Nada y mucho

dawn
Image Base.com

Indisciplinada, me he dicho ésta misma noche, montada en el bus, de camino a casa, luego de una jornada de “relax y sano esparcimiento”. Mi malcriadez radica en la poca responsabilidad para poder escribir aquí, pese mis grandes ganas de contar todo lo que me está sucediendo. Bueno, no todo. Gran privilegio tiene mi Bitácora, que actúa como filtro de mis angustias, porque, a pesar de que “pienso en voz alta”, no puedo darme el lujo de gritarlo a los 4 vientos, sin meterme en verdaderos problemas con gente que amo, con gente que no amo, pero que me paga, con gente que ni amo, ni me pagan, pero tienen plata y podrían caerles recontra mal mis cabilaciones, e intentar meterme a la cárcel por que les pega. Signo de los tiempos. Sabrán disculparme.

Ergo, venía diciendo que era indisciplinada, pero luego saqué cuentas sobre el tiempo que tendría disponible para poder hacer aquellas cosas que tanto me gustan (una de ellas es estar aquí, compartiendo textos) y otras cosas también importantes, como… comer, dormir… ya saben… sobrevivir.

Tengo casi seis meses en Québec. Me saben a siglos, francamente. A pesar de tener algo de familia, acá, me siento sola por momentos, pensando en lo que estaría haciendo en ése mismo momento, de estar en Lima. Extraño a mi familia, algunas cosas de mi caótica ciudad (como por ejemplo, que los negocios no cierren a las 5pm, llueva o truene), extraño a mis amigos (que parecen haberme olvidado, ocupados en el resto de sus vidas, pero se entiende), extraño el clima mamarrachiento que nunca llega a -2°C en una mañana soleada, el pan recién horneado de la panadería de la esquina de mi casa, el pollo a la brasa y la papa amarilla frita… Caray, también extraño otras cosas que ni puedo contar acá, por que ya no vienen al caso y sólo nos interesaba a un par, pero igual, que conste. Eppur si muove.

El asunto es que ando ocupada en arrancarle al destino, lo que siento que merezco. Me disculparán, entonces, el desamor de mantener cuasi abandonada ésta ventana. Pero entre mis clases de Francisation, de Réseaux Sociaux y mi primer empleo de verdad, me queda sólo el tiempo exacto para ir a quejarme a Twitter y ser el ama de casa de ensueño de un minidepa. Lo más duro no son los estudios, sinceramente; es el empleo, que es los fines de semana y que sinceramente, socaba mis fuerzas y ánimos, pero me animo diciendo que nunca volveré a tener los mismos horribles empleos que tuve en Perú, y que ésta primera experiencia laboral me servirá para llegar a donde deseo ir. Entonces, persisto en todo, con ésa terca convicción que el esfuerzo me hará llegar a un momento en el que lograré hacer lo que siempre deseé: Procastrinar con estilacho, a lo grande y que me paguen bien por ello; que es la nueva definición de “hacer lo que me gusta”.

En tanto, el camino va -por momentos- rápido, lento o término medio con papas, if you know what I mean. He conocido marcianos, nómades, inefables en todo el sentido de la palabra, inolvidables y he tratado de no establecer contacto visual con nadie que pueda meterme en problemas, por más encantador que pueda ser; porque estoy, de un tiempo a ésta parte, focalizada en andar un camino que me ha sido tan esquivo, que me desespera no lograr al instante el fucking éxito. No me tengan pena, no me admiren, no me digan nada; es lo que debe hacerse, le dije al Lobo, y se quedó mudo, porque él sabe, también. A nadie le pueden premiar por hacer lo que tiene que hacer. Nadie puede esperar, entonces, que le reconozcan en vida lo que en las entrañas lleva como motivación salvaje. Por éso mis niveles de autocomplacencia son absolutamente bajos: soy una indisciplinada… pero no tengo, por el momento, más remedio.

Agregue un comentario