Bailar

Este post es con música. Antes de leerlo, poner play debes.

En aquella costumbre cultural, que permite la interacción, me siento una verdadera subnormal. Usual es el de preguntar, en plan de small talk, “¿te gusta bailar?” y bueno, siempre respondo dubitativamente con un sí que se desliza en tono de “pero…”

Me alucina la idea de empatar, mi mundo descoordinado, con el de otro. Es casi asunto de dimensiones que van paralelas y que justo por eso, no suelen ir nunca sincronizadas. Entonces, uno se encuentra con alguien que está al frente de uno, moviéndose, a su propio ritmo, mirándote de tanto en tanto. Tal vez, si quiere el contacto, se acercará, para intentar tocarte. Si es más atrevido, intentará llevarte al ritmo de su música, buscando meterte en su dimensión. Me ha pasado tantas veces con el mismo extraño resultado: o me parto de risa, peleando por dirigir el baile o simplemente, me ha desagradado toda la operación psicomotriz para la que parecemos no estar listos.

Tal vez sea que yo siempre he pensado que bailar es algo tan absolutamente íntimo – cual relación sexual políticamente correcta y socialmente apta- que sólo comparto con quien siento en mi corazón. Verle moverse a mi lado es un acto contemplativo de aprendizaje y luego, sincronizo mi mundo, con el suyo. Entonces, puedo tomarle o ser tomada. Siempre, mirando a los ojos. Siempre, intentando leerle y ser leída. Aspirando el aroma que despide aquel otro en el calor que le provoca el movimiento; sabiendo que él también hará lo mismo. Un baile providencial puede terminar, para mí, en amor, sorpresa, epifanía. A aquel movimiento va acompañado mi propio canto, que puede ser en susurros, sonriendo, siempre, como suelo hacer cuando estoy en armonía con el universo. ¡Qué desilusión, cuando compruebo que no puede anticiparse o yo no puedo yo! De entrada sé, entonces, que aquello no vale para seguir; que me importará un bledo si no le vuelvo a ver, aunque sea el ser más atractivo del planeta tierra y alrededores.

No me malinterpreten, mi sentido del ritmo es sensacional. Pero lo suelo guardar para unos pocos – en general, en privado- y prefiero, entonces, bailar sola. Sola, como en todo el resto de cosas en las que me veo obligada a hacer.

Pd. Mil perdones, pero estoy pegadísima a Los Amigos Invisibles, por culpa de una promo del canal Sony. Pero bah, siempre me han encantado. Enjoy.

Agregue un comentario