Crónicas de Montréal 8.- La fiebre network

Networking. Networking. Networking.

Lluvia torrencial. Miro mi calendario electrónico. Hoy tengo programada una reuna “after work” en un lugar desconocido en el centro de la ciudad. Me armo de valor para atravesar las calles con tremenda tormenta. Acá se les llama “5 à 7″, porque, a veces, literalmente dura de 5 de la tarde a 7 de la noche, aunque es básicamente una actividad fuera del horario de trabajo. Socializas con gente que tiene algo en común contigo, que puede ser literalmente cualquier cosa. Pueder un interés cultural o laboral o simplemente, gente que busca conocer gente en una ciudad llena de gente que no sabe cómo conocer gente. Es, en buena cuenta, la escena del bar en la que intentas ligar, pero en vez de chuntarla, buscas hacer contactos, nuevas amistades.

Para mi, que soy introvertida hasta el más profundo nivel, es casi una tortura a la que me someto con regularidad. Lo hago por un motivo importantísimo: el mercado escondido de empleo profesional de ésta ciudad a la que acabo de llegar y en la que muero por encajar. Yo escogí ésta ciudad. Tengo que hacerme un lugar. El mercado escondido en la búsqueda de empleo representa un 80% del mercado de trabajo disponible. ¿Se dan cuenta del desafío? Si no conoces a nadie aquí, sólo te queda ir postulando a los empleos en los anuncios de diversos sitios Web que ya existen, pero con posibilidades ridículas de conseguir siquiera una entrevista. Los empleos afichados ahí son como un “ya pues, no tenemos ni la más remota idea quién puede /quiere hacer ésta chamba. Postule usted”. Sin embargo, los empleos del mercado escondido (“marché caché” o MC de ahora en adelante) son, muchas veces, los empleos soñados, las ocupaciones en las que uno puede brillar y hacerse un espacio en la industria local. A ellos llegas recomendado o por referencias, siempre de contactos que has conocido previamente. Gente de tu network. De tu red.

Una turista alemana que conocí hace poco me comentaba asombrada que había visto a mucha gente en éstas reuniones aparentemente inocentes, compartir tarjetas de presentación al final de las conversaciones. ¿Cuál es el sentido de que le des tu contacto a alguien que acaba de conocer? decía ella. No tuve tiempo para explicarle lo de MC y todo lo que ello significa en una cultura como ésta. Estaba muy ocupada intentando encontrar a alguien que pudiera recomendarme a alguien que pudiera conocer a alguien que conociera a otro que necesitara un empleado que haga lo que hago yo. Sorbí mi Jin Tonic y discretamente busqué otro grupo donde interactuar. Here we go again, me dije, saltando al siguiente objetivo. ¿Me habré mimetizado con ésta gente en tan poco tiempo?

Como sea, éstos eventos me hacen conocer la ciudad. Su centro neurálgico en Centre Ville, repleta de bares a cual más interesante y divertido que el siguiente. Algunos ultrachic, dónde sólo puedes permitirte un trago que terminarás calentando durante toda la noche; y otros, sencillos, abiertos para todo el público,

donde de tanto en tanto te encuentras a alguien que iba para otra cosa pero le pilló el networking y oye, cómo te llamas, a qué te dedicas, hace cuándo que viniste…

PS. El recurso por excelencia por éstos lares, si eres inmigrante y quieres construir tu red, en éste link.