Un Viaje

Todo cerca.
Todo cerca.

Hace unos 25 años poco más o menos, un especialista del Ministerio de Educación viajó a Egipto, invitado por una institución local, para asistir a un seminario sobre un tema que, la verdad, desconozco mayormente. El tipo, contentísimo, viajó con toda la pompa que solía (y suele) requerir la investidura que tenía, pues era ni más ni menos que el representante del gobierno peruano en aquel evento, que tendría poco más de una semana en realizarse.

El asunto es que el patín se registró en el inicio del evento y luego arrancó a conocer todos los encantos de la ciudad (el Cairo) y alrededores, convencido de que nadie haría le echaría de menos y que su registro inicial sería suficiente para sustentar la asistencia a esas conferencias que le parecían de lo más pelmas y que de plano no entendía, porque él no hablaba ni inglés. ¿Porqué lo enviarían? Tal vez por lo mismo que siguen enviando incompetentes a estas cosas, porque los susodichos(as) son más chinchosos que mocoso hambriento en supermercado o porque era la única manera de premiarlos por su desempeño, en vez de darles alguna grati or else. Luego, estamos claros que rara vez iba alguien que entendía el asunto del que se trataba o por lo menos, era honesto como para quedarse cabeceando todas las charlas.

Digamos que el tío en cuestión, vivazo él, se fue a conocer las pirámides, la tumba de tutti li mundi (o el rey Tut, qué cuernos) y luego regresó horondo a la última charla del asunto, dispuesto a recoger su papelito que lo acreditara como asistente a la misma. Tal vez por señas le habrían dicho que sí recibiría una especie de constancia y que eso sucedería al final de todo. Efectivamente, al final, le hicieron entrega de un documento, el cual estaba en árabe y que él exhibió luego en Lima, haciendo aspavientos sobre el evento, sobre el país y el viajecito que se había empujado, gracias a nuestros impuestos.

Para su mala suerte (creo que así sigue la historia) estando en uno de esos discursos, fue escuchado por la entonces ministra de Educación, famosa por caerles de sorpresa a toda la gente de los despachos a momentos realmente alucinantes. Inmediatamente, ese maldito sexto sentido femenino le hizo detenerse y quedarse mirando las musarañas, pensando. Yéndose caleta nomás, llamó al jefe inmediato del panudo y le pidió informe sobre el viaje. El jefecito le contó que sí, si había ido al congreso y que, es más, había traido un documento que lo avalaba. Genial dijo ella, quiero verlo. Ah, caraca, está en árabe. Tradúzcalo, dijo ella, con los ojillos entrecerrados.

Pucha, es que nadie como ella para pensar mal. Hasta ahora recuerdan a su guardia personal, un grupo de mujeres fortachonas, que guardaban fierros de construcción en sus canastas de mercado, merodeando por los pasillos del ministerio, cuando habían amenazas de huelga…

El documento decía, más o menos así: “Fulanito de tal, se ha registrado en el congreso de xyz, pero NO HA ASISTIDO a más del 30% de las charlas, razón por lo cual se entrega esta constancia, para los fines que estime conveniente. Fecha, firma”

Uy, la gritadera que siguió fue de la puta madre. Hubiera pagado por verle la cara al tipo.

Si hay que dejar este asunto con moraleja, podría decir que no es sólo parecer honesto. Hay que serlo. Tal vez sea un consejo anacrónico, huachafón, decimonónico, tal vez el que te daría tu abuela… luego, ¿cómo sabes que yo no soy ella? Algún día, algún funcionario perucho será 100% decente. Mi sueño.

Nota1.- Sí, hablo de aquella ministra que, 20 años después no logró resolver otro problema.

Nota 2.- Sí, este post es por aquellas autoridades que nos siguen regalando sus mejores actuaciones. “yo no fui, fue Teté…” (dejen en paz a Tere).

Nota 3.- Yo también quiero conocer las pirámides. ¿En qué ministerio me apunto?

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