Un Concierto

Pero qué buena foto. No me hubiera gustado estar ahí, toda aplastada. Pero estuve ahí, aunque más lejitos. Qué alivio.
Pero qué buena foto. No me hubiera gustado estar ahí, toda aplastada. Pero estuve ahí, aunque más lejitos. Qué alivio.

Habiéndome perdido casi todos los conciertos del año pasado –salvo el de los Jonas Brothers, y eso por que no quiero que Chucky nos haga gastar una millonada en terapia, en el futuro- y siendo que Metallica venía a Lima, me animé, casi maniáticamente, a comprarme las entradas más baratas, porque mi experiencia -algo ya debo tener- en cuestión de conciertos, es que no es lo mismo ir que no ir. Así que, animé a la Negra (más bien, la conminé, porque me lo debía, por hacerme ir al de los JB y haberme dejado casi tullida, musicalmente hablando) a que me acompañara porque, como siempre digo, el Rock es cultura. No sé si me entienden la figura. En fin, sigo.

Compré las entradas más baratas por dos verdaderos buenos motivos: no soy archifan de Metállica como algunos (no me linchen) y porque ya no estoy para andarme apretujando, de pie, por gente que probablemente sólo se baña cuando hay luna llena. Ergo, mi expectativa era ver un buen concierto, tal vez pillar algunas canciones nuevas y esperar el momento de verles, bien sentadita en mi tribuna y no con el riesgo de asfixiarme o que me caiga un patadón por un pogueo intempestivo. So sorry, ya pasé por eso en los 80s.

La Negra parecía exagerada, cuando me hizo arrastrarle un casacón y una pashmina. Yo pensaba que me bastaba con mi misia chompita la esperanza de que el “calor humano” de la multitud hiciera el resto. Lo cierto es que fue previsor, sobre todo cuando un concierto termina a más de las 11:30pm.

Instalada en mi tribuna Norte, puedo decir que vi el concierto, tranquilita y si lo hubiera querido, zapateado a gusto. Lo más divertido fue observar a la gente que iba llegando a mi locación: por ahí un tios con sobrinos, enamorados sobones que le ha pagado las entradas a la novia y a la cuñada, resbalosos que afanan a compañeras de asiento, guatones recurseros que realmente han juntado para su entrada, oficinistas a los que el jefe no les dio permiso para salir temprano, pandillas reposadas (por la edad y por las ganas, tal cual yo) y algún que otro desubicado que está volando por todo el estadio. Uno de éstos últimos le preguntó a la Negra si es que ella vendía algo, al verla con su mochila puesta adelante, para que nadie le arranchara sus pertenencias; lo cual trajo a nuestra mente aquella anécdota de un compadre suyo, usando la mochila en la misma posición y siendo expulsado del micro, en one, porque creían que vendía caramelos, mientras él sólo quería llegar a su instituto… pero me estoy desviando…

Metallica sacó lágrimas a sus fans. A los que entraron y los que no lograron ingresar, que estaban sobre los techos vecinos, gritando como locos. Abajo de ellos, un happening seguía sucediendo, porque aquella gente que no tenía ni para pagarle a los dueños de los edificios, se encontraba en las veredas, tomando cerveza, comiendo panchos e hígado frito con yuca. Ni me digan que no se divirtió il popolo. Yo me fui a mi casa, convencida de que fue un feriado en medio de mi semana de mierda… pero eso ya es para otro post.

Posdata: La Negra se quedó dormida tres veces, en pleno concierto, al más puro estilo de Chochi.,quien solía dormirse a pierna suelta en las discotecas, pero esa es otra historia, también. Nadie se dio cuenta. Ni yo.

Video: Metallica en Lima. La favorita de Chucky y mía. Bien grabada, gracias.

One Reply to “Un Concierto”

  1. Hace años que voy a un concierto, el ultimo que fui fue a “Nacional sale a la calle” creo que en el 2001, no recuerdo bien. Pero pretendo ir al concierto que dara U2 en Lima, porque vendra de hecho, no se cuando, pero lo hara.

Agregue un comentario