En chicane avec le Français

Fleur de Lys

 

Sentada en una bliblioteca lujosa de la ciudad. Una biblioteca de barrio. Es la segunda vez en una semana (sin contar las muchas horas de concentración en casa). Lo amerita: mi lucha encarnizada contra el idioma francés es inevitable, impostergable y muchas veces, insoportable. Se suponía que me tomaría un par de años dominarle. Voy casi siete, si contamos lo malamente aprendido en Perú, antes de venir. Normalmente no podría tomarle tanta angustia para un recién llegado, pero en mi caso es indispensable, dado de que pretendo trabajar en el sector de comunicaciones, específicamente en redes sociales y web. Ni hablar con redactar para un medio local, como lo hice hasta hace poco en La República; mis ansias, modestas, van para poder enviar comunicaciones oficiales e informes sin faltas ortográficas, poder redactar pequeños documentos publicitarios y expresarme con propiedad, por lo menos profesionalmente hablando.

Me dícen que un idioma se aprende mejor “en la cama”. Me tomo el camino largo, sinceramente. Los únicos candidatos que han pasado por mi mente están ocupados en otra cosa y otros muchos generalmente piensan que las latinas “mucho caliente” [sic] están disponibles para irse a parrandear los fines de semana a bailar salsa y todolodemás. Algunas de ellas, puede que, efectivamente -si vienen sin compromiso- lo estén, pero en ello les va la independencia mental (y muchas veces económica), pues terminan unidas al primero que llegó a ofrecerles consuelo a su soledad cultural y el famoso shock del recién llegado. Luego despiertas al costado de alguien a quien en tu puta vida le hubieras dirigido la palabra en tu país de orígen y resulta que ya tienes hasta hijos con él o ella. Pero éso sí, aprendiste el idioma…

Entonces, autoaprendizaje, con herramientas (cursos, kilos de lecturas, ejercicios online, etc). Con la felicidad de que no tengo que llamar chum (novio) a nadie que, en primeras vueltas, abandonaría silvando en la calle del olvido. Todo es más difícil si quieres ser lo que siempre quisiste ser y no hablo de cirugías estéticas para parecerse a Barbie or else, sino aquellas modificaciones personales que tienes que hacerte a tí misma para poder sobrevivir en una sociedad distinta, luego de vivir en otra, patriarcal, donde hasta ahora te repiten que “puedes volver”. No voy a pasar, pues, de las manos de mamá y papá, a las del novio, justo aquí. No frieguen.

Lucha encarnizada, repito. Porque la ciudad donde resido es una mezcla inquietante entre Arequipa y la Península Ibérica. En lo primero, porque quieren independizarse de un país que (a veces es cierto) no les quiere y no les reconoce su aporte cultural (bueno, tal vez Arequipa queda algo corta) y cada cierto tiempo plantean sus plebiscitos separatistas , que el gobierno federal arruinará, porque francamente, ¿de qué viviría ésta región sin la sudvención?. Y luego, el orgullo francés que raya (en algunas gentes) en el engreimiento, pero que también provee de buenos espectáculos culturales, ultra pacíficas gentes… y buenas pastelerías y panaderías. Lo justo. En lo segundo, mi madre… insufribles con la defensa de su idioma. Hasta artículos en diarios locales sobre gente indignada que recibe cartas oficiales con “faltas ortográficas” Ni siquiera con temas equivocados o mal redactadas, sino con un par de acentos faltantes o quién sabe qué otra vaina. Really? Luego comprendes que conservar un idioma, es conservar toda una cultura que ha vivido cientos de años aplastada por el lado inglés. Regresa el resentimiento porque les saca de quicio ver que ellos deben aprender el otro idioma oficial y el resto del país no aprende el suyo… y se empeñan en que el resto sepa que no se doblegan al respecto. Es decir, si llamas desde el resto de Canadá aquí, te responderán en francés y con suerte, alguien te podrá decir okay. Luego no logran explicarse por qué los inmigrantes no quieren quedarse en la región.

Pero yo lo he hecho : un idioma extra siempre es una ventaja y debe aprenderse en un entorno donde se hable al 100%; e intento paliar con todo el asunto cultural y el proceso de adaptarme, pero a veces tengo la certeza que no estoy viviendo en Canadá… No podré, tal vez, lograr la fucking proeficiencia que tendrá un periodista francofon local, pero -lo que sí es seguro- tendré un nivel superior a muchos nativos del lenguaje aquí. Aún así, tal es insuficiente para el tipo de empleo que podría aspirar, así que me relego a algo técnico, momentáneamente. Tal vez en unos cinco años más, tal vez si vuelvo a nacer…

Con todo ello, me quedo positiva. Hay que empeñarse, que un idioma no puede ser el impedimento para que tus sueños se realicen. Ya hay mucho camino recorrido y tal vez un día de éstos tengas una epifanía y puedas despertar usando el subjuntivo en una oración subordinada… o tal vez te salga una magnífica oferta de trabajo en una ciudad más competitiva, pero menos fregada y verdaderamente bilingüe, digamos Montreal. Por sí o por si no, me afano con ésto. Sin “cama”, sin Chum (novio) que me ayude a conjugar verbos, sin Salsa (como no sea a la Huancaína sobre mi Imperial) y con mucha expectativa de un futuro siempre dinámico.  

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