Crónicas de Montréal 3.- Qué bonita vecindad

Un parque cualquiera en Villeray
Un parque cualquiera en Montréal

Mi barrio es un barrio vivo. Un mundo que bulle, desde temprano hasta tarde en la noche. Esperaba tontamente el silencio de mi antiguo conjunto de edificios en la Capitale Nationale, donde la mayor parte, salvo unos vecinos infernales, se apropiaba del silencio del cementerio colindante. Claro, yo sé que para muchos, vivir cerca de algún campo santo es la cosa más tenebrosa del mundo. Sin embargo, no entienden que el vecindario será inevitablemente tranquilo, y si es un cementerio gringo, hay paisaje asegurado. Díganme tenebrosa, pero ahí se lo pierden.

Como sea, mi nuevo barrio está vivo. Antiguamente plagado de italianos, pocos quedan ya que hablen el idioma, salvo unos vecinos ancianos, algunos negocios de comida y la parroquia local. Cuando los ancianos dejen de ir, la iglesia cerrará, como lo ha hecho ya en otros lugares y tal vez este inmenso espacio sea convertido en centro comunal, condominio o, si tenemos suerte, biblioteca. Tal vez los negocios sigan en pie un tiempo más: todo el mundo disfruta de una buena comida o insumos venidos de tan lejos.

Los italianos que se quedan aún, comparten el espacio con gente de, literalmente, todo el mundo. En mi edificio, familias árabes, asiáticas, latinas, centro europeas, africanas… y tal vez alguna que otra canadiense. Escucho gente hablar a los gritos en idiomas que no conozco y niños que juegan bulliciosamente hasta que se oculta el sol, al abrigo de los árboles de los jardines interiores. Entro a las tiendas y cuando sienten mi acento, quieren hablarme en español todo el tiempo. Sonrío, porque justo creo haber llegado a una ciudad donde sé que tal vez hablaré más mi propio idioma, pero donde también podré aprender a comunicarme en aquellos otras lenguas que he dejado para más tarde e incluso aprenderé alguna. Nunca se sabe.

Mientras tanto, me despiertan los vecinos a todas horas con una vitalidad que he descubierto que me urgía sentir, aquella vida que sigue desarrollándose en todos los rincones de un mundo que tengo a un paso, aquí.