Dias como éstos

Todos los días de la semana que pasó, me dejaron con los pies (y los pelos) de punta. El resultado, la espalda adolorida, un chinchón en la rodilla, otro en la pura espinilla y las lágrimas a flor de piel. El viernes caí ridícula y teatralmente en el pavimento, cuando intentaba jalar una maleta de 20kg en una rampa resbalosa. Luego, me di un super golpe al entrar en la ducha, en la misma pierna con la que había respondido a mi caída huachafa. Desperté en pésima posición, contorsionada, abrazando a mis dos almohadas, perpendicular al colchón…
La Negra ha estado con cara de tragedia y con eso me di cuenta que realmente las cosas estuvieron para el pedo, porque su visión positiva del mundo suele ser huachafamente contagiosa. Yo tuve que echarle barra, para que empezara a “pensar positivo mi hermano”, con una ciega certeza de que lo que viene, será mejor. Lo de temer es que vendrían algunas semanas de conteos finales, donde habrá que vivir las cosas inevitables. Sin embargo, algunas buenas noticias flotaron en mi ambiente y en mi mente, en mi corazón, la misma espera: La de aquel espejo que no quiere ser visto, que vive empañado y empeñado en no creerlo todo, pero amadísimo, amadísimo hasta el delirio.  Dios mío, que sólos se sienten los muertos…

Todos los días de la semana que pasó, me dejaron con los pies (y los pelos) de punta. El resultado, la espalda adolorida, un chinchón en la rodilla, otro en la pura espinilla y las lágrimas a flor de piel. El viernes caí ridícula y teatralmente en el pavimento, cuando intentaba jalar una maleta de 20kg en una rampa resbalosa. Luego, me di un super golpe al entrar en la ducha, en la misma pierna con la que había respondido a mi caída huachafa. Desperté en pésima posición, contorsionada, abrazando a mis dos almohadas, perpendicular al colchón…

La Negra ha estado con cara de tragedia y con eso me di cuenta que realmente las cosas estuvieron para el pedo, porque su visión positiva del mundo suele ser tontamente contagiosa. Yo tuve que echarle barra, para que empezara a “pensar positivo mi hermano”, con una ciega certeza de que lo que viene, será mejor. Lo de temer es que vendrían algunas semanas de conteos finales, donde habrá que vivir las cosas inevitables. Sin embargo, algunas buenas noticias flotaron en mi ambiente y en mi mente, en mi corazón, la misma espera: La de aquel espejo que no quiere ser visto, que vive empañado y empeñado en no creerlo todo, pero amadísimo, amadísimo hasta el delirio. Dios mío, que solos se sienten los muertos…

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