Ru

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“Me llamo NGUYEN AN TINH y mi madre, Nguyen An Tînh. Mi nombre es una simple variación del suyo, porque solo un punto sobre la i me diferencia de ella, me disocia de ella. Era yo una extensión de ella, al mismo seno de mi nombre. En vietnamita, el suyo quiere decir “Lugar apacible”, el mío “Interior apacible”. Con estos nombres casi intercambiables, mi madre confirmaba que yo era una continuación de ella, que yo continuaría su historia.

La Historia de Vietnam, ésa, con una gran H, ha echado a perder los planes de mi madre. Ella tiró los acentos de nuestros nombres al agua cuando nos hizo atravesar el golfo de Siam, hace ya treinta años. También le quitó el sentido a nuestros nombres, reduciéndolos a sonidos extranjeros en nuestra lengua y en la lengua francesa. Rompió, sobre todo, mi rol como prolongación natural de ella, cuando tenía diez años…”

Ru (2012)
Kim Thùy

Ru, quiere decir en francés, “riachuelo”, “pequeño arrollo”; pero en vietnamita es “arrullo” o “arrullar”. La deliciosa experiencia de leer un texto en su lengua original, es algo indescriptible y sólo lo entenderá quien se sienta en capacidad de hacerlo en otro idioma. Diré, sin embargo, en afán de darme la contra, que es un texto en su idioma “casi” original, teniendo en cuenta que Kin Thùy maneja el francés desde los diez años, poco más, época en la que vino con su familia a Québec, Canadá, en calidad de refugiados. Es evidente que no es su lengua materna, pero la maneja con tal virtuosismo, que me hace recordar a algunos clásicos. El texto es preciosista en la utilización del lenguaje y cada acápite parece haber sido hecho a modo de una filigrana que muestra, en pinceladas, la belleza de una historia que siempre se repite, pero siempre es diferente: la de aquel que deja su tierra para buscar un porvenir en otra, lejana y muchas veces, culturalmente desconocida. Descubrir que hay personas que son ángeles a tu lado y que las oportunidades están ahí siempre, si estás dispuesto a tomarlas y aquel doloroso proceso de adaptación de aquellos que lo han dejado todo, para aprender todo de nuevo.

Poder apreciar aquello, desde mi pobre conocimiento de un idioma que me lleva su tiempo dominar, es casi un regalo -que tal vez pocos podamos tener- y , personalmente, me ha conmovido por el poder que tiene. Transportarte a otra cultura (en este caso, por intermedio del francés) y a otra época, en su registro original, es invaluable. No dejaré de insistir en la pertinencia de saberse comunicar en otra lengua.

Sin temor a equivocarme, una de las mejores obras que he leído en francés durante toda mi estancia en Québec. El libro está traducido al inglés y se puede conseguir también vía Amazon Kindle.

Kim Thùy habla sobre su libro (en inglés)

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