen por aquí, desde hace poco más que un par de semanas, estoy escribiendo en este nuevo proyecto que es la Silla Ecléctica. Empezar con esta aventura ha sido por la necesidad de crear espacios locales donde la temática ofrezca contenidos más culturales y atemporales, que otra cosa. Tal vez por ahi, algo geek. También nos muestre (a todas) más en la acción de búsqueda de esos contenidos. Osea, cultura, cultura y más cultura. 4 twitteras (cada una absolutamente distinta de la otra) con muchas ganas de compartir lo que nos gusta.

La Noche de Ofrendas es más el pretexto para pasar un rato animado con las personas que nos conocen, con las que no nos conocen (y nos quieren/queremos conocer). De cierto modo, es una forma de feedback y a futuro, poder decir más. Libaremos hasta caernos. Ya tenemos conductor asignado.

Dos veces

Dos veces

Esto es un récord. En menos de 6 meses, pongo la misma canción, en una distinta versión, en el mismo lugar y con el mismo fin. Yo imagino que el tema te gusta -a mí me encanta- pero me revelo al significado de mismo, porque creo que uno hace lo que quiere y como le pega la gana, sobre todo si las ganas están ahí. Uno dice “no sé, ni idea” pero por dentro cruza los dedos, deseando siempre que los planes se le cumplan, que el timming sea perversamente perfecto y que sobre todo, que dure, maldita sea. Ya pues, verano, aparece de una vez.

Crisis

Crisis

Tanto a nivel masculino, como al femenino, las “crisis de la edad” son algo así como puertas para continuar con el desarrollo mental y físico de la década siguiente. En las sociedades primitivas, eran inexistentes. Uno simplemente llegaba a la edad aceptable para cazar o reproducirse y voilá!, ya estaba tirando lanza o dando a luz. Nada de huevadas existenciales sobre sentirse adolescente o sobre la crisis de la madurez, donde uno comienza a hacer cosas que nunca hizo a la edad correcta, para el horror de los que le rodean. Mi crisis apareció hace 10 años, creo. No me perdí ni bautizo de muñeca, me compré los primeros patines en linea que nunca pude tener; me fui de boleto, luego de cantar en mi grupo de rock, a trabajar,  emborraché hasta caerme, flirteé con todo lo que se movía… Amé con una intensidad angustiante y me pelée conmigo misma, por liberar mi mente de prejuicios e idioteces.

Digamos que aún no termina mi crisis… o tal vez sea que tengo el dinero y el tiempo para darles curso. Tal vez hubiera empezado antes, pero no lo disfrutaría ni la mitad de lo que lo hago hoy. Esa es una buena explicación para despertar todas las mañanas con espectación y abrir las ventanas, deseando que el cielo se vea cerúleo siempre, mirar mi propio cuerpo trasformándose continuamente y dentro de todo ello, mi mente de adolescente eterna.