Miércoles desparramado

The Irene Dunne Project
Mi cándido sentir, las últimas semanas…

Miro con vergüenza mi blog: hace demasiadas semanas que no escribo. No tengo disculpa, salvo decir que hay cosas que necesitaron todos mis sentidos, de ésa usual manera enfebrecida como asumo las cosas, y simplemente no podía pensar más que en lo que estaba haciendo…

El sábado pasado terminó -por el momento- mi encarnizada pelea con el idioma francés. Eso fue lo que me tuvo en estado de angustia, alucinación y furiosa determinación. He pasado mi tiempo rumiando y estudiando y el poco tiempo que lograba tener libre, me ponía en blanco viendo teleseries y leyendo en francés, a modo de práctica. Repito, encarnizada pelea. No he tenido más que regresos a casa llenos de tests, fines de semana agónicos sobre libros de texto y noches en vela en viajes de chamba, llenos de anotaciones sobre cosas que olvidaba, una y otra vez. Un desafío para un cerebro que -me voy dando cuenta- no es el mismo que aprendió otro idioma en un santiamén. La edad me pega donde más me duele.

Sin embargo, en todo este ejercicio de disciplina -que, repito, no creo que termine- en que me he implicado febrilmente durante estas semanas, he descubierto, como siempre, que amarse es también ser capaz de perseverar, soportar el fallar (¡oh sí!) y animosamente, recomenzar. Una y otra vez, con paciencia, con la seguridad que todo será mejor en ésta versión; perdonándose una misma, agarrando fuerzas para poder lograr (en mi caso, modestamente) aquellas cosas que tanto se ansía. Luego, of course, amar y aceptar al otro vienen, como dicen “por añadidura”.

Jodido post de auto ayuda el que me ha salido. Pero la vida que vivo ahora es así, todo el tiempo. Agradezco a los Dioses por ello.

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