Transformaciones

Transformations - Lindsey R. Simmons
Transformations - Lindsey R. Simmons

Lima se levanta cuando le da la gana, de buenas y cuando estás de buenas, de malísimas. Hay smog en la puerta de mi casa, tengo ropa sucia sobre los sillones y cuando puse un clipsy sobre el mueble de la tele, se cayó la puerta de una estantería. Go figure. He dado vueltas en mi cama toda la semana pasada y he estado mareándome como loca -lo bueno es que estaba echada- en un franco retroceso a mi adolescencia. Hasta mi madre ayer me miró con su mejor cara de desalmada, para decirme que lo más seguro era que estaba pensando idioteces. Winner. Como sea, mi susto mayúsculo llegó en la mañana, cuando me vi al rostro y encontré que tenía 20 años outre fois, con lo que yo dije, “es suficiente, ¿qué hay para desayunar?” y tratar de no tropezar con toda la cantidad de zapatos que dejo regados en la semana.

La perfecta culpa de la distracción es que estoy distraída como las chanclas, al borde del colapso nervioso, por culpa de las correteaderas de fin de año. Ajetreos mentales que me tienen asustada, apretujada debajo del sostén celeste favorito y sobretodo, deseando desesperadamente que se apague la luz solita, para encenderse como en marzo, mas o menos… como eso no va a suceder, he decidido afrontar bien pepeada las fiestas, algunos aniversarios luctuosos y muchas ausencias que me corroen como si me hubiera caído la sangre de Alien. Todo porque no tengo dónde ir. Todo por que no tengo con quién. Pero los que me conocen, saben que lo único que realmente me ocupa -con respecto del respetable- es que tengan la seguridad que la interpretación que yo hago de esta vida que me tocó, es la correcta y que no miento porque se me nota. La pucha, qué compromiso.

Al menos, siento las ganas de pintar nuevamente… música, maestrito: Iman  Maleki, pintor iraní que, personalmente me recuerda a Sorolla. El Nabucodonosor de Verdi, perfecto maridaje.

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