Viviendo Sola

dreampicker

Desde hace menos de un mes me he lanzado a la aventura de vivir sola. No sería gran cosa, si no fuera por que no estoy en mi país, porque aún no tengo empleo y porque aún se me hace difícil explicarme en aquel idioma que me va costando y que por momentos, mi cuerpo rechaza, como si fuera un miembro transplantado.

No intento justificarme de entrada, ser autocondescendiente como cualquier otra en mi lugar. Tal vez sólo escribo para contar lo jodido que está resultando, pero como dice mi amor @cerati, “ahí vamos”. Yo le añado “ahí vamos, pe”, bien peruanazo y me encojo de hombros, resignada, porque a mí nadie me pidió venir, porque yo escogí ésta vida y sé que se me vienen días meses y tal vez años jodidísimos.

Ahora, digamos que, en suma, nada de lo que viva acá puede ser más alucinante (en el mal sentido) que lo que ya viví en mi patria natal, a la que amo entrañablemente desde que tengo recuerdo y cuya infelicidad me ha golpeado desde siempre. Entonces, vamos aclarando que ya sé en qué me he embarcado y mil disculpas si piensan que soy una mala persona por que no estoy allá (porque estoy acá, claro), porque sigo opinando lo mismo (pero ahora sigo acá, insisto) y lo que es peor, pareciera que ando en otra (es que claro, estoy acá, again), hablando de coolhunters, música en francés y lo jodido que estuvo intentar entrar a ver el concierto de Metallica en el Festival del Été y como qué lejano me parece el tráfico de Lima, sus huelgas, su frío que cala los huesos (acá es verano, sorry, caray), sus marcas, sus políticos poláricos y toda la recatafila de cosas que hace el asunto pintoresco (y a mi la evasiva y mala de la peli), pero aparentemente intrascendente para una inmigrante como moi.

Pero vamos, qué jodido es vivirse sola éste asunto. Me han dicho “On fait comme ça ici” (así hacemos aquí) y me he tenido que resignar. De plano, porque si el ménage (mudanza) fuera en Lima, iba a casa de mis viejos a ser engreída un rato, tal vez corría al cine o planeaba darme una vuelta con las amistades usuales, o concertaba una cita -aunque sea por curiosidad- con algún prospecto que quisiera ofrecer una conversa interesante. Pero, ¡oh sorpresa! No estoy en Lima. Estoy en la villa de Québec, una linda ciudad, la verdad, con un clima loquísimo en cualquier estación, donde el ojo se te cae por todo lado (qué tal cantidad de cueros, santo dios) y donde la gente es gentil (al menos, he tenido siempre ésa suerte), pero no es casa.

Vivir sola es un reto que me he empeñado en vivir, para aprender. Más bien, para crecer de una vez, en el buen sentido. Hacerme responsable de mi misma, en todo el significado de la frase. Es decir, si una no ha tenido la suerte de matrimoniarse o siquiera encontrar perro que le ladre, es la opción más decente. Encargarse de una. Aunque a mi se me hace, que con compañía o no, es el asunto más digno, siempre. Y bueno, amore, ahí vamos, pe.

Agregue un comentario