Qué complicado es ser nadie más que uno mismo

Estamos en lo que estamos.
Estamos en lo que estamos.

Winter is comming y te empiezas a preparar, en la mitad de un verano en el que sale el sol medio día y llueven tres días seguidos. Dale las gracias al calentamiento global, al Niño y a tu suerte, porque no puedes leer el futuro-pero sí ver el forecast- y llevas tu casaca de lluvia apelotonada en la cartera, en la mochila, en la cartera de excursiones. Ni hablar de llevar paraguas, que es para masoquistas: la mayoría de las situaciones de lluvia se dan con vientos al límite de huracanados, que voltean el aparato ése y terminas hecha una sopa y con una cuchara gigante, lindo de ver. La voz es una buena casaca con una gran capucha que puedas ponértela hasta las cejas y que te cubra hasta la media pierna. Algunas fashionistas vintage aún usan botas de lluvia y se me hacen lindas, la verdad, pero luego pillas que llueve, pero hace un calor de infierno y tu pie suda a lo grande dentro de una bota de caucho…

Huequerías de inmigrante. Hay otros problemas más apremiantes en mi bandeja: dar unos exámenes de idiomas, buscar que me admitan en unos estudios que voy persiguiendo hace meses, pidiendo que me hagan una evaluación comparativa de uno mis estudios en Perú (hice varios, en un intento por hacerme un lugar decente en la PEA y alguno ha servido, o todos), considerar proyectos de envergadura importante que significarían dejar de hacer unas cosas, volver a hacer otras y comenzar unas nuevas. En medio de todo, la rutina de todos los días en el empleo, en casa; en un día clásico con horas de 30 minutos (ya lo he discutido hasta el cansancio y forget it el segundo adicional que a mi no me ha cambiado la vida mucho).

Junto a ello, la necesidad biológica de querer pintar hasta caer muerta y mirar angustiada que el tiempo no alcanza y que si no aparece un Giratiempo o un Timelord a ayudarme, volverá el fuckin invierno y estaré nuevamente encerrada en el infierno blanco de éste hemisferio. Mantener mi salud mental y física porque no puedo darme el lujo de enfermarme de ningún modo y seguir girando, como dícen, porque así es la vida, camotito. Qué desgracia.

Pero…

 

Pero hay momentos en los que percibo que tengo acceso a niveles de felicidad y bienestar -aún desde la angustia por el porvenir- que no he tenido nunca. Inicialmente me los guardo, para luego compartirlos con aquellos que están cerca del corazón, más a modo de agradecimiento, porque lo que se logra, lo que se tiene, a lo que se llegará, siempre será producto de un camino recorrido en el que aparece siempre mucha gente. Multitudes.