Ventanas

Ando agotada. La culpa es del destino, claro. Lo más curioso ha sido que, en ésta ocasión, he tomado todos los buses equivocados, para bajarme en todos los paraderos, equivocados, también. Casi me dio pánico, porque pensé que sería una de esas veces en las que todas las estupideces se te juntan y lo único que queda es conformarte o comportarte como una perfecta loca. Luego me resigné y dije que ya qué diablos, vamos nomás. Caminé harto, bajo el sol achicharrante. Me había olvidado el gorrito de rigor (estaremos con mucha radiación, este fin de semana) y el blockeador FPS60. Sólo estaba yo, el bolso lleno de documentos y mi propia visualización bajo el agua de la ducha del depa. Entonces, algo sucedía conmigo, descubría mi reflejo en los otros y todo parecía funcionar.

Semana de trámites. Primera semana. Qué cansada me siento, por dentro y por fuera. Pero ni así, pude evitar de que ciertos pensamientos no aparecieran. Fue en ellos, que seguí caminando. Fue por ellos, que abrí ésta ventana.

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