Las Mindys del mundo

No sé si ella aprobaria la retocada, pero en fin. Via The Huffpost Celebrity
No sé si ella aprobaria la retocada, pero en fin. Via The Huffpost Celebrity

Acabé de leerme el libro de Mindy Kaling, Why not me? Hasta algunos meses no tuve ni siquiera el indicio de quién era la susodicha. Estaba yo perdida entre las lecturas históricas de revoluciones Tupacamaristas (las primeras y las verdaderas, se entiende), tan apropiadas para leer mientras tomaba mi almuerzo en el trabajo, como cuando escogí echarme todas las temporadas de American Horror Story, meses antes, mientras hacía lo mismo, morfando. Ya imaginarán que mi digestión posterior no fue lo más feliz del día, pero viviendo en donde vivo, es más que un acontecimiento para mis soledades obligadas, qué sé le va a hacer.

 

(Mamá, familia: No, que ésto no es un lamento, que así como la Chimoltrufia, como digo una cosa, digo la otra… y ya dejen de enviarme mensajes motivacionales por Facebook, que es para morir de vergüenza.)

 

Volviendo al asunto. Terminé de leerme el libro de Kaling como sólo ella lo hubiera hecho, con el último rastro de mayonesa sobre la última papa frita fría; enganchadísima y creyendo con devoción sincera que ella nunca ha vivido un sólo episodio de discriminación en EUA y que simplemente tiene mala suerte en el amor, pero mucha suerte en el trabajo. Es evidente que -en medio de su hilarante prosa- se esconde aquel  conjuro de una mujer que no deja de ser niña y sin embargo, lleva muchas cosas sobre los hombros. Me alivia el pensar que tal vez reserva algo de toda esa locura para ella solamente y que, felizmente, no habrán textos que lo develen. Ella misma se asombra de ser alguien alegre, reina del small talk (algo que detesto con todas mis fuerzas), obsesionada con la moda (hay que ver su cuenta Instagram) y entradora como lo debería ser cualquiera que está on her own. Todo lo opuesto a lo que parezco ser yo.

 

Y justamente por ello, me miro en su espejo, dizque ganador. Porque para algunos (tal vez incluso ella) sea el retrato de alguien que ha logrado muchas cosas. Tal vez, para algunos pocos, será un retrato mediatizado, edulcorado y dorado por los editores, odiado a morir por su aparente falta de autenticidad. Para otros, como yo, será un ejercicio de sinceridad que muestra a otra mujer soltera que busca las cosas de otra manera; una ruta distinta, un camino hecho por alguien que pareciera tener siempre todo claro. Pero sobre todo, la descripción de la persistencia, disfrazada de hilaridad, escondida entre consejos muchas veces impracticables, absurdas historias sin sentido y deseos incumplidos de adolescente, que vive en una sociedad que le ha ofrecido (aparentemente) las puertas hacia todo. No, no es Paris Hilton, tampoco hay que desmerecerla.  Mindy se raja para tener lo que tiene. Cuando lo consigue, es todo Pascuas; cuando no lo logra, se lo toma deportivamente. Se desanima, como todo el mundo, pero luego, se echa el mechón hacia atrás y sigue, con la manita en la cadera, airosa, rumbo a donde sea que sea que vaya. Su destino. Suyo.

 

Decía yo, que me miro a su espejo, pero en lugar de verme en él, veo una ventana. Es la historia de una mujer que trabaja por lo que tiene. No sé si ella ha peleado con ella misma, tal cual lo hago yo todos los días, en esta nueva vida. Sólo se me ocurre que el meollo del asunto siempre será luchar las batallas que te toquen, sin rodearlas. Así como creo que no existen finales, empiezo a creer con firmeza que no hay pérdidas. Sólo maneras de resolver un dilema. Por éso digo que no es espejo, es ventana: veo cómo lo hace alguien que no soy yo. Sé que no es la única manera. Sé que hay otras mujeres en la brega de sobrevivir solas, poderosas por ello. Se agradece la carcajada, la futilidad de la lectura, el cachetadón de aire fresco.

 

Why Not Me?
Mindy Kaling
240 páginas
Crown Archetype; Primera edición (Septiembre 15, 2015)
Edición digital
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