Crónicas de Montreal 1.- Canicule

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Definitivamente pasando al otro extremo. Aún recuerdo con horror, la bajada de presión que sentí cuando caminé un par de cuadras, un domingo en la Villa (de Québec) rumbo a mi acostumbrado desayuno domiguero en el minifoodpark cercano. Estábamos bajo los -28 grados y una sensación térmica de diez grados menos. Me había propuesto no quedarme en casa, a pesar el frío extremo; porque, como siempre, la soledad y el silencio de ésa ciudad era para alocarse y yo necesitaba ver gente, aunque no interactuara con ella. Gente. Gente moviéndose.

Y bueno, me forré como si fuera un costoso y delicado regalo que vas a enviar por correo (es decir, con varios kilos de ropa encima) y salí decidida a caminar el par de cuadras. Llegué con un hálito de vida al lugar y si no hubiera sido por que había gente esperando a que la atiendan, a mí me hubiera tenido que atender un paramédico en vez de un dependiente del fast food. El tiempo de espera en la cola sirvió para recuperar mi aplomo y decidir que la siguiente vez que quiera ser aguerrida, sea con temperaturas que no congelen el aliento. Y éso que había estado en temperaturas verdaderamente frías al salir de una mina, en Saguenay-Lac-St-Jean, al norte chico de la Villa (calculo que unos -40c) pero dado que la temperatura fue subiendo conforme iba saliendo, no sentí lo mismo que aquella vez rumbo al Tim Hortons: dolor general de cuerpo, dolor de cabeza, taquicardia, mareos y… ¡tos!

Pero la semana pasada fue la Canicule en Montréal. Es decir, un espacio de varios días con un calor extremo. Para cada ciudad, temperaturas distintas. En la Villa, soportables. En Montréal… bueno… se rompieron récords, me parece. Sensación térmica de 45 grados. Ya sabes, ésa sensación de estar sentado en medio de un horno, sin manera de huir. Cuando sientes que tal vez necesitarías arrancarte la piel a tirones para sentir algo de frescor (totalmente contraindicado a menos que seas Robbie Williams y éso anime a las chamaconas) o trasladar la oficina a la tina más cercana. No tengo el valor para ser Trumbo y me da miedo electrocutarme con mi laptop…

Ya un compañero de la oficina me decía, días antes, que debería comprarme una unidad de aire acondicionado de tal o cual manera. Otros amigos me decían que únicamente algo para dormir tranquilo en la noche, de segunda mano. Otros me decían que pagaría una locura de electricidad. Como sea, mi presupuesto magro sólo me permitió comprarme un ventilador extra.El que tenía era ridículamente insuficiente, bueno para los calores de la antigua ciudad en la que vivía. Magasiniée (que es lo mismo que decir “hice mis averiguaciones antes de comprar” en quebequense) y encontré que una tienda que vendía algunos a precios decentes. Y yo que me trepo del metro, que voy corriendo a la tienda. Que paso media hora mirando la sección de ventiladores y aires acondicionados; los primeros, con cara de resignación, los segundos, con cara de resignación y pena. Que luego me decido por uno, que parece hélice de avión y lo arrastro (casi) a caja. Luego lo arrastro, again, por dos transbordos de metro hasta la estación cerca de casa. Luego hasta casa, se entiende.

Toda una epopeya, para darme cuenta que lo más lógico para cuando hay una Canicule, es tener todo cerrado y no permitir – por nada del mundo- que el aire caliente penetre o el maldito ventiladorzaso va a hacer circular el aire caliente. En calzones, literalmente frente al ventilador, pues, luego de varias duchas y putamadreando mi pobreza: agarrando, al final de la Canicule, una tremenda gripe. Qué vocación para los climas extremos, me dijo una amiga. Lo mismo me digo. Pero prefiero mil veces al calor que achicharra a sentir el dolor del frío polar. ¿Alguien sabe si la gripe se cura igual aunque me tome la pastilla con agua helada?

 

Robbie Williams – Rock Dj (uncensored) par roskad