El Orden

voyage

Los domingos solían ser los días en los que mi hermana -cuando vivía conmigo- me levantaba a una hora increíble y me miraba sonriente, diciendo algo como “hoy es día de LG (limpieza general). El día de hoy, limpiaremos las ventanas, ordenaremos los cajones de la cocina y puliremos las losetas del baño, que quiero cambiar todo…” Y yo, cual macho, protestaba, diciendo algo como “¿No podemos pagarle a alguien para que lo haga??”

Ahora que circulo sola por el depa, miro todo lo que he acumulado durante los últimos años y no sé cómo pudo ser tanto. Preciso del famoso LG. Yo, que siempre me ufano de estar temporalmente aquí, ahora me ocupo de reducir todas mis pertenencias a lo mínimo posible. Encuentro que, después de todo, los romanticismos materiales, existen, sino, no entiendo el apego a aquellas revistas que ya leí (diagramaciones innovadoras, artículos increíbles), o los libros que sólo he leído una vez (porque hay cosas que no se leen dos veces), o tal vez los estuches de perfume que me niego a echar a la basura, las camisetas viejas, los aretes con historias, tal vez aquellos Cds que compré y que sólo escuché un par de veces, o los disquettes con archivos que no he visto desde 1999..

El punto es, que me avergüenza el apego a mis cosas. Me siento tan inferior, adorando un grupo de cds, o tal vez a la propia laptop desde la que escribo ésto, o los fucking files que no quiero borrar. No es un asunto de obsolescencia programada, qué va. Es la sensación que vienes desnudo y desnudo te vas y entonces, nada es tuyo, aunque esté a tu consignación. Me hago la idea que haré muchas mudanzas en mi vida y que siempre deberé ir ligera, pero llevando algunas cosas imprescindibles; objetos y sensaciones que no puedo borrarlas de mi mente y de mi corazón. Entonces, van consignados y pienso de modo extremo, qué sería horrible no poder llevar mis recuerdos, congelados, siquiera, si mis recuerdos se estropearan; y sin embargo, aún así, la inmediatez de lo vivido sería mi único equipaje.

Iba a decir “la vida, ése continuo viaje” pero bueh, algo demasiado obvio para ignorarlo. Digamos que uno va ahí, e improvisa. Suerte a los que la chuntan.

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