Bienvenue au Canada


 

Me encuentro en posición de ventaja, con respecto a muchos migrantes, de cualquier lugar del mundo. De entrada, no huyo de nada, no voy con lo que tengo puesto, con sólo el pasaje del bus, sin saber el idioma o poca instrucción general. Me lo recuerdo a cada momento, a pesar de la gentileza de los canadienses con los que me he cruzado y que -sin excepción- me han dicho la fracesita del título de éste post y que siempre me sonríen y me desean los mejores parabienes para mi estancia aquí. Pareciera que me dan las gracias y aquello me desconcierta.

 

He dicho en mis cuentas de Twitter y Facebook, que me siento suertudísima, pero también bastante desorientada por caer en una sociedad tan organizada en algunas cosas y tan perdida en otras. Por ser logísticamente competente para que uno pueda desarrollarse y lograr la felicidad (si ello dependiera de la bonanza económica), pero que a veces les cuesta saber que justo aquello que te llena no es necesariamente obtener absolutamente todo…

 

Como sea, sólo estoy un par de semanas, aún pensando que “es temporal”, cuando bien sé que me quedaré por muchísimo tiempo (al menos éso es lo que se supone), intentando hacerme entender en un idioma que no es el mío y que -por momentos- me desesperanza, por que creo que nunca podré hablarlo (nonsenses, yo sé) correctamente; asustada como provinciana perucha ante una Lima de mil cabezas, pero helada, ordenadísima y puntual hasta la enajenación. Ahora entiendo todo lo que sufrió mi padre, hace ya muchos años, cuando tuvo que dejar su pueblito norteño, para venirse a la capital, una ciudad señorial y elegantosa, distinta a la que ahora es.

 

La adaptación a Québec es, pues, rápida y con la ayuda de los que me hospedan, menos dolorosa. Se vienen las capacitaciones, los entrenamientos, las nuevas experiencias, las pruebas al temple y a la paciencia. Me encomiendo a mis Páter Familias, a los santos y a todo aquel que quiera enviarme sus buenos deseos, pues soy sincera, me asusta todo; pero me lo banco, como los meros machos. De plano, las gracias a los que me han enviado mensajitos de apoyo, por todo lado. Son mi combustible, en éstos días. Espero contarles más, pronto.

 

Mil besos.

 

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