Monthly Archives: July 2010

Las 3 Maldiciones

Las 3 Maldiciones

Je ne sais pas.

Je ne sais pas

Dentro de las múltiples estupideces que me suelen acontecer con regularidad, están un par de cosas que suelen ser consetudinarias y por lo mismo, son como una pauta alucinante, puntual y que debería aprender a sobrevivir con ellas. Las cuento, con el afán de poder advertir, a todos los que tengo contacto, de que son sinceramente contagiosas, o que toman variaciones, dependiendo de la condición de mis seres queridos, conocidos o túyasabesenquéandamos. Avisados, pues, las enumero.

El vendedor de bus.- Es casi inevitable, que, sin importar lugar en el que me encuentre en bus, micro o transporte masivo que sea, siempre tendré al vendedor, parado a mi costado. Sin importar qué venda, si es que desea protestar por algo o solicitar una donación, sin interesar si está vivo, enfermo, si quiere hacer un espectáculo, compartirte “la palabra”, cantar una canción, si el medio de transporte está lleno, vacío, si hay más espacio en otro lugar, simplemente para dejar su punto de vista en claro o por el motivo que sea. Inevitablemente, se detendrá a mi lado y me tomará de ejemplo para un chiste o me dirigirá su speech, o tal vez me se empeñará en que yo logre tener el ejemplar de lo que está vendiendo o lo que sea que diablos quiera decir. Siempre empezará conmigo. Aprovechará que estoy dormida, para despertarme o insistirá en que soy una salvaje por que no quiero “colaborarle”, e incluso intentará arrancharme la cartera, los lentes o tal vez, bolsiquearme. Aún recuerdo, que en mi psicosis, he hecho sinceramente el ridículo, como aquella vez en la que aquel vendedor de caramelos subió a la coaster en la que me encontraba, para dar su speech. Aprovisionadísima, me puse los audífonos y decidi que le ignoraba olímpicamente, pero el muy cachasiento me miraba -yo no le oía- y gesticulaba, mirándome. Exagerada como suelo ser, cuando algo me llega a la pepa del alma, le mandé a la sincera mierda y me quejé amargamente por que no me dejaba viajar en paz. Todo para descubrir que el pobre tipo estaba recitando un verso y había hecho contacto visual conmigo, símplemente por que yo le hacía recordar los textos. “pero señorita, si yo no le he dicho nada…”

Mención aparte -para que no me digan que soy una insensible snob- diré que al final, la culpa no es de ellos, pues tienen que ganarse el pan y francamente, la calle está recontra dura, teniendo en cuenta que encontrarse con gente que los ignora, o los maltrata o hasta les hace daño, pues qué soy una raya más al tigre de su búsqueda del pan de cada día. Eso me hace conformarme, mientras, consetudinariamente again etc, se paran a mi costado, para hacer su espectáculo y me gasto fortunas colaborándoles…

El cine.- las posibilidades de encontrar a alguien que me malogre la proyección, es directamente proporcional al interés de ver la película. Es decir, a más interés, más jodería. Sin importar si fui a ver un estreno, o un refrito o tal vez un cine club, mi timming para encontrar un imbécil que patee mi silla o hable mientras se muestra la película o tal vez se dedique a cantarse toda la banda sonora, es un hecho, sin importar a dónde esté. Una vez fuimos sólo tres personas solitarias en una sala de proyección, pero eso fue un mediodía en un mall de Mendoza (Argentina) y eso no cuenta, porque no era en Perú. Aquí es la cosa, parece. Mi usual es encontrar sabelotodos que se anticipan a la trama, niños que patean mi silla, parejitas cojudas que llegan al último, para chancarme los pies al pasar, niños en pecho que lloran insoportablemente a menos de 5 metros, familias enteras que se hablan a gritos de fila a fila, gente que ronca desaforadamente y parejas que no tienen plata para un telo. Quisiera decir, a favor de esta gente, algo, pero sólo se me ocurre que debería haber un virus selectivo, que sólo elimine al que no deja ver una pinche peli en paz y que espero que ya CIA los localice en one, porque no creo ser la única que sufra de esta desgracia que es el espectador chancho. Mueran por favor y déjenme ver la película en cuestión, en paz.

La caída.- Así como hay SPM, como el clima afecta el carácter de las personas, como el stress ataca a los trabajoadictos, así, aparece en mi, el famoso “síndrome de la caída”. Empieza con los habituales tropezones, para terminar con comprobaciones espectaculares de la ley de la gravedad del planeta tierra -nada graves, felizmente- en los que siempre mi reacción es la misma: me cago de risa. Sufro un desdoblamiento, que me permite observar mi ridículo espectáculo y es inevitable la risotada, así esté en el piso de Palacio de Gobierno. Este evento, va ligado a aquel pánico por hacer trámites, tratado en un post con anterioridad. De hecho, va encadenado a cualquier tipo de estado nervioso, con lo cual, si me ven tropezando por algún lugar de la gran Lima, sólo ténganme mucha pena, me ayudan a levantar y sacudirme el polvo, recogiendo mis pertenencias y, caletamente, cambien de tema, porque me choca como los demonios que se la pasen riéndose de mis tropezones, porque aquí la única que se bacila por ellos soy yo. ¿De qué otra manera podría ser, sino?

No hay más que decir al respecto, que si, también te suceden esas maravillas, alza la mano si tú estás gozando y resígnate a pertenecer a ese grupo selecto de cojudos a los que la vida nos tienen reservados más eventos ridículos, que trataremos de pasar con dignidad y buen humor, a pesar de todo. Beso en la yaya.

Ese difícil ejercicio de complacerte

Ese difícil ejercicio de complacerte

Ando debatiéndome, como siempre, entre las ganas de darte en la yema del gusto y decirte siempre la verdad. Ando, como siempre, al borde de mi abismo y el tuyo, intentando, como equilibrista, de poder hacer lo imposible, posible y abrir ventanas entre nos. Me azoto contra las paredes que nos encierran, nos separan, por encontrar las respuestas que sean las correctas. Luego entiendo, que lo correcto, debe ser siempre lo verdadero. Te saca de quicio que te diga lo que me falta, lo que te falta, lo que nos falta. Me intento conjugar contigo, como siempre, pero tanto ejercicio es infravalorado y me canso.

Me canso.

Vamos caminando, como de casualidad, mientras el sol está saliendo, caprichoso, en Lima, dándose se alma contra la neblina, en empecinada carrera por alumbrar. Igual, en estos intentos de descifrarnos, de saber si de verdad somos lo que decimos ser o simplemente nos hemos idealizado el uno al otro, seguimos en lo nuestro. Todo conspira, como siempre. Todo vale la pena. Sin embargo, facilidad no es mi palabra favorita… y me aburriría tanto que fuera la tuya. Tan difícil es todo, ¿verdad?. Las relaciones deberían ser más simples. Paz, chocolates, y tal vez SPM.

La Vida Exagerada

La Vida Exagerada

Nos alocamos. Nos alocamos.

No me animo. No me animo a narrar mis usuales cojudeces cotidianas. No las virtuales, que para éso sólo tienes que leer mi timeline. Claro, ya sé que, de entrada me vas a mirar con el labio superior levantado en ángulo y la fracesita “eso no me dice nada de ti” y luego cerrarás la ventana. Ufff. No sabes lo que te pierdes, chéri.

Como sea, el asunto es que ya llegué a la conclusión de que me desequilibran a morir los trámites, sobre todo cuando vienen acompañados de un papelito que dice algo como “tiene usted 60 días para…” y me aloco. Incluso luego de escribir la frase anterior, corrí como insana desatada a ver los plazos de algunos trámites pendientes – me asaltó la duda de que alguno se haya vencido- y luego, al baño. Cosas de la angustia.

Mi madre me dice “¿te muñequeas, no?”, mientras me ve sostener, temblorosa, los papelitos de los dichosos trámites que parecieran no tener fin. Haciendo un flashback, sí, me muñequeo como la madafaca. Ya era mi costumbre, en mis épocas universitarias, equivocarme de aula los primeros días de clase, porque simplemente no había leido mi matrícula y horarios. Eso sin contar que solía olvidar las fechas de inscripción, entrega de documentos o tareas, recojo de credenciales y exámenes de todo tipo. Aún tiemblo, recordando a aquella funcionaria del Británico, que me trató con la punta de su taba, por llegar tarde a la entrevista del IELTS y que nunca me creyó que yo en verdad soy una nerviosa consetudinaria, que se olvida de absolutamente todo, hasta de que tenía que llegar un par de horas antes para dar un speech a una gringa. Por supuesto, de nada iba a servir alegar -tal cual hago en este post- y empezar a contarle, con lujo de detalles, cómo es que me recontra descomputan los trámites de todo tipo e intentar, ahí mismo, de sacar alguna conclusión al respecto. Claro que no, pues. Me fui derrotada (perdí el examen, perdí el caro pago y perdí mi autoestima) e intentando autokickearme como no tienes idea.

A veces pienso que el asunto de olvidar las cosas es como un aspecto suicida de mi personalidad. Algo que todos suelen tener en una medida, poco o más. Algunas veces he coincidido con otras personas que piensan lo mismo. Aquella actitud suicida que te hace esperar el último momento para hacer las cosas, para pagar impuestos; salir con las justas, de casa rumbo a una reuna a la que debes de llegar puntual; ir por aquella ruta, pensando “tal vez hoy esté menos congestionada”… entonces, los plazos vencen minutos antes; haces mal los trámites de los impuestos y tienes que pagar multa porque no tendrás más tiempo; no encuentras taxi o bus y llegas impuntualísimo a la reunión; caes en un atracadero de miércoles… Luego piensas que es la Ley de Murphy y no pues, es el Merovingio lo que resuena en tu cascada cabeza de huevo frito. Puta causa, puto efecto.

Entonces, intento establecer estrategias de vida para recordar lo cotidianamente necesario para no colapsar en el limbo de incompetentes. Me compro agenda, pongo notas en los calendarios, me cambio de posición los anillos de las manos, hago que los demás (cuando es una pena compartida) apunten los mismos acontecimientos o tareas o simplemente, me despierto a media noche para hacer aquel pendiente que, estoy segura, olvidaré al amanecer, cuando me despierte soñándote, como todos los días.

En tanto, esta exagerada vida de una exagerada mujer que exagerándolo todo, exageradamente cuenta lo que exageradamente viene a bien sucederle. Nada más, ni nada menos. Te dejo, que tengo que tramitar esta publicada, antes que venza el plazo o me olvide de hacerlo. Chau.

Pd. Le robo el título a Bryce. Lo mío sí es homenaje, no copia. Digo.

Aquí iba a haber un post

Aquí iba a haber un post
francesc Zaragoza Blanes

Les petjades del passat i la mirada cap al futur francesc Zaragoza Blanes (Empùries)

En serio. Iba a hablar sobre mi dilema de éstos últimos días: seguirme pintando las canas o simplemente desistir y verme cual jeune María Kodama, pero sin Borges- con todas sus implicancias intelectuales y estéticas (creo que las segundas, más importantes).  En vez de eso, hay esto, pues; un post sobre lo que querría y no tengo.

Tiempo y dinero. Tiempo para hacer todas las cosas que me gustan (entre ellas, dormir) y dinero para pagarlas, en su justiprecio. Tiempo para decir todas las cosas que siempre me gustan decir, como regalitos escritos y dinero, para poder estar en todos los lugares donde me gustaría estar (con sol y sin zapatos, se entiende)  con una sonrisa de oreja a oreja y el olor a mar en la cara.

En vez de éso, ésto.  Lo lamento. Para la siguiente, seguro.