Siestas

En las tardes soleadas de Lima, cuando no voy a trabajar, la siesta se impone. Me pongo tal cual serpiente ondulada, sobre mi cama,  con la cabeza mirando al norte, las ventanas abiertas y las cortinas echadas, salvo para poder ver el cielo azul… A veces, la música me acompaña,  a veces la desnudez sobre una toalla que me resisto a dar de baja. Todas las veces, los sueños de teletrasportarme a lugares distantes, en la misma posición.  No soy buena para subsistir en una sociedad como la actual. Sueño demasiado, quiero demasiado y me frustra la prisión de mi mente y de mi cuerpo. Tal vez, el ser humano evolucione de una maldita vez, con una mutación espantosa y rápida; tal vez un día nos miraremos uno al otro y los sexos, las condiciones sociales, económicas y culturales desaparecerán, para ser felices simbióticos. Sueño, completamente fotosintética, porque el sol me gobierna hoy.  Sueño contigo, en la modorra que da el calor de las tardes ardientes, pero en mis tarareos, siempre esta canción…

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