Las 3 Maldiciones

Je ne sais pas.
Je ne sais pas

Dentro de las múltiples estupideces que me suelen acontecer con regularidad, están un par de cosas que suelen ser consetudinarias y por lo mismo, son como una pauta alucinante, puntual y que debería aprender a sobrevivir con ellas. Las cuento, con el afán de poder advertir, a todos los que tengo contacto, de que son sinceramente contagiosas, o que toman variaciones, dependiendo de la condición de mis seres queridos, conocidos o túyasabesenquéandamos. Avisados, pues, las enumero.

El vendedor de bus.- Es casi inevitable, que, sin importar lugar en el que me encuentre en bus, micro o transporte masivo que sea, siempre tendré al vendedor, parado a mi costado. Sin importar qué venda, si es que desea protestar por algo o solicitar una donación, sin interesar si está vivo, enfermo, si quiere hacer un espectáculo, compartirte “la palabra”, cantar una canción, si el medio de transporte está lleno, vacío, si hay más espacio en otro lugar, simplemente para dejar su punto de vista en claro o por el motivo que sea. Inevitablemente, se detendrá a mi lado y me tomará de ejemplo para un chiste o me dirigirá su speech, o tal vez me se empeñará en que yo logre tener el ejemplar de lo que está vendiendo o lo que sea que diablos quiera decir. Siempre empezará conmigo. Aprovechará que estoy dormida, para despertarme o insistirá en que soy una salvaje por que no quiero “colaborarle”, e incluso intentará arrancharme la cartera, los lentes o tal vez, bolsiquearme. Aún recuerdo, que en mi psicosis, he hecho sinceramente el ridículo, como aquella vez en la que aquel vendedor de caramelos subió a la coaster en la que me encontraba, para dar su speech. Aprovisionadísima, me puse los audífonos y decidi que le ignoraba olímpicamente, pero el muy cachasiento me miraba -yo no le oía- y gesticulaba, mirándome. Exagerada como suelo ser, cuando algo me llega a la pepa del alma, le mandé a la sincera mierda y me quejé amargamente por que no me dejaba viajar en paz. Todo para descubrir que el pobre tipo estaba recitando un verso y había hecho contacto visual conmigo, símplemente por que yo le hacía recordar los textos. “pero señorita, si yo no le he dicho nada…”

Mención aparte -para que no me digan que soy una insensible snob- diré que al final, la culpa no es de ellos, pues tienen que ganarse el pan y francamente, la calle está recontra dura, teniendo en cuenta que encontrarse con gente que los ignora, o los maltrata o hasta les hace daño, pues qué soy una raya más al tigre de su búsqueda del pan de cada día. Eso me hace conformarme, mientras, consetudinariamente again etc, se paran a mi costado, para hacer su espectáculo y me gasto fortunas colaborándoles…

El cine.- las posibilidades de encontrar a alguien que me malogre la proyección, es directamente proporcional al interés de ver la película. Es decir, a más interés, más jodería. Sin importar si fui a ver un estreno, o un refrito o tal vez un cine club, mi timming para encontrar un imbécil que patee mi silla o hable mientras se muestra la película o tal vez se dedique a cantarse toda la banda sonora, es un hecho, sin importar a dónde esté. Una vez fuimos sólo tres personas solitarias en una sala de proyección, pero eso fue un mediodía en un mall de Mendoza (Argentina) y eso no cuenta, porque no era en Perú. Aquí es la cosa, parece. Mi usual es encontrar sabelotodos que se anticipan a la trama, niños que patean mi silla, parejitas cojudas que llegan al último, para chancarme los pies al pasar, niños en pecho que lloran insoportablemente a menos de 5 metros, familias enteras que se hablan a gritos de fila a fila, gente que ronca desaforadamente y parejas que no tienen plata para un telo. Quisiera decir, a favor de esta gente, algo, pero sólo se me ocurre que debería haber un virus selectivo, que sólo elimine al que no deja ver una pinche peli en paz y que espero que ya CIA los localice en one, porque no creo ser la única que sufra de esta desgracia que es el espectador chancho. Mueran por favor y déjenme ver la película en cuestión, en paz.

La caída.- Así como hay SPM, como el clima afecta el carácter de las personas, como el stress ataca a los trabajoadictos, así, aparece en mi, el famoso “síndrome de la caída”. Empieza con los habituales tropezones, para terminar con comprobaciones espectaculares de la ley de la gravedad del planeta tierra -nada graves, felizmente- en los que siempre mi reacción es la misma: me cago de risa. Sufro un desdoblamiento, que me permite observar mi ridículo espectáculo y es inevitable la risotada, así esté en el piso de Palacio de Gobierno. Este evento, va ligado a aquel pánico por hacer trámites, tratado en un post con anterioridad. De hecho, va encadenado a cualquier tipo de estado nervioso, con lo cual, si me ven tropezando por algún lugar de la gran Lima, sólo ténganme mucha pena, me ayudan a levantar y sacudirme el polvo, recogiendo mis pertenencias y, caletamente, cambien de tema, porque me choca como los demonios que se la pasen riéndose de mis tropezones, porque aquí la única que se bacila por ellos soy yo. ¿De qué otra manera podría ser, sino?

No hay más que decir al respecto, que si, también te suceden esas maravillas, alza la mano si tú estás gozando y resígnate a pertenecer a ese grupo selecto de cojudos a los que la vida nos tienen reservados más eventos ridículos, que trataremos de pasar con dignidad y buen humor, a pesar de todo. Beso en la yaya.

3 Replies to “Las 3 Maldiciones”

  1. ¿Qué lindo, no? tener un #lentopolitano atravesando todo Lima y donde ya no se puedan subir los vendedores, imaginate! ¿Pero donde se irían luego a ganarse la vida estos vendedores? Yo conocí a Angelica (nombre cambiado) que vive en el Barco, una impresionante casona de la epoca colonial que está que se cae y que no se puede tocar por que es patrimonio de la humanidad y la municipalidad de Lima no quiere hacer mucho al respecto, quien sabe porque. Angelica, cría a sus dos nietas, de 12 y 5, hijas de su única hija que es prostituta. Angelica vende turrones de Arequipa por 50 céntimos la unidad. Los vende en los buses, de esos que pasan toodos los dias delante del congreso. Tenía sus ventajitas el Metropolitano a pesar de toda la crítica que le han metido, no?

    Cine: si pues, los hay quienes se sacan los zapatos, aquellos que entran con hotdogs, pizzas, tacos, popcorn que llegan tarde y hacen un ruido infernal. Estos mismos van luego por el postre y obviamente al baño. Y apenas termina la pelicula salen tempestivamente, como casi todos los demás sin dejar ver los créditos y los trocitos de pelicula que a veces se muestran y que muchos no llegan a ver por que ya salieron.

    De las tres maldiciones la tercera es la que más me conmueve, mi abuelita decía que lo que se cayó, ya lo beso el diablo, pero creo que eso no es un consuelo 🙂 Yo he tropezado varias veces y las tres veces terminé con muletas, eso es más conmovedor. Mi doctor me ha sugerido que deje el fútbol y opté por amistarme con mi 6006, ella es hoy la que me hace sudar la gota gorda sin que me lastime. Mi eliptica. Si ya se, ya se lo que estás pensando.

    Recomendaciones: Viajar en Metropolitano o ahorrar para el auto propio, ir siempre al cine a la función de las 3 de la tarde y caminar siempre del brazo de alguien. Si, ya se que estás pensando 🙂

  2. Sep, como que justo por todo lo que significa tener los cojones de pararse a hacer un speech en un micro, decidí hace tiempo, santa resignación. Hay que buscárselas, pues. Lo malo es que siempre se me paran al lado, aunque me siente al fondo del bus.

    Como sea, el asunto es que hay situaciones consetudinarias, estrafalarias, insoslayables, que nos tienen en esta suerte de acción y repetición, donde no sabes si es que siempre existirá aquella situación esperándote o si, simplemente, es casualidad cargosa. Imagino que hasta cosas como éstas serán reveladas, cual epifanía, en los últimos segundos de tu existencia: “ah, caraca, así que por eso era que siempre me querían atropellar..” o qué se yo…

    Haré caso de tus sugerencias, pero la última si me parece un poco difícil… tal vez, contactar un lazarillo de visionarios caminantes…

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