Monthly Archives: January 2010

Flash Forward

Flash Forward

Aquella pequeña e insuficiente primera vez, estábamos de pie, unas cinco personas, en una habitación llena de ventanales. Era una tarde de Julio, me parece. En el centro, un gran enredo de guirnaldas del año anterior. Todos estábamos en el afán de recoger alguno de los inicios y tratar de poner algo de orden. La puerta sonó y entró Gabriel. En aquel momento, al sostener él, aquel trozo de guirnalda enredada que había recogido del bolondrón ése, me lo quedé mirando, algo contrariada. Por algún extraño motivo, yo sabía que el extremo que él sujetaba, correspondía al mismo que sostenía yo. No era justo, pues. Yo trataba de que Gabriel no supiera que realmente me gustaba. Esta circunstancia estúpida estaba a punto de arruinar mis planes para hacerle sufrir como realmente se lo merecen los chicos de 16 años (yo tenía 15), que te ven linda y feliz. A los pocos minutos, él se acercaba, sonrojadísimo, para entregarme su parte (exactamente la misma guirnalda) y yo pensaba en lo asombrosa que era la mente, para anticiparse a las cosas o tal vez, para programarlas directamente.

A lo largo del tiempo, he visto en muchas ocasiones, aquellos ejemplos en los que la gente que me rodea, se anticipa a las cosas que pueden suceder. No, no hablo de causa y efecto; hablo de la completa casualidad, porque es realmente imposible prevenir ciertas reacciones, ciertas situaciones que acontecen. Algunas veces, he visto situaciones portentosas, otras, me he partido de risa porque es como si una ley de Murphy cumpliera con su objetivo, de la peor manera posible, y ante aquello, sólo queda reír, aunque no haga gracia.

Sin embargo, a mí, muy pocas veces me sucede. Pese a que siempre digo que detesto tener la razón, me es casi extraña aquella sensación de certeza. De hecho, tengo razón en algunas cosas, en base a mi pobre experiencia. No es un acto paranormal. Mi cerebro razona rápidamente y puede decirle a alguien “te vas a caer”, pero no veo más que aquella consecuencia de una acción que se puede repetir una y otra vez. Lo lamento, no soy cartomántica, no tengo el talento de algunas para ver más allá de lo evidente.

Pero una mañana, tuve la única certeza de toda mi vida. Me quedé ahí, congelada en el acto. Mi mente voló y regresó. Aún hoy, habiendo pasado tanto tiempo, sigo repitiendo esa sensación en mi cerebro; sintiendo el mismo escalofríos que tuve aquel día. Yo sabía qué sucedería, maldita sea, algún día. Yo sabía que, de alguna manera, ya no podía escaparme. Yo, que siempre estoy huyendo de todo lado. Aunque no me mueva. De hecho, huí. Pero vamos, cuando las cosas son inevitables, no importa cuánto corras, te siguen alcanzando. Caray, qué difícil es explicar aquello… saber el que el futuro te costaría la piel entera y aún así, hacerlo suceder… Y sin embargo, sé que no cambiaría absolutamente nada de lo hecho. ¿Es eso el Destino? (así, con mayúsculas) Pucha, ya ni sé.

I, Robot

I, Robot

El verano se pinta casi sin sol. El trabajo se pinta casi sin creatividad. Mi vida sentimental se pinta aburridísima. Mi vida intelectual sigue en lo mismo. Vuelve a su cauce mi mala crianza, mis malísimos pensamientos con respecto a la humanidad, mi colon irritable, aquella coherencia que no suele gustarle a nadie, salvo a mi. Me camino las calles, de regreso de todos lados, con mi fabulosa mente en blanco, con mi disco duro formateado, y el back up guardado en el mueble de la tele. Yo diría que me encanta este estado sereno, tranquilo, donde se ven todas las cosas claras, las metas dejan de tener esa neblina y hasta mis jefes me piden consejos. Lo único que se me ocurre es comer un helado bajo la garúa e ir en chompada a trabajar. Pensando que cada día puede ser el inicio del resto de esta vida loca. Vamos, hagamos que cada día pareza distinto… aunque no lo sea.

Wonder Woman meets Dreampicker

Wonder Woman meets Dreampicker

DSC03803

Me encontró. Estaba paradita, en una esquina, con las manos juntas. Chucky estaba interesada en comprar otra cosa y recordé que había dicho yo, que mi avatar tenía que encontrarme a mí; o no era. Lo dije en voz alta y entonces, mirado por mirar, me la quedé mirando. Linda, ¿no? A ver cómo hacemos, digo ahora…

Un Concierto

Un Concierto

Pero qué buena foto. No me hubiera gustado estar ahí, toda aplastada. Pero estuve ahí, aunque más lejitos. Qué alivio.

Pero qué buena foto. No me hubiera gustado estar ahí, toda aplastada. Pero estuve ahí, aunque más lejitos. Qué alivio.

Habiéndome perdido casi todos los conciertos del año pasado -salvo el de los Jonas Brothers, y eso por que no quiero que Chucky nos haga gastar una millonada en terapia, en el futuro- y siendo que Metallica venía a Lima, me animé, casi maniáticamente, a comprarme las entradas más baratas, porque mi experiencia -algo ya debo tener- en cuestión de conciertos, es que no es lo mismo ir que no ir. Así que, animé a la Negra (más bien, la conminé, porque me lo debía, por hacerme ir al de los JB y haberme dejado casi tullida, musicalmente hablando) a que me acompañara porque, como siempre digo, el Rock es cultura. No sé si me entienden la figura. En fin, sigo.

Compré las entradas más baratas por dos verdaderos buenos motivos: no soy archifan de Metállica como algunos (no me linchen) y porque ya no estoy para andarme apretujando, de pie, por gente que probablemente sólo se baña cuando hay luna llena. Ergo, mi expectativa era ver un buen concierto, tal vez pillar algunas canciones nuevas y esperar el momento de verles, bien sentadita en mi tribuna y no con el riesgo de asfixiarme o que me caiga un patadón por un pogueo intempestivo. So sorry, ya pasé por eso en los 80s.

La Negra parecía exagerada, cuando me hizo arrastrarle un casacón y una pashmina. Yo pensaba que me bastaba con mi misia chompita la esperanza de que el “calor humano” de la multitud hiciera el resto. Lo cierto es que fue previsor, sobre todo cuando un concierto termina a más de las 11:30pm.

Instalada en mi tribuna Norte, puedo decir que vi el concierto, tranquilita y si lo hubiera querido, zapateado a gusto. Lo más divertido fue observar a la gente que iba llegando a mi locación: por ahí un tios con sobrinos, enamorados sobones que le ha pagado las entradas a la novia y a la cuñada, resbalosos que afanan a compañeras de asiento, guatones recurseros que realmente han juntado para su entrada, oficinistas a los que el jefe no les dio permiso para salir temprano, pandillas reposadas (por la edad y por las ganas, tal cual yo) y algún que otro desubicado que está volando por todo el estadio. Uno de éstos últimos le preguntó a la Negra si es que ella vendía algo, al verla con su mochila puesta adelante, para que nadie le arranchara sus pertenencias; lo cual trajo a nuestra mente aquella anécdota de un compadre suyo, usando la mochila en la misma posición y siendo expulsado del micro, en one, porque creían que vendía caramelos, mientras él sólo quería llegar a su instituto… pero me estoy desviando…

Metallica sacó lágrimas a sus fans. A los que entraron y los que no lograron ingresar, que estaban sobre los techos vecinos, gritando como locos. Abajo de ellos, un happening seguía sucediendo, porque aquella gente que no tenía ni para pagarle a los dueños de los edificios, se encontraba en las veredas, tomando cerveza, comiendo panchos e hígado frito con yuca. Ni me digan que no se divirtió il popolo. Yo me fui a mi casa, convencida de que fue un feriado en medio de mi semana de mierda… pero eso ya es para otro post.

Posdata: La Negra se quedó dormida tres veces, en pleno concierto, al más puro estilo de Chochi.,quien solía dormirse a pierna suelta en las discotecas, pero esa es otra historia, también. Nadie se dio cuenta. Ni yo.

Video: Metallica en Lima. La favorita de Chucky y mía. Bien grabada, gracias.

20 000

20 000

Desde un blog bien geek y bien femenino.

Desde un blog bien geek y bien femenino.

Si te encuentras leyendo sin querer este blog es porque clickeaste en el link que puse hace unos instantes en mi cuenta twitter. Tal vez alguien te pasó la voz, me hizo un retweet o simplemente quieres saber quién es la persona que tuitea desde ese ojo perverso. Este post es una prolongación de ese último twitt, el que tiene el fabuloso número 20 000. ¿Para qué diablos hacer un post sobre ello? Vamos, podría hacer un post sobre lo bueno que ha resultado mi nuevo ventilador industrial, como artefacto de limpieza o dar consejos sobre cómo no quemarse tomando quínua con manzana o tal vez pedir -por San Google- que cualquier tuitero que se precie, haga la búsqueda de rigor, cada vez que quiera preguntar alguna estupidez en voz alta.

Pero resulta que el twitter sólo puede permitir 140 caracteres y sinceramente no puedo decir todo lo que siempre quiero decir. Es por eso que ese tuit lleva este link. Para que tengas la mala suerte de leerme y luego irte al siguiente tuit de otra persona y ver cualquier otra cosa.

Estoy frustrada por que la idea de twitter como microblogging siempre le ha quedado grande, en mi caso. Lo que digo ahí es sólo un goteo de lo que mi mente siempre está pensando. Por ello me pego a los blogs, a mi bitácora y a otras cosas para decir lo que me suele perturbar, maravillar y hastiarme. He dicho que escribo por necesidad y pinto por felicidad. He declarado mis afectos, mis odios. He exorcizado mis demonios (o eso siempre ando creyendo yo) y he domado mis fieras. He besado terceros ojos, he cacheteado orgullos. Todo, incluso por Twitter.

Sin embargo, siento que aún gritando, no digo nada. Aún así, las palabras viven quemándome y se vivieron trasladando a otros lugares. He dejado algunos sitios para las intrascendencias y me he quedado sin voz. Estoy mirando mi cuenta twitter hace un par de días y no he logrado decir nada que valga la pena ser dicho. Yo soy mi propio control de calidad. Estoy, como digo por algún lado, “con password cambiado y una lágrima de megabyte idiota, en la orilla de la mirada” (¿así era? Creo que me googlearé en un rato); con la certeza que esta carrera, por aquel lugar que te permite ser concreta, debe detenerse. Entonces, me detengo.

Me detengo para poder pensar más. Para poder descansar y hacerles descansar. Me detengo para que el mundo siga, sin mi.

Gracias por seguirme o leerme. Ahí les va mi lista de #FollowFriday