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Salud, hermanas

Salud, hermanas

 

Go, girls, go!

Nada más neurótico que la feliz búsqueda de la empírica salud. Siendo que no existe ése estado perfecto, más bien perverso, la gente se aloca en su consecución y conservación mediocre.

Ahí me encuentro, corriendo de consultorio en consultorio, sometiéndome a las examinaciones más invasivas, pareciera creadas con el fin de jodernos, señoras, porque no me digan que aceptar que alguien te abra las entrañas con una cuchara, para sacarte una muestra es la cosa más tranquila y normal. O tal vez, que te conviertan los pechereques en empanadas sin relleno, vista superior e inferior. No se queje, señorita, así no puedo tomarle el papanicolao…

¿Me van a decir que con toda la tecnología del siglo XXI, aún tenemos que aguantar la vejación anual de que prácticamente nos violen, en pos de prevenir el cáncer o llegar al borde de la lesión por conseguir una radiografía de una parte delicadísima de tu anatomía?

O sea, protesto, ¿ya? Lo hago por tres buenos motivos, que ya he ido mostrando:

1.- Por la neurosis de mantenerse con salud y todo el stress que conlleva
2.- Por las pruebas invasivas a las mujeres, en plena era tecnológica
3.- Por tener que gastar un dineral en ésta persecución frenética, a menos que tengas todo el tiempo del mundo o la paciencia celestial o simplemente, estés misia.

Ploptesto, mujeres del mundo. Es decir que, encima, en la profundidad del machismo arraigado de algunas otras (aquí entiéndase la ginecóloga de turno), les jode que una proteste, se queje, diga ¡Auuuu! Desde lo más profundo de su humanidad y odiando al género propio, por poco empático y al opuesto, porque sólo tienen que hacerse un tacto rectal cuando van ancianos, nos lleva la que nos trajo, si pudiera dejarnos entrar a su vientre, again. No se lo sugiero.

Aún así, qué bravo asunto es el estar saludable, o por lo menos, intentarlo. Más bravo asunto va si eres mujer, pobre, ignorante y tercermundista. Con razón los porcentajes de pobreza, van casi repletos de varias de ellas, cabezas de familia que muchas veces se olvidan de sus cuerpos y con ello, de sus futuros, empeñados a la ruleta rusa de la enfermedad. Entonces, tomo valor y sigo haciéndome el fucking chequeo médico del año, felicitándome de la suerte que tengo. Háganselo ustedes también.

Buscando Hogar

Buscando Hogar


Gran Venta de Arte

Por motivos de cambio de locación, tendré que ir ligera de cosas y por consiguiente, estoy vendiendo algunas: mis pinturas.

Para quienes ya se han dado la curiosidad de fijarse en todo lo que hay en ésta página, sabrán que ya me encuentro vendiendo en Novica, pero ésas piezas no se encuentran en mi poder, así que la verdad, no me preocupa, porque están bien cuidadas, así sea con nuevos dueños o en las bodegas refrigeradas de la tienda.

Debo encontrarles casa a todos mis otros cuadros y por ello, los costos son absolutamente competitivos (pregunten nomás a la competencia). De más está decir que fueron hechos con muchísimo amor y que cada uno tiene una historia pequeña que contar. Me duele no poderlos guardar pero, a donde voy no hay lugar disponible. Sé que estarán con personas que los cuidarán mucho y que los disfrutarán, tal y yo como cuando los hice. El dinero me vendrá absolutamente bien, pues lo preciso a dónde voy.

¿Me pueden ayudar, cuidando de ellos?

Si ven alguno que les guste, me contactan vía mail (dreampicker06@gmail.com) o vía Twitter @dreampicker, o también pueden preguntarle a @claudics, quien sabe cómo es, si no me encuentran online.

Es una pena decir que sólo podré vender mis piezas a personas de Lima, en una fecha que no pasará de la primera semana de abril . Mi logística es bastante limitada y pido disculpas por ello.

De antemano, mil gracias por su apoyo.

 

Un Viaje (again)

Un Viaje (again)

danzarin

Cuando dije “Todo está perfectamente planificado” arrancaron en sonoras carcajas, mi hermana y mi madre. Evidentemente, les divertía mi neurosis para programar todos los eventos de un viaje sencillo al interior, que básicamente podrías hacer mochila al hombro, tomando bus en Fiori. Se partían de risa, literalmente, al verme coordinar hotel, taxi que nos llevaría a diversas partes de la ciudad, hoteles en otras ciudades, horarios en los que salían los buses y recontra revisar los horarios de la salida del avión. Me sentí ridículamente digna, pero todo tenía su explicación…

Para empezar, iba con mi padre que, en la práctica es como ir con un niño de 10 años. No, no es por que sea un inútil, es por que simplemente no le interesan las nimiedades como check in, arrastrar equipaje, registrarse en hoteles, echarse blockeador, etc. El va con su mayordomo/cuasi valet y ése soy yo.

Luego, está el asunto familiar de los viajes contrariados, bueno, no tanto. Aquello de “vamos a donde nos lleve al viento” es genial, cuando vas acompañada por un macgyver de los viajes, pero no por nosotros. Aún recuerdo aquella vez en la que di varias vueltas en el centro de Santiago de Chile, con mi madre, intentando encontrar un restaurante subterráneo de oficinistas.

-Okey, pero dime, ¿estás segura que es por aquí?- yo, por cuarta vez, con un fenomenal dolor de pies

-Bueno… si.. era por aquí…- entonces, mi cerebro tuvo un destello racional…
-Esteee… y hace cuándo no vienes a Santiago, ah?
-..hace unos 9 años…
-…!!!

Caigan en la cuenta que en todo ese tiempo, el fucking restaurante habría desaparecido o el lugar donde ella creía que estábamos era absolutamente random. Repetir el truco hasta desesperar a la acompañante, por favor.

Ergo, me dije, cual Scarlett O’Hara, mano en alto hecha puño y con cara de sufrimiento (y pendejazo dolor de pies que ni qué) que NEVER AGAIN salir por un lugar que desconozco, sin hacer mis previas averiguaciones antes. Eso incluye, por supuesto, revisar el boleto de bus/avión no vaya a ser que el asunto se friegue, como le pasó a la fabulosa Chochi, mi hermana. Parada ella y su marido en el mostrador de la aerolínea, no podían entender cómo carajos no figuraban en la lista de embarque, cuando era que habían llegado un día antes del esperado… osea, es genético.

Es decir, miré cuasi con desprecio a mi familia y encogiéndome de hombros, seguí con mis asuntos y de hecho, la pasamos lindo. Algo más de una semana, entre trámites y pequeños viajes en lo que el tiempo lo permitía. Con un calor descomunal, sin ventilador, con kilos de blockeador y repelente, al punto de pensar sinceramente en que, con tanto químico sobre la piel, estábame adobando o terminaría combustionando bajo el sol.

El viaje también presupuso un viaje interior. Una suerte de examinación en la que mi cabeza y mi corazón contemplaron un futuro alterno que no va a realizarse, pero que hubiera podido serlo, si yo me hubiera empeñado. Here we go again con aquel asunto de “hacer que las cosas sucedan”, en aquella terquedad por forzar lo que justo no debe ser forzado y dejar al abandono, lo que debe vigilarse. Miraba las cosas como si no existiera la línea que va marcando mi futuro inmediato y, en aquella burbuja temporal, me decidí a no perder el tiempo pensando en lo que dejo, pero viviendo cada instante, sabiendo que lo que viene es tan trascendental como el hoy. Encontré cosas buenas en todo lo que me rodeaba y logré disfrutar el estado contemplativo y la simpleza de aquellos que viven asombrados de las pequeñas cosas. Fue una experiencia feliz.

Entonces, cuando regresé, negra por el sol del Norte, miré a mi madre y a mi hermana y triunfante, dije “todo salió según lo planeado”. Esta vez no rieron. Me miraron un par de segundos y siguieron viendo Al Fondo Hay Sitio. En fin.

El Orden

El Orden

voyage

Los domingos solían ser los días en los que mi hermana -cuando vivía conmigo- me levantaba a una hora increíble y me miraba sonriente, diciendo algo como “hoy es día de LG (limpieza general). El día de hoy, limpiaremos las ventanas, ordenaremos los cajones de la cocina y puliremos las losetas del baño, que quiero cambiar todo…” Y yo, cual macho, protestaba, diciendo algo como “¿No podemos pagarle a alguien para que lo haga??”

Ahora que circulo sola por el depa, miro todo lo que he acumulado durante los últimos años y no sé cómo pudo ser tanto. Preciso del famoso LG. Yo, que siempre me ufano de estar temporalmente aquí, ahora me ocupo de reducir todas mis pertenencias a lo mínimo posible. Encuentro que, después de todo, los romanticismos materiales, existen, sino, no entiendo el apego a aquellas revistas que ya leí (diagramaciones innovadoras, artículos increíbles), o los libros que sólo he leído una vez (porque hay cosas que no se leen dos veces), o tal vez los estuches de perfume que me niego a echar a la basura, las camisetas viejas, los aretes con historias, tal vez aquellos Cds que compré y que sólo escuché un par de veces, o los disquettes con archivos que no he visto desde 1999..

El punto es, que me avergüenza el apego a mis cosas. Me siento tan inferior, adorando un grupo de cds, o tal vez a la propia laptop desde la que escribo ésto, o los fucking files que no quiero borrar. No es un asunto de obsolescencia programada, qué va. Es la sensación que vienes desnudo y desnudo te vas y entonces, nada es tuyo, aunque esté a tu consignación. Me hago la idea que haré muchas mudanzas en mi vida y que siempre deberé ir ligera, pero llevando algunas cosas imprescindibles; objetos y sensaciones que no puedo borrarlas de mi mente y de mi corazón. Entonces, van consignados y pienso de modo extremo, qué sería horrible no poder llevar mis recuerdos, congelados, siquiera, si mis recuerdos se estropearan; y sin embargo, aún así, la inmediatez de lo vivido sería mi único equipaje.

Iba a decir “la vida, ése continuo viaje” pero bueh, algo demasiado obvio para ignorarlo. Digamos que uno va ahí, e improvisa. Suerte a los que la chuntan.

Shopping Fail

Shopping Fail

#Fail tottus. Eso no es un kilo on Twitpic

Desde mi cuenta de Twitpic: #Fail tottus. Eso no es un kilo

Hazte la idea: sales de la chamba un sábado a la hora de almuerzo, agotada, con hambre, pero tienes que hacer las compras. Una lista larguísima de ellas, sol en su cenit que cae cual cuchillo en el cráneo, el tráfico imposible que debes esquivar como equilibrista y el resto de la agenda agitada. Osea, sin ganas de bromas o de que te salgan las cosas chuecas, porque tienes pocas pulgas.

Llegas a la caja a pagar lo que compras. La cajera se demora una eternidad, porque -te das cuenta- está a punto de cambiar de turno y quiere “hacerla larga”. La gente se impacienta, pero no se queja. Espera. A mucho desesperar, hacen venir a la supervisora, que debe pararse al costado de la cajera, para que haga su chamba. Juro que es inédito en toda mi vida comprando en supermarket, ver la mera escena. Hasta ahí, mal.

Peor. Sales de comprar tus millones de cosas que no son baratas, por que Tottus dirá que son los mejores precios, pero en Conzac los encuentras mejores y más frescos (y queda más cerca, pero las compras de bodegas no son tan buenas), sólo para encontrarte que la flota de taxis asignados por el Mega Plaza cobran lo que les parece, osea el doble o triple de lo que usualmente cobraban por un recorrido de 1km, por culpa de tu ex alcalde, que inauguró las obras viales hace un mes, pero se terminarán en los 5 siguientes y a ver quién te quita el tráfico de miércoles que hay en la puerta de tu casa, hasta las 1am de lunes a domingo… Te resignas, subes tus bártulos y a casa.

Asombro, cuando se empieza a revisar lo comprado, para encontrar que te han cobrado de más, por un error de la balanza. Y aquí es donde pienso que éste post no tiene sentido, porque yo no puedo estarme quejando online -y dedicándole un post- sobre un grupo de imbéciles que pretende hacer dinero a costa mía, pero a la mala. Un post sobre lo mal que atienden en una empresa que seguramente les interesamos tan poco, que no hace control de calidad ni de sus productos, ni de sus procedimientos, ni de sus maquinarias. Una empresa que debe ser millonaria y que probablemente sus dueños no tengan ni idea de que tienen una tienda en aquel mall gigante, o que las cajeras hacen tiempo para no atender a más gente, o que sus marketeros se han olvidado que es sólo por el consumidor que ellos cobran sus sueldos. O perder el tiempo quejándome de un ex alcalde que pretende atosigar de cemento-si sale elegido- a todo el país, porque es lo único que sabe hacer y como para ésas cosas se necesita plata, pues ha vendido todo lo que tiene, para obtenerla. Éso, sin contar con las ínfulas que se da, por haber hecho su trabajo, como si fuera un super héroe.

Ahora bien, el asunto es que, pasada la indignación, me llegó a pensar en el poder del consumidor/elector sobre las empresas y los funcionarios que elige. ¿es necesario quejarse todo el tiempo? Yo como consumidora, estoy harta de hacerlo. Estoy harta de andar putamadreando a todo el que quiere aprovecharse de mi buena fe, para darme gato por liebre o simplemente no darme nada y quedarse con mi plata. Digo, no deberían, las empresas que quieren tener más clientes, ¿hacer un monitoreo constante de sus servicios? Al parecer, al grupo Falabella no le interesa ni un poco. Sean de donde sean -porque aquí el asunto de nacionalidades me parece irrelevante- y vendan lo que vendan, perdieron por knock Out, conmigo. Primero, con sus prácticas intimidatorias con su tarjeta CMR, cada vez que te atrasas; y luego con el pésimo servicio que dan en su supermercado.

Ha sido un gusto, pero no les vuelvo a comprar nada. Y aquí se acaba el post, porque me aburrió un chorro pasarme la tarde tuiteando las fotos de la “gracia” que me hicieron y más aún, escribir un post sobre ello.

No soy la única. Otra queja. Ni he googleado…

Luis Jaime Cisneros

Luis Jaime Cisneros


Brevemente: Absolutamente consternada por la pérdida de una de las mentes más claras que aún le quedaban al Perú. Consternadísima por que, a pesar de que las personas tienen fecha de vencimiento, una desea que algunas cosas buenas duren por siempre. Completamente agradecida de haberle leído-muchas veces con mi padre para comentarle- y con el éxtasis de haberle escuchado en vivo, una única vez.

No tuve la suerte de tenerle como alumna. Pero  el aprecio no puede dejar de ser menor que aquellos que le tuvieron en su cotidaneidad estudiantil. Luis Jaime Cisneros era una rara avis para Perú y eso apena. La coherencia, la honestidad y la capacidad para visionar objetivos para  crecer, es algo que no tenemos. Nos da pereza pensar, nos da pereza ser honestos, nos da pereza pelear por lo correcto. Ojalá, de sus cientos de alumnos, alguno le haya salido peleador y se le haya copiado lo bueno. Ojalá fuera un virus imparable. Que descanse en paz.

Tu Película Favorita

Tu Película Favorita

contrapicada

Sabía que tenía que escribir, sólo que no sabía sobre qué. Sólo se siente ésta necesidad insana que contar con éstos símbolos lingüísticos, las cosas que van pasando por la mente, por el corazón y por los ojos. Ya saben, las palabras son juguetes, pero las palabras también pueden ser pedradas, caricias, lágrimas estrujadas en la memoria de otros. Me fascina manipularlas, como lo hace el barro de un escultor, para irles dando forma, intentando explicar, en éstas pocas líneas, todo lo que va pasando por mi mente.

Tal vez podría empezar por decir que éste será el último post del año, mas no el último de éste blog. No tengo corazón para cerrarlo, a pesar de lo muy difícil que me ha sido actualizarlo algunas veces y lo doloroso que me presupone no hacerlo, pues, ¿saben?, escribir es mi vida. Me ayuda a caminar, como una muleta, en la realidad. Me aúpa, todas las mañanas, aunque no pegue una sola línea, porque los textos van dándose vueltas en mi cabeza, como moscas que no quieren dejar el mal olor de mis ideas, que se van venciendo si no las pego. Vaya, no pensé que iba a ser un post donde dijera panfletariamente mis principios. Bah. Pero ahí vamos y a algún lugar llegaremos, sólo déjenme pensar…

Ah si, un post de fin de año. Tengo unos días de merecidas vacaciones y he podido escribir aquí, para desear -a todo el que caiga a leerme- un año que viene, de película. Tu película privada, tu propio biopic. En ésta película, tu eres el actor principal y vas desarrollando un argumento, que es tu propia vida. Empiezas queriendo algo y sólo tú sabes si lo conseguirás. Nadie más que tú. Eres, pues el héroe -o antihéroe, dependiendo de tu posición en el mundo- que se levanta diariamente, se mira al espejo y se enfrenta a la realidad que te toca. El personaje principal, se enamora, odia, pelea, sufre, enfrenta y luego logra. Motivación para su caracter: el hecho de lograr sus metas. Imagínate el asunto…

Una gran toma contrapicada de tu rostro, épico, con el cielo, de fondo. Tu mirada al infinito y más allá. Tus ojos brillan, expectantes y tu gesto crispado indica que vas a empezar tu carrera. Como El día de la marmota, tu vida empieza, cada día. Despierta, cazzo. Despierta y camina.

Ese es mi fucking deseo. Que vivas tu vida con la plenitud del que nada tiene que perder, porque lo que tiene es así mismo, osea, el todo y la nada a la vez.

Feliz año. Nos vemos al otro lado…

No estaba muerta…

No estaba muerta…
busy

Ocupadísima.

Ni muerta, ni de parranda. Sólo ocupada. En algún momento debo contar el porqué; pero, siendo que no quiero poner en autos a todo el mundo, salvo cuando sea adecuado y pertinente, sólo quiero decir que estoy al borde del stress.

Pero igual van las ganas y las palabras, guardadas, pero no olvidadas. Ahí está todo, como siempre.

Me provoca

Me provoca

Fire.

La gente motiva a otras. A pitear (ver post anterior), a crear, a contribuir, a no decir. La gente y sus acciones, bendita sea. Los que mueven la fibra más interna de tu ser, para empujarte a hacer cosas que tu modorra consumista no te deja. Ya sabes, no decir, no hacer, no mirar. Para una Era en la que el sólo parpadear ya es un reto, porque todo el mundo parece ser un trozo de gelatina que sólo quiere un empleo, parrandear los fines de semana, reproducirse y morir; el hecho de hacer algo que salga de sus esquemas, es un tremendo logro.

Agradezcamos a los que, de alguna manera u otra, nos hacen reaccionar. Tal vez su primera intención puede ser joder, pero el tiempo te los muestra como instrumentos de cambio, superación y ése destino que nos suele corretear y al que transformamos a nuestro antojo, siempre. Deseémosles lo mismo, pues; alguien que les haga el favor.