Cicatrices

corazón
Cor Meum Dabo = Doy mi corazón. Nunca tan propicio. Foto tomada por Chucky, en ángulo obtuso, para que no me doliera más.

En el fin de semana que precedía a mi último cumpleaños, fui decidida a tatuarme a un lugar que me queda cerca de casa. Cansada de ver y averiguar que los mejores tatuadores de Lima están física y económicamente lejos de mi locación, busqué a un lugar que fuera limpio, decente y que los que atendían en recepción no pareciesen sacados de una película de terror. Felizmente lo encontré.

Había tenido la suerte de haber hecho una investigación, en mis épocas de estudiante, del IPP, sobre los tatuajes; razón por la cual entendía perfectamente el significado de hacérmelo. Nada mejor para dejar una década que fue productiva, artística, sentimentalmente hablando. Laboralmente fue del pedo, pero no es asunto de este post.

Lo que sí, jalé a la Chucky para que me acompañara y viera lo cool que era su tía que, vieja, se iba en plan rebelde, a mutilarse un rato.

De entrada digamos que había pasado literalmente años decidiendo qué cosa me haría y porqué. Otra cantidad similar de tiempo, razonando dónde lo pondría. El tema era sencillo, una imagen y un texto. Al inicio, era un corazón de Jesus, con espinas y todo, que tenía un texto en latín. Luego terminó siendo un diseño Celta, con lineas entrecruzadas, conservando el texto: una canción religiosa antigua, que me enseñaron en la escuela. Ambos símbolos me pintaban de cuerpo entero. En cuanto a la posición del mismo, inicialmente era en el pecho, en el lugar exacto donde se encuentra el corazón (por razones obvias, no?); sin embargo, un amigo “gentilmente” me hizo caer en cuenta que sólo las rucas y las flacas de las pandillas se tatúan en ciertas zonas del cuerpo (¿Oe qué? ¿En el pechereque? ¡Eso hacen las ruflas!), razón por la cual me tuve que repensar la locación con más cuidado.

Siendo así, me decidí por la zona intermedia de la espalda, casi a la misma altura a la que se encuentra el corazón e invisible desde cualquier punto de vestimenta formal. Me suele parecer espantoso ver a gente vestida de oficina, o con un vestido de fiesta elegantoso, con el tatuaje saliéndose por ahi. Yacala.

En todo caso, el asunto era más personal y mágico que fashion. Un tatuaje es algo que llevarás toda tu vida, prendido de tu piel. Que al menos tenga un significado real que salte sobre lo “bonito” a lo trascendental.

Nunca pensé que doliera tanto, en aquella zona. Me dicen que es que ahí confluyen muchos nervios importantes. Yo estaba tan adolorida, pero mi dolor se transformaba en una suerte de llanto con risa. Negaba mis propios actos reflejos de protección que hacen que tu cuerpo se aleje del dolor: si lo hacía, se iba al diablo el trazo del diseño. El tatuador moría de pena y se detenía para darme ánimos, mientras yo gemía en voz baja, mordiendo furiosamente mi casaca: no quería espantarle a la clientela. Chucky sólo se mostró interesada un par de veces y finalmente cayó rendida en una de las sillas del estudio, dejándome a mi suerte. Antes de caer profundamente dormida, miró el avance y me dijo, desdeñosa: “Para qué te voy a mentir, recién está delineando”. Duró una hora de santa tortura, que valió la pena.

Igual, creo que literalmente pagué con sangre sudor y lágrimas, el ejercicio de dicotomizar lo que soy. Ahora está literalmente escrito en mí.

One Reply to “Cicatrices”

  1. ¡Auch! eso debe doler. Siempre he dudado de si tatuarme algun dia, pero si me decidiera me tatuaria al protagonista del videojuego “Pac-man”. Me trae muchos recuerdos, ademas de ser mi videojuego favorito.

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