Monthly Archives: February 2010

Paradero

Paradero

Paradero

Paradero

Estoy aburrida de las situaciones fallidas que me rodean. Me he prometido sólo aceptar lo que viene de la manera que quiero. Es como pararte a esperar una linea de bus determinada. Todos vienen llenos. Algunos no, pero no van por donde quieres. Tu esperas y esperas a que venga el correcto. Van pasando todos, te provoca subirte a cualquiera. Sabes que ninguno, salvo el que esperas, te llevará a casa. El resto va a otros lugares, te pueden dejar cerca, pero ninguno, salvo ése, llega a donde quieres ir. Entonces, cuando esperas mucho, si te impacientas, tomas otro y te conformas. Vas jodidamente contrariada, porque no puedes esperar más y te resignas. O bien, te vas caminando, valientemente, hasta tu destino.

Hoy, me conformé y tomé otro, para darme cuenta que el que esperaba, venía detrás. Pero me quedé pensando en eso. Voy a pie.

Un Viaje

Un Viaje

Todo cerca.

Todo cerca.

Hace unos 25 años poco más o menos, un especialista del Ministerio de Educación viajó a Egipto, invitado por una institución local, para asistir a un seminario sobre un tema que, la verdad, desconozco mayormente. El tipo, contentísimo, viajó con toda la pompa que solía (y suele) requerir la investidura que tenía, pues era ni más ni menos que el representante del gobierno peruano en aquel evento, que tendría poco más de una semana en realizarse.

El asunto es que el patín se registró en el inicio del evento y luego arrancó a conocer todos los encantos de la ciudad (el Cairo) y alrededores, convencido de que nadie haría le echaría de menos y que su registro inicial sería suficiente para sustentar la asistencia a esas conferencias que le parecían de lo más pelmas y que de plano no entendía, porque él no hablaba ni inglés. ¿Porqué lo enviarían? Tal vez por lo mismo que siguen enviando incompetentes a estas cosas, porque los susodichos(as) son más chinchosos que mocoso hambriento en supermercado o porque era la única manera de premiarlos por su desempeño, en vez de darles alguna grati or else. Luego, estamos claros que rara vez iba alguien que entendía el asunto del que se trataba o por lo menos, era honesto como para quedarse cabeceando todas las charlas.

Digamos que el tío en cuestión, vivazo él, se fue a conocer las pirámides, la tumba de tutti li mundi (o el rey Tut, qué cuernos) y luego regresó horondo a la última charla del asunto, dispuesto a recoger su papelito que lo acreditara como asistente a la misma. Tal vez por señas le habrían dicho que sí recibiría una especie de constancia y que eso sucedería al final de todo. Efectivamente, al final, le hicieron entrega de un documento, el cual estaba en árabe y que él exhibió luego en Lima, haciendo aspavientos sobre el evento, sobre el país y el viajecito que se había empujado, gracias a nuestros impuestos.

Para su mala suerte (creo que así sigue la historia) estando en uno de esos discursos, fue escuchado por la entonces ministra de Educación, famosa por caerles de sorpresa a toda la gente de los despachos a momentos realmente alucinantes. Inmediatamente, ese maldito sexto sentido femenino le hizo detenerse y quedarse mirando las musarañas, pensando. Yéndose caleta nomás, llamó al jefe inmediato del panudo y le pidió informe sobre el viaje. El jefecito le contó que sí, si había ido al congreso y que, es más, había traido un documento que lo avalaba. Genial dijo ella, quiero verlo. Ah, caraca, está en árabe. Tradúzcalo, dijo ella, con los ojillos entrecerrados.

Pucha, es que nadie como ella para pensar mal. Hasta ahora recuerdan a su guardia personal, un grupo de mujeres fortachonas, que guardaban fierros de construcción en sus canastas de mercado, merodeando por los pasillos del ministerio, cuando habían amenazas de huelga…

El documento decía, más o menos así: “Fulanito de tal, se ha registrado en el congreso de xyz, pero NO HA ASISTIDO a más del 30% de las charlas, razón por lo cual se entrega esta constancia, para los fines que estime conveniente. Fecha, firma”

Uy, la gritadera que siguió fue de la puta madre. Hubiera pagado por verle la cara al tipo.

Si hay que dejar este asunto con moraleja, podría decir que no es sólo parecer honesto. Hay que serlo. Tal vez sea un consejo anacrónico, huachafón, decimonónico, tal vez el que te daría tu abuela… luego, ¿cómo sabes que yo no soy ella? Algún día, algún funcionario perucho será 100% decente. Mi sueño.

Nota1.- Sí, hablo de aquella ministra que, 20 años después no logró resolver otro problema.

Nota 2.- Sí, este post es por aquellas autoridades que nos siguen regalando sus mejores actuaciones. “yo no fui, fue Teté…” (dejen en paz a Tere).

Nota 3.- Yo también quiero conocer las pirámides. ¿En qué ministerio me apunto?

Ventanas

Ventanas

Ando agotada. La culpa es del destino, claro. Lo más curioso ha sido que, en ésta ocasión, he tomado todos los buses equivocados, para bajarme en todos los paraderos, equivocados, también. Casi me dio pánico, porque pensé que sería una de esas veces en las que todas las estupideces se te juntan y lo único que queda es conformarte o comportarte como una perfecta loca. Luego me resigné y dije que ya qué diablos, vamos nomás. Caminé harto, bajo el sol achicharrante. Me había olvidado el gorrito de rigor (estaremos con mucha radiación, este fin de semana) y el blockeador FPS60. Sólo estaba yo, el bolso lleno de documentos y mi propia visualización bajo el agua de la ducha del depa. Entonces, algo sucedía conmigo, descubría mi reflejo en los otros y todo parecía funcionar.

Semana de trámites. Primera semana. Qué cansada me siento, por dentro y por fuera. Pero ni así, pude evitar de que ciertos pensamientos no aparecieran. Fue en ellos, que seguí caminando. Fue por ellos, que abrí ésta ventana.

Un año después

Un año después
No, entre gitanos no nos leemos las manos.

No, entre gitanos no nos leemos las manos.

Creo que nunca olvidaré la intención con la que lo dije. Tampoco olvidaré el porqué dije todo aquello. Tampoco echo al olvido a aquel que me hizo escribir éso. Las cosas como son. Uno se mueve, aunque no se mueva. La mente, poderosa mente, a veces nos juega pasadas (me he pasado todo el año olvidando cosas y pagando por ello) y otras veces, es como un tatuaje interno, indeleble. Pero uno sigue en lo suyo. Así es la vida. La mía cambia, porque, como dije en twitter, cambio yo; entonces, cambia todo. Para bien, siempre.

Odiándo como odio las efemérides, este año no haré nada más que poner, entonces, un misio link, desde los archivos. de El Dedo Ilustrado: Pongamos que hablamos de Amor. Y al carajo el resto.

¿Me diseñas un hogar?

¿Me diseñas un hogar?
Las biblotecas, mi delirio.

Las biblotecas, mi delirio.

Cuando era chica, uno de mis juegos favoritos era dibujar un plano de mi casa de ensueño. Me recuerdo, echada en la alfombra vieja, puesta en el patio exterior, en primavera, con un cuaderno cuadriculado, viejo y un lápiz, haciendo el plano. La Negra era mi cliente y yo era la arquitecta. Ella iba pidiendo una piscina, o tal vez una gran cocina, o quizás una huerta en el fondo de la casa, para que ahí pudiera estar su mascota soñada, un perro cariñoso. En este juego recurrente, íbamos planificando los pisos superiores de mi casa, renovando la fachada, planeando decoraciones interiores…

Mis padres se resistieron, por mucho tiempo, a hacer caso a cualquiera de nuestras quimeras -y de hecho, nunca les ha importado mucho- hasta que Chucky apareció en nuestras vidas y entonces, no quedó más remedio que hacer las modificaciones de rigor. Si no hubiéramos sido bendecidos con su presencia, aún estaría aguantando a su madre, quien es bastante desordenada, sus manías para antes de dormir y sus amanecidas para dizque meditar.

En mis épocas de estudiante secundaria, vivía fascinada con esa capacidad de imaginar espacios. Tal vez más que ilustrar y casi tanto como escribir. Pero rápidamente entendí que no tendría talento para ser el señor arquitecto (oh, yo siempre he sido bien macha) que soñaba con ser. Un petit Miguel Angel (perdonen mi petulancia). Entonces, vale, antes de convertirme en una torreja diseñadora de interiores, me dediqué a otras cosas. Es otra historia el cómo llegué aquí.

Como sea, el asunto es que uno suele escoger exactamente lo contrario a lo que vio en su etapa de crecimiento. Sea por oposición, porque es un acto liberador, porque tal vez todo lo pasado es un ruido y uno necesita siempre el silencio de lo diferente. Porque al inicio de todo, siempre es silencio; el que viene del asombro de encontrar algo que uno no se figura posible.

Mi casa ideal. Lugares donde la luz se atrapa, porque el cielo siempre logra verse. Paredes blancas que siempre reflejan la luz. Tal vez, sólo el barroquismo en la biblioteca. Una cocina que es un laboratorio. Un taller que también lo es, pero en el cual siempre podré comer, dormir, ver tele y pintar. Un dormitorio abierto hacia el cielo. Una sala que está repleta de cosas para curiosear… todo, perdido en algún lugar.

Me gusta tanto, soñar. ¿Me diseñas un hogar? ¿Un lugar del cual no quiera irme? Tan dificil, cuando yo siempre insisto que estoy de paso. La culpa es de éste site.

Iguales, nomás que diferentes

Iguales, nomás que diferentes

Giulia Sammarco, en su blog de Semana Económica, pone este video, como adelanto a su siguiente post. Me pareció recontraconveniente pegarlo aquí. El asunto es que es verdad, no somos iguales, pues (no me cansaré de decirlo); que si no ponemos estos manuales como los del post anterior, morimos en el intento de comprendernos mutuamente; y que ya pues, hagan su esfuerzo (a ambas partes) para que así sea.

Luego, a mi me recontra jode que un amigo siempre me responda que está haciendo “nada” cuando le encuentro en la internerd. Tal vez su cerebro siempre está en piloto automático cuando cae a casa. De la misma manera, bien podrían apreciarme algunos chamacones, cuando me muestro clara como el agua y con “cajitas”, como ellos. Una les hace el favor de hablarles en su idioma y se espantan…

Enjoy.

Dedo Ilustrado Online & Uncut: tipología masculina

Dedo Ilustrado Online & Uncut: tipología masculina

Aprovechando el día del Pisco Sour y el fin de semana en ciernes, @fatimatv y yo nos dimos el gusto de grabar ésta emisión donde tratamos de un tema de interés primordial para las señoritas en edad de merecer (y la verdad, de cualquier fémina que sea lista y aprenda de las metidas de pata de otras), una tipología masculina de mucha utilidad. Lo hicimos breve, porque ya estábamos acabándonos el primer pisco y queríamos seguirle dando al asunto. Cameraman, la Negra, que tiene un talento innato.

Disclaimer necesario: CUALQUIER parecido con la realidad es pura casualidad. El que pitea, pierde. El video se ha hecho con fines educativos. Avisados están los picones.

¿Cómo era ésa, María Emilia?

¿Cómo era ésa, María Emilia?

¿Soy la muchacha mala de la historia? Mmm… como sea. Yo no sé si sea mala o buena o qué diablos. Soy una simple mujer. Una bien huachafa, que aún se duerme entre suspiros, se levanta mirando por su ventana, para ver si asolea (en Lima, sólo en verano y cuando le pega la gana al clima), que se asusta al mirarse al espejo, se reconcilia con su imagen residual y sigue aferrándose a aquellas imágenes que la muestran poderosa. Pero no lo es. Es una mujer que se echa porras, porque siempre piensa que es una impedida mental que ha logrado engañar a todo el mundo, menos a ella misma. Envidia a los que manejan el conocimiento o algo de ello. Ella sólo maneja su curiosidad y su capacidad de esquivar los impedimentos. Siempre.

María Emilia Cornejo