Qué saben ellos

(from everystockphoto)
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He pasado por sincera marrana, hoy. Lo he hecho porque no he reaccionado como se suele esperar en ciertas circunstancias trágicas e insospechadas. No me he mesado los cabellos ni he puesto la cara adolorida de circunstancias, ni me he mostrado abrumada por ellas. Porque puse todo en perspectiva y vi que, siendo poco lo que podía hacer al respecto, no me quedaba más remedio que encontrarle un lado menos horrible, menos deprimente y algo positivo.

Pero sin embargo, por extraño que les parezca, me conduelo. Me jode no poder hacer nada contra lo inevitable y siempre pienso que podría haberme sucedido a mi y no a aquel de mi lado. Que, tal vez, yo merecía más aquel golpe, que el otro. Sin embargo, el destino o Dios (o lo que sea que quieran creer) hace las cosas de esta manera, para que el mundo me siga pareciendo un lugar inhóspito, a pesar de la sonrisa de la gente y del amor de los que me rodean y yo siga agradeciendo cada día siguiente.

Me aislo, temiendo el discurso en el que me insultarán por no unirme al coro de las pañideras o de aquellos que pueden ser lo suficientemente libres como para mostrar su tristeza. No logran entender que mi pena va escondida, para florecer en otras formas menos impúdicas. Yo lo hago en estricto privado, incluso para mi familia… y lo único que logro es escribir esto.

Nada, era lo único que quería decirte, pequeño Ernesto. Buen viaje.

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