A la sombra de un corto

Este iba a ser un post sobre el aprendizaje de los idiomas, el fraseo de cada uno de ellos y el temperamento que suelen tener aquellos que lo hablan, como una lógica característica de cada cultura que los genera. Iba a hablar sobre lo que- me parece a mí- es el centro del asunto de la enseñanza del idioma: estimular al alumno sobre la necesidad de aprenderlo, es decir, motivarlo directa o indirectamente.

También iba ser un post a modo de contestación a una pregunta con mala leche sobre porqué tuiteo en otros idiomas-además del nativo, lo hago en inglés, un poco de francés y muchísimo menos, en italiano- siendo que vivo en Perú. Lo cierto es que, de saber Quechua, lo hacía en esa magnífica lengua, también. Iba a explicar sobre lo relativo que van siendo algunas cosas últimamente, al respecto del intercambio de información y sobre la necesidad de poder expresar las ideas de manera que más gente pueda entenderlas. Intentar aprender varios idiomas es una forma. Intentar llegar…

Luego cambié de idea, que mejor hablara sobre esa estúpida incapacidad perucha por no ver más allá de lo evidente y focalizarse, siempre, en lo cercano. Una lacra que envuelve todas las acciones que se realizan y que es un mal endémico en las clases sociales altas, bajas, medias (un poco menos) y la clase política deprimente que nos intenta llevar al cadalso como nación. Hubiera disertado unas 2500 palabras sobre muchos ejemplos al respecto, sobre cómo me siento una extraterrestre por aquí y la verdad, me hubiera faltado tiempo para seguir.

También hubiera querido chismear sobre mis propósitos para estas minivacaciones que le he llegado a arrancar a mi chamba, pero luego me dio sincera pereza dar mi agenda personal, porque -humildemente- no soy cosmopolita y no la tengo tan recargada y la verdad, lo único que ansío es poder dormir hasta tarde y acostarme igual. Una ligera variante es que intento, eso sí, vivir con ansiedad (pero no mucha) el relax de hacer sólo las cosas que me gustan, comer lo que me gusta y pasar el tiempo con personas a las que no veo así nomás.

O podría lloriquear en más de 140 caracteres sobre las usuales penurias de una mujer como yo o como tú, muchacha estúpida que aún crees que lo sabes todo (ni yo) y te falta la estrellada fatal de la realidad. No, merci.

Pero.

Pero siempre está el otro topic que manejo soslayadamente; aquel que no trato por aquí, pero lo trato-benditas sublecturas- que me camina todos los días y que me tiempla, como el acero, para no decir las cosas y sin embargo, pensarlas consetudinariamente. Ahí anda. Siempre. Estoy embebida en él. C’est comme ça, mon chér loup.

Pucha, entonces me da pereza máxima, porque hay cosas que sólo se conversan en el calor de un acercamiento. Algo es algo y para mi, algunos “algos” han sido todo. Estoy en los lugares usuales, por si quieren charlar. Con permiso, me voy a recostar…

Nos leemos.

One Reply to “A la sombra de un corto”

  1. Yo creo que los idiomas abren enormes horizontes, palpar culturas diferentes y absorver lo que creemos útil para nosotros en ese momento es una oportunidad fantástica de poder percibir tu entorno desde otro angulo al que no llega otro. Un idioma te transporta cultura y maneras de pensar y es a la inversa tambièn puesto que puedes ser comunicador o transportador de mensajes en ese otro idioma a personas que no dominan tu idooma, los idiomas conectan a la gente, a los pueblos… Y si contextualizamos mas de esto a nivel sociedad, debemos, a mi parecer mantener en la mejor medida posible esa multiculturalidad y todo ese mundo quechua, fantástico y misterisoso y a la vez abrirnos hacia afuera con idiomas universales que nos hacen competitivos, sabios, sociables. Hay un capítulo de Oppenheimer en su libro Cuentos chinos, aquel que habla sobre competitividad y educación y lo que está haciendo la China o Chile para fomentar el aprendizaje de idiomas, …

    Bueno, disculpa me disparé de largo con este comment, sorry, machs gut und bis bald mal
    Tschüss
    POP 3.0

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