Ese difícil ejercicio de complacerte

Ando debatiéndome, como siempre, entre las ganas de darte en la yema del gusto y decirte siempre la verdad. Ando, como siempre, al borde de mi abismo y el tuyo, intentando, como equilibrista, de poder hacer lo imposible, posible y abrir ventanas entre nos. Me azoto contra las paredes que nos encierran, nos separan, por encontrar las respuestas que sean las correctas. Luego entiendo, que lo correcto, debe ser siempre lo verdadero. Te saca de quicio que te diga lo que me falta, lo que te falta, lo que nos falta. Me intento conjugar contigo, como siempre, pero tanto ejercicio es infravalorado y me canso.

Me canso.

Vamos caminando, como de casualidad, mientras el sol está saliendo, caprichoso, en Lima, dándose se alma contra la neblina, en empecinada carrera por alumbrar. Igual, en estos intentos de descifrarnos, de saber si de verdad somos lo que decimos ser o simplemente nos hemos idealizado el uno al otro, seguimos en lo nuestro. Todo conspira, como siempre. Todo vale la pena. Sin embargo, facilidad no es mi palabra favorita… y me aburriría tanto que fuera la tuya. Tan difícil es todo, ¿verdad?. Las relaciones deberían ser más simples. Paz, chocolates, y tal vez SPM.

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