Un Viaje (again)

danzarin

Cuando dije “Todo está perfectamente planificado” arrancaron en sonoras carcajas, mi hermana y mi madre. Evidentemente, les divertía mi neurosis para programar todos los eventos de un viaje sencillo al interior, que básicamente podrías hacer mochila al hombro, tomando bus en Fiori. Se partían de risa, literalmente, al verme coordinar hotel, taxi que nos llevaría a diversas partes de la ciudad, hoteles en otras ciudades, horarios en los que salían los buses y recontra revisar los horarios de la salida del avión. Me sentí ridículamente digna, pero todo tenía su explicación…

Para empezar, iba con mi padre que, en la práctica es como ir con un niño de 10 años. No, no es por que sea un inútil, es por que simplemente no le interesan las nimiedades como check in, arrastrar equipaje, registrarse en hoteles, echarse blockeador, etc. El va con su mayordomo/cuasi valet y ése soy yo.

Luego, está el asunto familiar de los viajes contrariados, bueno, no tanto. Aquello de “vamos a donde nos lleve al viento” es genial, cuando vas acompañada por un macgyver de los viajes, pero no por nosotros. Aún recuerdo aquella vez en la que di varias vueltas en el centro de Santiago de Chile, con mi madre, intentando encontrar un restaurante subterráneo de oficinistas.

-Okey, pero dime, ¿estás segura que es por aquí?- yo, por cuarta vez, con un fenomenal dolor de pies

-Bueno… si.. era por aquí…- entonces, mi cerebro tuvo un destello racional…
-Esteee… y hace cuándo no vienes a Santiago, ah?
-..hace unos 9 años…
-…!!!

Caigan en la cuenta que en todo ese tiempo, el fucking restaurante habría desaparecido o el lugar donde ella creía que estábamos era absolutamente random. Repetir el truco hasta desesperar a la acompañante, por favor.

Ergo, me dije, cual Scarlett O’Hara, mano en alto hecha puño y con cara de sufrimiento (y pendejazo dolor de pies que ni qué) que NEVER AGAIN salir por un lugar que desconozco, sin hacer mis previas averiguaciones antes. Eso incluye, por supuesto, revisar el boleto de bus/avión no vaya a ser que el asunto se friegue, como le pasó a la fabulosa Chochi, mi hermana. Parada ella y su marido en el mostrador de la aerolínea, no podían entender cómo carajos no figuraban en la lista de embarque, cuando era que habían llegado un día antes del esperado… osea, es genético.

Es decir, miré cuasi con desprecio a mi familia y encogiéndome de hombros, seguí con mis asuntos y de hecho, la pasamos lindo. Algo más de una semana, entre trámites y pequeños viajes en lo que el tiempo lo permitía. Con un calor descomunal, sin ventilador, con kilos de blockeador y repelente, al punto de pensar sinceramente en que, con tanto químico sobre la piel, estábame adobando o terminaría combustionando bajo el sol.

El viaje también presupuso un viaje interior. Una suerte de examinación en la que mi cabeza y mi corazón contemplaron un futuro alterno que no va a realizarse, pero que hubiera podido serlo, si yo me hubiera empeñado. Here we go again con aquel asunto de “hacer que las cosas sucedan”, en aquella terquedad por forzar lo que justo no debe ser forzado y dejar al abandono, lo que debe vigilarse. Miraba las cosas como si no existiera la línea que va marcando mi futuro inmediato y, en aquella burbuja temporal, me decidí a no perder el tiempo pensando en lo que dejo, pero viviendo cada instante, sabiendo que lo que viene es tan trascendental como el hoy. Encontré cosas buenas en todo lo que me rodeaba y logré disfrutar el estado contemplativo y la simpleza de aquellos que viven asombrados de las pequeñas cosas. Fue una experiencia feliz.

Entonces, cuando regresé, negra por el sol del Norte, miré a mi madre y a mi hermana y triunfante, dije “todo salió según lo planeado”. Esta vez no rieron. Me miraron un par de segundos y siguieron viendo Al Fondo Hay Sitio. En fin.

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