Monthly Archives: September 2010

El amigo peruano

El amigo peruano

Amigos

María, mi amiga peruchaza como yo, con la que estudié la licenciatura, es de las de risa fácil, más fácil conversa y mucho más cariño. Es ella quien me suele enviar ofertas de empleo (aunque ya no las necesite) y me ha escuchado contarle mis frustraciones e historias. A mi favor debo de decir que yo también le he escuchado sus problemones, pensando en que es un arte oir y más humano el empatizar. Como sea, ella me envió este texto (el cual sinceramente no sé de dónde lo ha pillado) y me parece justo y necesario pegarlo aquí.

De ésta monse manera, el homenaje para los amigos mios, tuyos, suyos, nuestros. Los que, aunque pasen y no permanezcan, siempre te dejan lecciones de vida; ésta vida cortísima, que nunca debe dejar de ser plena.  Mil abrazos.

La diferencia entre un amigo cualquiera y un amigo peruano

Un amigo es alguien que nunca te pide comida…

Un amigo Peruano es la razón por la que organizas una comida.

Un amigo te pregunta cómo estás…

Un amigo Peruano te dice que te ves bien, te abraza y te besa.

Un amigo llama a tus padres señor y señora…

Un amigo Peruano llama a tus padres “mi Querido Señor” “Mi querida Señora”…

Un amigo puede que nunca te haya visto llorar…

Un amigo Peruano ha llorado contigo, por cualquier cosa.

Un amigo te manda flores y una tarjeta cuando estás internado en el hospital.

Un amigo Peruano se queda a dormir en una silla, a tu lado.

Un amigo te pide algo prestado y te lo devuelve a los dos días…

Un amigo Peruano te pide algo prestado y a la semana se olvida que no es suyo.

Un amigo te ofrece el sofá para que duermas.

Un amigo Peruano te brinda su cama, se acuesta en el suelo… y no te deja dormir en toda la noche conversando contigo.

Un amigo sabe unas cuantas cosas acerca de ti…

Un amigo Peruano podría escribir un libro con las cosas que le has contado de ti.

Un amigo te lleva aspirina cuando estás resfriado.

Un amigo Peruano te hace una sopa de pollo y los remedios que le enseñó su abuela. Y puede que hasta te haga ‘el avión’ con la cuchara, para que te tomes la sopa.

Un amigo toca a tu puerta para que le abras…

Un amigo Peruano abre la puerta, entra y después te dice: ¡Llegué!

Un amigo te pide que le hagas un café.

Un amigo Peruano pasa a la cocina y toma la cafetera y hasta le pide azúcar a una vecina si no tienes.

Un amigo puede serlo por un tiempo…

Un amigo Peruano es para toda la vida.

Un amigo ignoraria este correo…

Un amigo Peruano se lo pasará a todos sus amigos pues se siente orgulloso de ser Peruano !!!

Lunática

Lunática

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

Bailar

Bailar

Este post es con música. Antes de leerlo, poner play debes.

En aquella costumbre cultural, que permite la interacción, me siento una verdadera subnormal. Usual es el de preguntar, en plan de small talk, “¿te gusta bailar?” y bueno, siempre respondo dubitativamente con un sí que se desliza en tono de “pero…”

Me alucina la idea de empatar, mi mundo descoordinado, con el de otro. Es casi asunto de dimensiones que van paralelas y que justo por eso, no suelen ir nunca sincronizadas. Entonces, uno se encuentra con alguien que está al frente de uno, moviéndose, a su propio ritmo, mirándote de tanto en tanto. Tal vez, si quiere el contacto, se acercará, para intentar tocarte. Si es más atrevido, intentará llevarte al ritmo de su música, buscando meterte en su dimensión. Me ha pasado tantas veces con el mismo extraño resultado: o me parto de risa, peleando por dirigir el baile o simplemente, me ha desagradado toda la operación psicomotriz para la que parecemos no estar listos.

Tal vez sea que yo siempre he pensado que bailar es algo tan absolutamente íntimo – cual relación sexual políticamente correcta y socialmente apta- que sólo comparto con quien siento en mi corazón. Verle moverse a mi lado es un acto contemplativo de aprendizaje y luego, sincronizo mi mundo, con el suyo. Entonces, puedo tomarle o ser tomada. Siempre, mirando a los ojos. Siempre, intentando leerle y ser leída. Aspirando el aroma que despide aquel otro en el calor que le provoca el movimiento; sabiendo que él también hará lo mismo. Un baile providencial puede terminar, para mí, en amor, sorpresa, epifanía. A aquel movimiento va acompañado mi propio canto, que puede ser en susurros, sonriendo, siempre, como suelo hacer cuando estoy en armonía con el universo. ¡Qué desilusión, cuando compruebo que no puede anticiparse o yo no puedo yo! De entrada sé, entonces, que aquello no vale para seguir; que me importará un bledo si no le vuelvo a ver, aunque sea el ser más atractivo del planeta tierra y alrededores.

No me malinterpreten, mi sentido del ritmo es sensacional. Pero lo suelo guardar para unos pocos – en general, en privado- y prefiero, entonces, bailar sola. Sola, como en todo el resto de cosas en las que me veo obligada a hacer.

Pd. Mil perdones, pero estoy pegadísima a Los Amigos Invisibles, por culpa de una promo del canal Sony. Pero bah, siempre me han encantado. Enjoy.

El Mundo Alterno

El Mundo Alterno

imagination

Fantaseo mucho, para desesperación de algunas personas cercanas. El fantaseo me permite abstraerme, concentrarme y pasar los momentos desagradables, de modo más rápido. Así, por ejemplo, si estoy atracada en un tráfico de pesadilla en Lima, tengo los audífonos puestos y me la paso creando videoclips para las canciones que van apareciendo, random. Otras veces, miro a la gente a mi alrededor y voy imaginando a qué se dedican, dónde viven, el estado civil, etc.

Estos ejercicios mentales, que malamente algunos confunden como “ensoñaciones”, han sido los recursos que han utilizado, incluso personas en situaciones en las que sus vidas han estado en peligro. No voy a continuar con ejemplos al respecto, porque el tema de éste post no es ése. Es la capacidad de visualizar lo que últimamente me aqueja y cómo la realidad es mucha mejor maestra que los esfuerzos de la mente. O algo así.

El asunto es que, de un tiempo a esta parte, observo a la gente de otra manera. Observo cómo serían en otro estrato económico, habiendo tenido – o dejado de tener- oportunidades en sus vidas y cómo éstas le han afectado. En mi cabeza, las visualizaciones y luego la comprensión de que las oportunidades no son más que una suerte de situaciones concatenadas, que vienen a dar en una notoria oportunidad para ponerte a prueba, con todo el camino recorrido atrás: lo tomas o dejas pasar. Si pierdes la cita con el destino, vendrá otra y otra más. Porque, me disculpan, pero si has de llegar a un lugar, lo harás indefectiblemente; aunque sea a trompicones.

Entonces, pues, miro a un empresario próspero y le imagino en sus inicios o cómo sería sin un puto centavo; de la misma manera lo hago con el que barre mi oficina y calculo cómo sería su vida si hiciera otra cosa distinta que sacar la basura de los tachos. ¿Llegaría, el empresario, a pillar el mismo destino, si sus oportunidades hubieran sido diferentes? ¿El operario sería mejor jefe que el suyo propio? Wait, no creo en el determinismo. Creo en las misiones. Creo en que hay que llegar, a dónde sea que lleguemos, con la plana hecha. Me muero de la risa con la figura; yo, viejita en mi cama, teniendo un segundo de lucidez, diciendo “mierda! Para éso vine!!” y estirar la pata al segundo siguiente. Humor negro pour moi.

En éstos años, he visto cambiar la vida de tanta gente. He visto que las acciones de muchas personas confluían en situaciones en las que, visto desde mi tarima de espectadora, califiqué como “inevitables”. Pero también las he calificado de benditas, de milagrosas y de providenciales. El acceso a la educación de muchos jóvenes que, sin algunas oportunidades realmente caritativas, no hubieran podido acceder a una educación, a un empleo, a que sus familias dejen de vivir en la precariedad o que ellos mismos caigan en las drogas o la delincuencia, quebrando el círculo que para otros es inevitable, es conmovedor, siempre. ¡Cómo desearía que mi país, mi raza, pudiera replicar, poquito a poquito aquellas vidas salvadas, aquellos ojos brillantes al ser reconocidos, al conseguir un empleo digno, al poder dormir en paz, sabiendo que mañana podrán vivir dignamente en un mundo que les respeta y valora…!

Bueno pues, me pongo sentimental, mirando a la gente. Deseo que todos puedan tener las mismas oportunidades que tuve yo (y eso que considero que he tenido pocas, pero trascendentales), deseo que puedan aprovecharlas y vivir vidas plenas…

Luego me acuerdo de aquel personaje de película brasileña que decía, contenta.”Ay, es que yo creo en la igualdad entre los seres humanos. Eso sí, todos a lo Rockefeller…” Caray, qué cool sería éso.