Sábado

Sábado de verbo henchido
echada,
sobre tu pecho mojado
yo recuerdo todas las fresas
pero me olvido en pasado
de invertebrados sueños
de acompasado llanto
de lobos que no aullan,
más que en perdidos campos
“no me llenes de ellas”
– dices, tú
Sabes, querido infierno…
me importa un rábano santo.
Sábado de cortina al garete
penumbra cantada
mis pies, sollozando…

Aquí, echada, olvidando.